La primera de muchas [Pasado]
#1
Día previo a la salida de Skypiea.
Momento del día: tarde.
En algún lugar de las afueras de la ciudad.

En medio de la gran explanada había una mesa magnánima, tan desmesuradamente larga y atestada que, desde la posición de Bai y por pura perspectiva, se antojaba infinita. Sin embargo, hacia el cielo no se elevaba demasiado —una suerte a decir verdad teniendo en cuenta la cantidad de comensales—. Sobre ella, sobre la superficie pulida de la madera, reposaban grandes cuencos de oro, todos colmados de maíz, alternándose con otros de menor tamaño repletos de tubérculos como si fueran el plato estrella. Nada más lejos de la realidad. Pues, aunque hubieran en abundancia, formaban parte de los aperitivos. Otra cosa que llamaba la atención es que, entre plato y plato, se disponían cestas de mimbre atiborradas de pan y vasijas rebosantes de aceitunas; y, marcando un ritmo simétrico cada cinco espacios, se erigía un hondo cuenco con trozos de cordero humeante.

Cercando la explanada, muy por encima de cualquier cabeza, una multitud ceibos se mecían, y cerca, palos de campeche brotaban como setas en un sotobosque a su alrededor. Las cigarras, tostadas por el sol del media tarde cantaban  desde las ramas sombrías, y a lo lejos rebaños se escuchaban balaban.

Volviendo a la mesa, y compañando a semejante opulencia, delicadas copas y vasijas para el vino aguardaban dispuestas, en tanto que las majestuosas cráteras llenas de agua, rezaban a la espera de que alguien las mezclara con el vino antes de proceder a su servicio.

Todo se hallaba al alcance de cualquiera que deseara saciar su apetito.

Sin embargo, lo más arduo de alcanzar serían los pequeños cuencos guarnecidos con queso, higos y otros frutos selectos; o bien la imponente pila de duraznos dispuesta a proposito para Mahou, una estructura colosal que desafiaba a cualquier ley de la gravedad.

—Bueno... —intervino la capitana, posando la diestra sobre su cintura— Creo que esto nos lo hemos ganado...

No resonaba música alguna en el ambiente, ni parpadeaba fuego en lugar alguno —este último era ausente porque Bai albergaba la sospecha de que habrían acabado levantando una pira funeraria y, eso, le atemorizaba—.

Información
Bai Mudan
PROCESAMIENTO DEL VACÍO
⚖️ Capitana del Wu Wei
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Nv.23 — Silogista
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#2
Agradeció a Jalindra el tiempo que se había tomado para enseñarle, así como la paciencia para tener de alumno alguien tan cabeza dura como él. Tuvo que despedirse de ella con una sonrisa, recibiendo una bendición en forma de palabras de ánimo y de buena fortuna dichas por la joven birkaniana. El camino a la civilización no era largo, pero aún así la mente de Uker se encargó de mantenerse ocupada con pensamientos que no habían tenido lugar por culpa del entrenamiento: las palabras de Zarutsuki.

Su grupo había ganado, se habían alzado victoriosos, sea gracias a su participación en el combate o no. Debían recibir un premio, eso que todos parecían desear, el emperador ofreció sabiduría como una de las opciones, Uker y el marine lo habían tomado, la respuesta no fue lo esperado.

No podía hablar por el marine, tal vez podía usar esa información para algo, pero en cuanto a él… No le había dicho nada, le había recriminado el ser materialista cuando lo único que quería era la posibilidad de retener una memoria para siempre. Hacer que su nombre resuene en la historia no le daría lo que quería, todos olvidarían a su familia como ya lo hicieron, ¿de qué servía convertirse en el hombre más famoso del mundo si no cumplía su objetivo? Se había atrevido a decir que no podría derrotar a alguien, que no debería luchar por eso que buscaba, le era imposible lograr calmar su sangre corriendo por sus venas. Su aura apareció como una ráfaga, incrementando su notoriedad junto a su enojo, aunque el no podría verlo por mucho que intentase.

Antes de seguir avanzando, apoyó su mano en un árbol cercano. Presionó con fuerza contra la corteza, logrando generar pequeñas grietas y lanzar volando hacia varios lados trozos diminutos de esta. En cuanto quitó la mano, pudo ver como la propia presión ejercida en la planta había dejado una marca nueva sobre la madera, la forma de su mano donde la había apoyado. No era una nueva habilidad, era pura fuerza, potencia que se había dedicado a denigrar por sí mismo, que le habían dicho que debía ocultar para no tomar el peor camino.

Tal vez era hora de abrir esa puerta de nuevo.

Pero por ahora debía calmarse. Podía saber con certeza que en un futuro podría matar a ese mono y sus secuaces, pero por ahora no le haría ningún bien. Suspiró y continuó su camino, encontrando de pronto algo impresionante.

***********************************

A decir verdad, no esperaba formar parte de algo así.

Había aceptado la invitación a esta especie de reunión al no tener muchas cosas que hacer, pero se había imaginado que sería algo mucho más serio o donde planeaban tratar temas a futuro. Al parecer solo era una celebración, una comida entre amigos como aquella que tuvieron en la noche luego de los juegos.

Había llamado a su tripulación a para avisarles dónde estaría, para notificarles de ese evento y que se acercaran si querían, pero por ahora estaba solo. Aún había poca gente, aunque la mayoría conocidos de “El Marcado”, por lo que no tuvo reparos en iniciar conversaciones.

O al menos lo más parecido a una conversación con alguien que no podía entenderlo.

Se acercó a Bai, a quien más conocía de ese lugar por ahora, llamando su atención tocando un par de veces su brazo con el dorso de su mano de manera leve. En cuanto sus ojos se encontraron de nuevo fue que recordó la condición de la mujer, que no podía hablarle de manera normal, por lo que llevó una mano a la barbilla y cerró los ojos para pensar, encontrando una solución rápidamente. - Yo… estuve bien… -. Mientras hablaba, apuntó con uno de sus dedos a su propio pecho, para luego levantar ambos puños a la altura de sus hombros y levantar sus pulgares, usando gestos simples para comunicarle lo que quería decir. - ¿Y tú? -. Al decir esto, apuntó hacia la propia mujer, esperando que entendiera el mensaje.

No se habían visto hace mucho tiempo, la última vez había sido en el South Blue, en una tarde donde ella recién parecía aprender lo que significaba ese gesto del pulgar levantado. Tal vez con eso lo recordaría, tal vez no, pero valía la pena intentarlo.

La otra persona que conocía de ese lugar era el compañero de la alada, el mink que había luchado junto a él en el desastre de los Cabos Gemelos. - Guolao -. Le habló por ese apellido que figuraba en los wanteds y que recordaba que aparecía debajo de la imagen del hombre. - Ha pasado un tiempo, el suficiente para que tal vez me hayas olvidado -. Tomó una aceituna de la mesa mientras le hablaba, observándola sin llevarla a su boca aún. - Yo fui ese hombre debilucho que tuviste que ayudar en los Cabos Gemelos, contra ese gyojin que nos atacó -. Para él era una noche inolvidable, no podía olvidar la fuerza desplegada por ese cazador. Aún así, sabía que si lo enfrentaba con sus habilidades actuales, ese enemigo terminaría de la misma forma que terminó esa noche, pero ahora sin necesitar la ayuda del resto. - Busqué agradecerte desde lo sucedido, por un momento temí no volverte a encontrar como sucedió con Rosse y Ashveil, pero ver que tu wanted seguía apareciendo me indicaba que al menos seguías en este mundo -. Dejó fuera a Krysser, a quien vio morir justo frente a sus ojos, en otro día que no saldría de la memoria del cocinero en mucho tiempo.

- Así que gracias. Es por tus acciones que yo sigo vivo y que pude llegar aquí, y sentía que debía decirlo -.

Libro de recetas
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#3
El peso de aquel viaje se sentía entre los huesos, de esos que curten el alma y el cuerpo. Y por eso, cansados por aquella semana en el cielo, se merecían una buena cena, pues al final, ¿cómo bajarían del cielo con la barriga vacía? Era mejor todo con la barriga llena.

Por ese motivo habían llegado a aquel lugar donde los olores se mezclaban en un perfume que embriagaba al viejo burro… Cordero humeante, pan recién hecho, aceitunas. Y por debajo de todo aquello, el olor dulce de una pila de duraznos que, sin duda, no estaba puesta ahí para él.

Antes de sentarse, Zhang escuchó. Las cigarras en las ramas altas, un rebaño muy a lo lejos, y el crujido de la madera... Un lugar así no se veía solo con los ojos.

Zhang se sentó con rapidez en una de las bancas y, controlando un poco a Silencio, esperó a que todos se acomodasen. El mono ya había calculado la distancia hasta el cuenco más cercano, y el viejo burro fingió no darse cuenta.

Observó aquella mesa llena de manjares y, agradeciendo por todo, agarró una de las copas con su mano. Hubo otra mesa larga hacía muchos años, con otra tripulación y otras voces. De aquella no quedaba más que una calavera cosida a una vela.

No era tristeza, o no del todo. Un viejo aprende que las mesas se llenan y se vacían, y que lo único que puede hacer uno es sentarse mientras haya sitio. En el Wu Wei todavía había una vivienda pequeña que nadie se había atrevido a desmontar. 

A su alrededor había personas que no veía desde hacía mucho tiempo. Zhang se sintió agradecido por aquello, y ante las palabras de Uker, se sintió feliz de haber sobrevivido a aquella noche… Claro que lo recordaba, pues había algo inexplicable que los unía desde entonces.

—Un saludo, joven Uker. Claro que me acuerdo… Fue una noche oscura, pero logramos salir de ella. Y aunque costó mucho, acá estamos, y hay que ser agradecidos. Gracias a ti también por toda tu ayuda. 

Se quedó en silencio por un instante, recordando aquella noche. Se le notaba distinto, y su recompensa hablaba muy bien de él.

—Veo que te has divertido desde que nos vimos… ¿Cómo te trata la vida? ¿Y los otros? ¿Se sabe algo de ellos?

Luego de esto se quedó un rato en silencio, pensando en lo que había dicho la capitana. Al final, se lo habían ganado. Zhang asintió con la cabeza luego de sus palabras y esperó a que las copas estuvieran servidas antes de levantar la suya.

—Hmmm… Nunca imaginé llegar acá, y no lo hubiera logrado solo, así que sí, nos lo merecemos. Esto y un buen viaje. Por más aventuras.

Dijo Zhang mientras sonreía, con la misma voz de siempre. Silencio aprovechó entonces para lanzarse sobre la mesa.

Y aunque intentaba controlarse, pronto se atragantó con la comida. El viejo burro le dio un par de golpes en la espalda, sin prisa, con la práctica de quien lleva años haciendo lo mismo. Un médico nunca deja de serlo, ni siquiera en su día libre.

Zhang aprovechó y, siguiendo a su amigo, le dio unos tragos a la copa y un poco de uvas, para comenzar aquel banquete inesperado. El vino de las nubes sabía distinto. Más liviano, tal vez por el aire.

—Y siempre se agradece una nueva amistad. Gracias a todos y bienvenido, joven Heras —le dijo tranquilo.

Y mientras lo decía, no pudo evitar pensar que aquel muchacho tenía un aire a alguien que había conocido días atrás... Prefirió guardarse el comentario.

Después se acomodó el sombrero. Faltaba un día para bajar del cielo, y el viejo burro no tenía ninguna prisa por que aquella tarde terminara.
Zhang Guolao
"El vacío no se mueve, pero lo contiene todo"
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#4
Había sido invitada por la musa de Bronce… era extraño hablar con ella por Den den pues solo entendió la dirección y después solo como piaba un ave y como le picaban la cara… a no… no entendió nada por que estaba en el establo tratando de que las jodidas monturas se mantuvieran quietas. —Cherry… me acompañarías a una fiesta?... necesito alocarme… esta ciudad es hermosa pero demasiado apacible. Que te parece acompañarme, quizás encontremos el amor para ti ahí. No?— Le miro maliciosamente y no tardo nada en arrastrar al bueno del doctor para ir de fiesta. Una parada rápida en el baño, se pingo los labios negros como siempre se puso una gorra, hacia frio. Mas que nada por el viento en las alturas.

El lugar era lindo… Maki vio con asombro algo sobre la mesa… carne. Dios… arrugo la nariz. Pero lo primer que hizo fue soltar a Cherry, se encamino a la mesa, queso, pan y aceitunas. Todo… riquísimo. Aunque no comía mucho, disfrutaba de esas cosas. Los sabores, los aromas, las sensaciones. Y también… vino, varias sepas. amargas, un tanto secas y otras muy, pero muy dulces, quien había sido la persona que dispuso estos manjares… era un genio, sin embargo, la carne… la carne la hizo solo comer un poco y apartarse otro más. Lo único que… le causaba algo de extrañeza era la luz, Maki se aparto un poco de la algarabía cuando escucho. Era su musa, la Musa de Bronce. Encendió un cigarrillo, busco con la mirada a Cherry y le sonrió ampliamente mientras con el cigarrillo entre los labios echaba humo por los lados como un verdadero dragón.

Cruzo la vista con la chica alada, la diosa del cielo y vio a su costado a Uker, el marcado, su ex… capitán. Maki sonrió a Bai, le movió la cabeza a Uker si es que lo vio y volvió a su cigarrillo. Pero antes. Cherry. Si se le perdía, podría pasar varias horas caminando en círculos sin darse cuenta. —Mira Cherry aceiteras, dicen que con estas puedes hacer aceite. No te tienta llevarte algunas para tus locos experimentos de belleza o quizás… quizás… algún tipo de veneno?... algún día me contaras tu secreto para la piel tersa? Yo no consigo mantenerla tan tersa como la tuya. — Bromeo con su propia desgracia mientras tenía una ridícula sonrisa forzada. Seguro el desgraciado y loco medico no le entendería la broma a la primera al menos.

Cuando vio sola a Bai, Maki tomo el cigarrillo, una copa de vino y lanzando el cigarrillo al suelo lo piso y restregó con fuerza, apenas le había dado dos caladas, camino hacia ella sin parar de mirarla, sin apartarle el acero dorado y sombrío de sus ojos. cuando llego a ella, no la dejo hablar, solo la tomo de la mano, la giro pasando ella misma a su lado, algunos le hablaban con gestos y palabras cortas. Ella, pero ella no lo necesitaba. Maki se subió a una tarima para casi igualar su altura y bebió un poco de vino. Un segundo después… tomo la mandíbula de la alada, suave… muy suavemente y alzando un poco su rostro sin dejar de mirarla, deposito un poco de vino de su misma copa. Sin dejar de mirar la acción, dominándola, haciendo que hiciera lo que quisiese. Sus labios bebiendo eran hermosos, como manzanas recién cosechadas. Y sus ojos mares danzantes en armonía. Sentía como el brebaje pasaba por su garganta… entonces Maki le miro nuevamente de arriba abajo y le toco el corazón. Justo en medio. movió su mano apenas, como si lo hiciera circularmente y después apunto hacia abajo. ¿A la tierra?, al suelo, al… ¿Mar?.

Play Me!
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#5
Atributos Personaje


Nuestra estancia en aquella isla llegaba a su fin. Apenas una semana había pasado desde que surcamos aquella peculiar corriente marina para llegar a esta aún más peculiar tierra, si es que se puede llamar asi a un reino sostenido sobre las nubes. La ciudad dorada, los juegos del soberano, el entrenamiento con Jalindra... Todo había supuesto una gran aventura. Una en la que me pude medir con otros piratas y marines que surcaban los mares. No tanto como mule hubiese gustado y con un resultado muy distinto del deseado. Derrotado. Me hizo sentir pequeño, insignificante al lado de los otros participantes. Y aquello, sin lugar a dudas, me había cambiado.

Cerré el libro que sujetaba desde el lomo. El sonido seco que produjeron sus páginas al chocar me devolvió a la realidad. No tenía sentido seguir pasando la vista por las letras, sin tan siquiera detenerme a pensar que significaban. Mi mente estaba en otras tareas. Más en concreto, en la decisión tras aquella llamada de Uker. ¿Debía acudir a aquel evento o estaría bien quedarme descansando antes del gran viaje de mañana? Algo dentro de mi me frenaba, como si mis talones estuvieran atados a la mesa en la que reposaban y mi trasero hubiese sido cosido a la silla sobre la que me balanceaba. En dos patas, sí. Una postura peligrosa, pero en la que se producía un rechinar de la silla a cada bamboleo que siempre me ayudaba a pensar. Me había prometido a mí mismo que debía ser más social. No podía seguir recluido en nuestro barco a lo largo de nuestro viaje. Tantos años encerrado en aquel sótano de la familia Reena me llevaron a ser esquivo, a desconfiar de la gente. Pero ahora todo era distinto. Había participado en un evento en el que parecía que todos se conocían. Todos excepto yo. Y nunca había pensado que tal vez, alguien ahí fuera podría ayudarme con mi objetivo.

Me levanté de la silla de un salto. Recorrí la habitación de un lado al otro. A cada vuelta, mis pasos se aceleraban un poco más. Me acerqué al perchero tras la puerta. Tomé mi chaqueta sobre mi brazo. Agarré el pomo. Corrí de nuevo hasta la ventana. Solté la chaqueta sobre la mesa. Un paso hacia la puerta. Otro en la otra dirección. Mi mirada saltaba entre la entrada y el catre. Me senté de nuevo en la silla en mi posición de pensar. Tal vez, tener los pies en alto me ayudaba a acumular más sangre en la cabeza. Tal vez no. Comencé a balancearme de nuevo, hasta que al fin me vino la solución. Lanzaría una moneda al aire. Cara, para dar la cara. Cruz, para quedarme en la residencia. Agarré una moneda del bolsillo y la lancé al aire. El ímpetu fue tal que la moneda no subió en linea recta. Estiré el brazo por encima de mi cabeza para atraparla al vuelo. La silla crujió y perdí el equilibrio.



Avancé entre las calles hasta encontrar la explanada que nos había incldicado Uker. Apoyé la mano en mi nuca. Aún podía sentir el calor que se había producido tras el golpe. Incluso, si me concentraba, podía saborear ese regusto metálico. Atravesé la vegetación y pude ver una zona de la que salía un pequeño haz de luz y el bullicio propio de una reunión. Debía ser allí. Reajusté el sombrero a su posición correcta; debía mantener mis modales, aunque la forma de mi sombrero coincidiese a la perfección con mi nuevo chichón. Revisé que el cuello de mi camisa estuviese bien doblado y pasé las manos sobre la piel de mi cazadora. Carraspeé un par de veces para aclarar mi voz y entré a aquel lugar.

La fiesta parecía haber comenzado sin mi. Algo lógico si teníamos en cuenta tanto mis dudas como el resto que tuve que pasar aplicando me frío en la nuca. Uker ya estaba presente y se relacionaba. Había otras caras conocidas, pero sin duda la escena que más llamó mi atención se daba al fondo. Una mujer de cabeza afeitada sujetaba a otra y le daba de beber. Sin duda, ellas ya habían roto el hielo. Yo no pretendía probar el alcohol aquella noche, aunque parecía que esa iba a ser la tónica habitual de la isla. Sucios borrachos de Jaya. Sucios y brutos borrachos. Pero en ese momento es cuando vi de quién se trataba.

—Oh, pero si es usted, señorita —dije en dirección a Bai, tratando de recordar su nombre—. ¿Qué tal van aquellas clases de idiomas? Por lo que veo, puede usted relacionarse sin problema.

Hablé en la lengua que sabía que compartíamos. Aquel idioma casi extinto, dejado atrás en los libros. Uno que se sospechaba ya no pertenecía a ninguna boca. Usé esa lengua para asegurarme de que me entendía, sin saber si alguno de los presentes podría saber que estaba diciéndo. Asentí con la mano en el ala de mi sombrero en dirección a ella y luego repetí el gesto hacia todos los presentes. ¿Donde estaban mis modales? Había irrumpido en una fiesta sin siquiera presentarme. Estábamos en un mundo de piratas y no quería que pensasen que aquello era ningún intento de invasión a su privacidad.

—Ehm... Esto... Yo... —las palabras parecían no poder atravesar mi lengua con coherencia. Mi dedo apuntaba alternativamente a mi pecho y a Uker—. Yo... Compañero... Invitar... —inspiré profundo, carraspeé—. Hola a todos. Mi nombre es Varo Ganchin, aunque pueden llamarme Varo solamente. Soy compañero de Uker, él nos indicó que podíamos acudir a este evento y... Bueno, aquí estoy.

Sonreí y llevé mi mano a la nuca. Arrugué el gesto con la señal de recordamiento del golpe que me había dado en forma de dolor. En ese momento me fijé que uno de los rostros me era familiar. Se trataba de el hombre mink con el que había formado equipo durante los juegos.

—Buenas noches, señor Zhang Guolao. Es un placer que nuestros caminos vuelvan a cruzarse de nuevo. ¿Ha podido aprovechar su estancia en la isla? 

Tras la interacción con el mink, giré mi mirada hacia la mesa. Un sinfín de manjares estaban dispuestos sobre platos y cuencos aún más selectos. Tomé una copa que esperaba poder llenar con agua o algún jugo de fruta y eché un vistazo a lo que podía comer. Prefería mantenerme algo distante de otros invitados, al menos hasta haber entrado en calor. O hasta que el ambiente fuese algo más distendido. Cogí algo de maíz, un trozo de queso y un higo. Saboreé cada uno de los elementos con placer. Tal vez, los cultivos en aquella altura crecían distinto, e incluso el pasto aportaba unos tonos peculiares a la leche con la que se hacía el queso. Tal vez, por encima de las nubes, toda la vegetación recibía mejor luz. El caso era que cada bocado sabía mejor que el anterior. Entonces, un aroma dulzón llegó hasta mi hocico. Giré mi mirada y vi una pila de duraznos los cuales parecían estar atrayéndome, como las sirenas que cantan para guiar a los marineros hasta las rocas. Tenían difícil acceso, pero alargué mi mano hasta tomar uno de ellos. Quizá debería haberme esforzado un poco más, haber elegido el que se situaba arriba del todo, en la punta, ya que al tomar el durazno, la pila se desmoronó.

—Ehm... Disculpad —dije apresurandome a coger todos los que rodaban—. ¿Alguien quiere alguno? —estiraba mi mano hacia cada uno de los más cercanos ofreciendo alguno de los duraznos.

Notaba el sudor brotando por mi frente. Mi sonrisa delataría a ojos de cualquiera mi nerviosismo. La fiesta no había empezado de la mejor manera para mí.



antología
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#6
Una reunión, nuevas personas, ví y fui participe de ayudar a poner las mesas, a poner la decoración,  a vigilar que la pequeña Mahou no se vaya de incursión. De acuerdo al traductor certificado, el único que podía transmitir lo que dice Bai, está reunión era importante.


No me imaginaba quien podría llegar, la verdad es que era bastante impresionante que se decidió hacer una despedida. Era agradable que tuviesen amigos en otras partes. Son mucho mejor de lo que yo esperaba, la verdad me tomé mi tiempo para prepararme. Venía de un día muy difícil al tratar de entrenar en el Dojo de Kaelith, a pesar de haber usado todas mis herramientas para ingresar no se dignó a enseñarme. Demasiado complicado ese Lunarian, es una persona que tiene unos lineamientos demasiados fuertes y que no permiten aprender de los otros. 


Viendo lo difícil que estaba la situación del entrenamiento lo mejor sería aprovechar la oportunidad de reunión para descansar. Poner la mente en algo diferente. Me di una buena ducha usando el agua caliente de la posada, un buen baño de espuma que me sacó toda la tierra de las plumas. Limpiando bien, con una exfoliación utilizando diversos implementos de limpieza que habíamos adquirido al ir de compras con Shandora. 


El agua caliente me relajaba la mente y me ayudaba con mi muy peculiar hinchazón. Que dolor me generaba tener aquella firmeza acumulada contra mi voluntad. Generaba un dolor punzante, insoportable y tras varios días de ir al médico las soluciones para el alivio eran demasiado escasas. Lo mejor sería ya cual bajaramos y yo pudiera verme con otras opciones, tal vez un viaje lleno de adrenalina me ayudaría a cambiar esta situación tan erecta. 


Las ropas con las que me vestí, sencillas pues lo espectacular estaba en mi fabuloso, plateado, brillante y bien cuidada cabellera. Shandora tenía los mejores productores de artículos de limpieza que me había podido encontrar jamás. Todo mi cuerpo agradece tener acceso a todo esto y siempre que salía de bañarme me sentía rejuvenecido, como un bebé. 


Pantalón oscuro, unas sandalias sencillas, uñas bien cuidadas y brillantes sin ningún color en especial salvo un transparente que me ayuda a cuidarlas. Acicalado perfectamente y perfumado ya que era una ocasión especial, normalmente no suelo usar estas fragancias de flores locales, pero por una vez no hace daño. 


Al salir de mi habitación bien cuidado ya la visita había llegado, rostros conocidos, muy famosos, mi mirada asombrada, encantada al punto que no pude reservar mis expresiones. Siendo el más nuevo del grupo era complicado que yo quisiera tomar la palabra, pero aquello en mi pecho me empujó a ello. 


Arreglado caminé hasta estar junto a mi compañera Bai, la cual ya conocía sus borracheras. Rompí el momento con mi presencia y una gran sonrisa. — ¡Que bueno! Ya llegaron, ¡sirvance todos! gracias Varo por venir. — No sabía se alguno de los visitantes me recordaría, sin pedir mucho permiso me hice centro de todo. — Me alegra mucho que vinieran, aun sabiendo que han sido días movidos. Estoy muy contento de que se dieran un momento de acercarse. —


Junté mis manos, sin estar muy nervioso, solo fue un reflejo instintivo. Una mirada cuidadosa de los que habían llegado. Uker, Varo, Maki, Hyakinthos… 


— No se cohiban. Conseguí prestado esto y podemos poner algo de música que trae. — Me moví hasta una máquina cuadrada con una palanca que se le daba giró varias veces, repetido cada vez más hasta el punto que un sonido de engranajes arrancó. ¿Dónde la conseguí? Ese será un secreto entre Mahou, Silencio y yo. A los pocos segundos comenzaron a sonar unas tonadas tras otras que nos servirían un poco de fondo. Tenía entendido que la música no la podía escoger yo pues las traía pre-establecidas, una maravilla shandorana que supera mi inteligencia, pero seguro que habría manera de alimentarlas con diferentes músicas. 


La copa de vino que vi estaba peligrosamente cerca de mi compañera Birka y sabiendo como es su relación con el alcohol busque postergar ese encuentro lo más posible y serví un poco de agua en varias copas para dejar una entre los dedos de Bai y que recordarle lo importante que es mantenerse hidratado. Repetí un par más de estas copas dejándolas próximas a los demás y con disimulo de aquella acción anterior buscaría hacer disfraz en apoyar como buen anfitrión. 


— ¡Varó! Que bueno que viniste, ¿Ya probaste las aceitunas?— Tras ello dejé una copa de agua cerca de él. — Fué muy divertido hacer equipo y miranos aquí, el equipo del locho del morocho está reunido otra vez. — Dije recordando al caballero de cabello rosado que había acompañado a la mujer calva. — Ese galanazo tambien está aquí, estamos todos. — Aclaré indicando con el pulgar. —¿Encontraste algo interesante aquí en Shandora? — Pregunté para hacer conversación. Mi atención fue afilada y no quería que se sintiera abrumado por mi energía así que di pasos rodeando un poco a compas de la pista y aproximarme un poco a Zhang.


— Si es el ganador de la semifinal. Muy buen espectaculo señor.  — De la misma manera traté de integrar a Uker sin saber si el me recordaría. Seguramente no, Maki no lo hizo, Mahou tampoco, imaginate, recordar a un lunarian en especifico en Shandora. Imposible, pero hice mi mayor esfuerzo por integrar. De igual forma estaba claro que por él sentia cierta admiración, más luego de verlo en persona y en acción. Era como ver a un protagonista pues solo acumulaba proesas en su nombre. Ya me gustaría a mi poder poner una proesa en el mio.

Una cosa que quería hacer era bailar, pero no quería ser el primero en hacerlo, quería ver si había animos por parte de los invitados.

[Imagen: from-Pix-AI-2058552647297991195.png]
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#7
Bai está presentando el festín a sus compañeros.

Maki: Aparece con gorra y labios pintados.

Maki aparece comiendo directamente y fuma. Va antes de Uker.

Solo cuando Bai se queda sola -> Cuando vio sola a Bai, Maki tomó el cigarrillo, una copa de vino y, lanzando el cigarrillo al suelo, lo pisó y restregó con fuerza; apenas le había dado dos caladas. Caminó hacia ella sin parar de mirarla, sin apartarle el acero dorado y sombrío de sus ojos. Cuando llego a ella, no la dejo hablar, solo la tomo de la mano, la giro pasando ella misma a su lado; algunos le hablaban con gestos y palabras cortas. Ella, pero ella no lo necesitaba. Maki se subió a una tarima para casi igualar su altura y bebió un poco de vino. Un segundo después… tomó la mandíbula de la alada, suave… muy suavemente y alzando un poco su rostro sin dejar de mirarla, depositó un poco de vino de su misma copa. Sin dejar de mirar la acción, dominándola, haciendo que hiciera lo que quisiese. Sus labios bebiendo eran hermosos, como manzanas recién cosechadas. Y sus ojos, mares danzantes en armonía. Sentía como el brebaje pasaba por su garganta… Entonces Maki le miró nuevamente de arriba abajo y le tocó el corazón. Justo en medio. Movió su mano apenas, como si lo hiciera circularmente, y después apuntó hacia abajo. ¿A la tierra?, al suelo, al… ¿Mar?

Varo: Llega después de Maki. Justo después de que le dé de beber.

—Oh, pero si es usted, señorita —dije en dirección a Bai, tratando de recordar su nombre—. ¿Qué tal van aquellas clases de idiomas? Por lo que veo, puede usted relacionarse sin problema.

Luego se va con Zhang.

Luego come solo y se desploman los duraznos. Se le caen y los recoge.

Heras: Le sirve agua a Bai y se va con Varo y Zhnag/Uker.

Zhang había sido el primero en tomar asiento junto a Silencio en medio de aquella gigantesca mesa. Bai, en cambio, se limitaba a observar al pequeño simio jugueteando sobre el hombro del mink, quien parecía calcular de qué platillo iba a robar primero.

—Silencio... Lo llamó invitándolo a abalanzarse.

Ya había visto aquella mirada antes, pues era la misma que el macaco había puesto cuando le ofreció pasas, atiborrándose la boca hasta deformar las mejillas. Y sabía que terminaría haciéndolo de una forma u otra, así que, ¿por qué no permitírselo y ahorrarle la angustia de contenerse?

—No te preocupes por él, Zhang. Es un alma libre —comentó posicionándose de espalda al resto y seleccionando una mazorca.

Sin embargo, apenas la hubo dejado sobre su plato, sintió unos prudentes toquecitos que reclamaban su atención. Entonces, giró en esa dirección.

—¡Uker! —exclamó, con el rostro iluminado por la agradable sorpresa que era reconocer al joven que había conocido en las tierras de Sorbet.

Hacía muchísimo tiempo de aquel encuentro. No obstante, todavía deseaba agradecerle por su compañía en lo que había sido un momento tan duro para ella.

—Bai —respondió entonces la alada llevándose la mano a su propio pecho—. —Bien —añadió en su idioma y levantando el pulgar. No había olvidado aquello.

—Bai está feliz —prosiguió tocándose el pecho a la altura del corazón— ver Uker.

La oharanense iba a añadir algo más cuando finalmente decidió que lo mejor era limitarse a que los demás interactuaran entre ellos. Luego, simplemente se apartó uno de ellos para brindarles algo de privacidad.

En ese momento, Bai se quedó sola. Quizá por eso se permitió un instante de calma para observar en derredor y observar el banquete desde la distancia, permitiendo que otros llevaran el peso del anfitrión.

Lo único que sí lamentaba era no poder ofrecer el recibimiento que consideraba apropiado.

En cualquier otro contexto, Bai hubiera pedido que se mezclara el vino para libar a los dioses y que estos les acompañaran en el banquete. Sin embargo, si los huéspedes no creían, y sospechaba que ninguno de los del Mar Azul adoraba a los mismos dioses que ella, habría dejado el rito a un lado y en su lugar lo habría transformado en una simple formalidad antes de pedirles que se alimentaran con los frutos de la tierra.

Incluso, si el ambiente lo hubiera permitido, habría pedido a los demás piratas que se unieran a la conversación y que olvidaran las banderas a las que servían para reconocerse como compañeros de mesa. Sobre todo porque esa era la virtud que guiaba sus actos. Sus huéspedes no debían solo limitarse a recibir comida y bebida; debían sentirse acogidos.

Mientras todo esto pasaba por su cabeza, su cuerpo continuó el gesto mecánico que había iniciado escasos segundos antes de la aparición del joven humano, llevándose la mazorca a los labios para luego clavarle los dientes. Fue entonces cuando los vio. Al hombre no lo conocía, pese a que lo había visto anteriormente mientras se dirigían hacia los juegos, y a la mujer...

La conocía más de lo que cualquiera de los presentes pudiera sospechar.

Sin embargo, Bai no era esclava de impulsos simples o primitivos como para buscarla. Así que mantuvo el rostro sereno y las pulsiones a raya mientras, de nuevo, el plato lleno volvía a descender. No porque no tuviera hambre, sino porque a ambos les debía la misma cortesía.

Después, levantó la mano y los intentó saludar. Sin embargo, el gesto quedó a medias al verla fumar. ¿Estaría su paladar tan atrofiado como para no haberlo distinguido antes? Teniendo en cuenta que poco —o nada— abría la boca, parecía una consecuencia completamente lógica.

Bai estaba pensando en todo aquello cuando, de pronto, se encontró siguiendo a Maki como un perro lo hace con el aroma de su amo. De hecho, ni siquiera despertó de su reflexión cuando le seguía, sino cuando sus labios ya se habían separado y la diluida mezcla inundaba su boca. Durante un rato, la alada continuó bebiendo del brevaje hasta que este se terminó y dio paso a la mano de Maki sobre su corazón.

¿Qué le estaba insinuando? ¿Acaso le preguntaba a dónde pertenecía?

Negó con la cabeza intentando explicarle que ella no era de allí.

Después, se llevó los dedos a los labios para limpiarse las gotas que todavía quedaban de vino sobre ellos y, al bajar la mirada, descubrió, no sin cierta sorpresa, dónde habían terminado descansando sus manos.

—Heras... Con la aparición de su compañero junto a ellas, y al querer atenderlo, Bai retiró con calma las manos del cuerpo ajeno, dejando que las yemas resbalaran un instante por la tela antes de volverse para agradecerle el agua. Gracias.

Después, tan pronto como llegó, se alejó de ambas, convirtiéndose en una especie de anfitrión y colocando algo de música.

—Quién tuviera su edad... —murmuró al ver su ímpetu juvenil para luego darle un trago a la copa de agua en un intento por rebajar el calor que sentía en sus mejillas.

Sin embargo, las sorpresas no terminarían ahí.

—¡Varo! —La sorpresa fue mayúscula cuando apareció el mink de Whiskey Peek. Tanto así que por un momento tuvo el impulso de separarse de la muchacha: —Qué gusto verte aquí. La verdad es que no he avanzado demasiado desde Whiskey Peek —respondió mientras la comisura de sus labios se curvaba ligeramente—. Aunque, si te soy sincera, la necesidad me ha hecho adaptarme mejor de lo que esperaba.

Tras decir aquello, Bai dirigió una breve mirada a Maki.

La última vez utilicé un libro para comunicarme con ella. He estado intentando aprender por mi cuenta para no abusar de la generosidad de mi compañero Zhang, así que recurro a libros bilingües cuando lo necesito. A veces no sale del todo bien; otras, simplemente tengo suerte.

Hizo una pausa para luego volver a hablar.

—No te entretengo más. Espero la compañía y el banquete sean de tu agrado.

Después inclinó levemente la cabeza a modo de despedida y, mientras Varo se presentaba para ir luego con Zhang, Bai volvió su atención hacia la otra capitana. De nuevo su mano había buscado el calor ajeno, permaneciendo apoyada sobre su pierna aun cuando no era un gesto necesario para indicar que hablaba de ella.

—Perdona... —Murmuró retirándola despacio—. ¿Te ayudo?

Como sabía que no le entendería, dio un paso atrás y le tendió la mano para que bajara.

No había pasado mucho rato cuando de pronto sintió un pequeño estruendo que le hizo buscar en todas direcciones por la fuente del sonido. Al parecer, había sido el tímido mink intentando coger un durazno.

—Discúlpame —murmuró mientras se inclinaba para luego separarse de Maki e ir a ayudar—. No te preocupes, Varo.

Con delicadeza comenzó a recoger parte de lo que el tirador había tirado y lo ayudó a colocarlos sobre la mesa.

—Yo tomaré uno —le respondió tras terminar de colocarlos—. Sabes, me alegra mucho verte aquí. Han pasado muchas lunas desde Whiskey Peek…

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Bai Mudan
PROCESAMIENTO DEL VACÍO
⚖️ Capitana del Wu Wei
฿105,000,000
Nv.23 — Silogista
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#8
Vestimenta




Adiós, Skypea.
 
La isla que se alza en lo alto del cielo, para el día de mañana no sería más que un recuerdo borroso en la mente del médico de los Valar.
 
Entonces… ¿Qué quedaba ahora si no era el disfrutar de las últimas horas que pasaría en aquel lugar?
 
La invitación de Maki le cayó como anillo al dedo, pues justo esa tarde no podría pasar el rato con el amigo que había hecho en Skypea, así que, antes de que su calva capitana llegara a él, había pensado en pasar la tarde descansando, preparando las provisiones para el viaje del día siguiente o explorando los alrededores para conseguir aquellos hongos tóxicos que recordaba haber visto cuando llegó por primera vez a la isla…Qué rápido pasaba el tiempo.
 
—Maki, querida, te he repetido mil y un veces que mi único amor es el océano…y puede que también los berries, así que desiste de tus intentos por encontrarme una pareja que eso puede ser una muy mala idea —. Habló mientras regaba perfume de menta por su cuerpo, tanto como para que el aroma quedara bien compenetrado tanto en su ropa como en su cabello y piel. —Pero dejando eso de lado, acepto tu invitación…pero solo porque es mejor que ser el único que pasaría su tarde trabajando. Las provisiones serán problemas para el yo del futuro.
 
Con eso dicho, el médico se fue hasta la habitación de la residencia que el emperador “Zukaritas” les habría ofrecido y se arregló hasta ser digno de pisar cualquier lugar en el que hubiera una fiesta.
 

 
Menos mal que Maki lo había guiado por todo el camino, porque de otro modo se habría perdido entre los recovecos de Shandora, pues, la distancia desde la residencia hasta el sitio de la fiesta fue bastante considerable, lo suficiente para que las suelas de sus botas negras se notaran llenas de polvo por todo lo que habían caminado; sin embargo, debía admitir que la caminata había valido la pena.
 
Desde la larga mesa rebosante de todo tipo de manjares hasta la vista de las nubes que rodeaban los alrededores, dotando al ambiente de una visión blanca que parecía tan pacífica que era difícil creer que, según lo que entendió de Maki cuando le habló en el camino, las personas que los acompañaban también eran piratas.
 
Se quedó quieto, observando el sitio sin decir ninguna palabra y sin acercarse demasiado a nadie, de hecho, era como si estuviera en el borde de la fiesta y del camino de regreso a su residencia, no porque no quisiera participar, sino porque, antes que nada, leía el ambiente, analizaba a los que estaban ya ahí, disfrutando, comiendo y bebiendo, además, de ese modo podría identificar si conocía a alguien además de a Maki.
 
Achinó sus ojos cuando vio a dos minks… ¿Por qué tenían algo familiar? No es como que todos los minks se parecieran, pero esos dos en específico tenían algo que lo hacían recordar memorias borrosas de un pasado no tan lejano. Quiso acercarse a ellos, pero en ese momento, la voz de Maki lo hizo perder el hilo de sus pensamientos al sacarlo abruptamente de su concentración.
 
—¿Aceitunas?, ¿aceites?, ¿belleza?... ¿Qué? —Su frágil mente intentó unir las palabras a las que en verdad le prestó atención, para sacar una conclusión propia de la necesidad de la chica porque se llevara aceitunas de la fiesta. —Ah…supongo que podemos conseguir aceitunas antes de irnos, así podría…
 
Ni siquiera terminó de hablar cuando la chica se apartó de su lado para acercarse a una mujer con bella piel de bronce. El médico suspiró y rodó los ojos… ¿Cómo se atrevía a dejarlo solo cuando ella lo había invitado a la fiesta? Y peor aún, no le había presentado a nadie, aunque…
 
Volvió a repasar sus mirada por encima y, por fin, una cara conocida, una con la que no tenía que forzar su memoria para recordar su nombre, apareció en la vista de esa extendida mesa.
 
—¿Eh? ¡COCINERO! —Se acercó al hombre, casi de un salto que lo situó justo al lado del mencionado, para luego pasar un brazo justo sobre sus hombros, lo que hizo que, inevitablemente, el pelinegro del mechón blanco se acercara al pelirrosa, quien debía desprender un intenso aroma a menta. —No te veía desde que llegamos a este lugar ¡Que buena pelea diste en el coliseo! Deberías entrenar algún día ¿No crees? Seguro que podré darte un golpe o dos…pero no me trates tan mal como a tu oponente que… ¿Quién era? ¡Meh! No importa…solo no me trates así de mal, que podrías romperme una uña y eso sería una tragedia —. Bromeó con su viejo conocido antes de soltarlo y tomar una copa de vino de la extensa mesa para después fijarse en que, por desgracia para el cocinero y el mink, parecía haber interrumpido una conversación.
 
—¡Ah! Perdonen, soy un poco distraído, no sabía que estaban en una conversación privada, es que mi capitana, que fue quien me trajo aquí, se fue a bailarle a la chica alada y solo salté para acaparar a quien me resultara familiar —. ¿Era demasiado sincero? Sí, pero en verdad no tenía problema con ello. —Por cierto…
 
Volvió a achinar sus ojos en cuanto miró mejor al mink ¡Cierto! Cuando llegó creyó reconocer cierta familiaridad en los dos minks que ya estaban en la fiesta y justamente este era uno, pero…no, no podía decir de dónde lo conocía… ¿Sería un viejo cliente? ¿Un colega? O quizá… ¿Solo había leído su nombre en el periódico?
 
—Jmmmm… ¿Usted y yo nos conocemos? —Preguntó al fin mientras se acercaba al viejo mink burro para analizarlo más de cerca como quien estudia un cuadro en un museo. —Algo en mi mente me dice que si, pero no puedo recordar de donde, me pasa lo mismo con…
 
Un estruendo interrumpió su interrogatorio.
 
Algo caía de la mesa provocando que algunos platos tintinearan y que objetos más sólidos generaran un sonido seco al caer al suelo.
 
Giró su cabeza y… ¡Hablando del Diablo!
 
—… ¡Con él! Me pasa lo mismo con él —. Señaló al mink responsable de haber tirado al suelo lo que el médico reconoció como duraznos luego de haber echado un vistazo. —Yo quiero uno, Peluche —. Le colocó un sobrenombre que parecía al azar, pero no lo era, pues había escuchado a Merlot llamar “Peluche” al mink del poster de “Su busca” que tenía pegado en su habitación. —¿Y sabes? Le decía a tu compatriota mink que creo que los conozco a ambos de algún lugar —. Mientras hablaba se inclinó para recoger unos cuantos duraznos del suelo, un gesto que compartió con la mujer de bronce a la que su capitana le había estado bailando antes.
 
—A usted no la conozco —. Comentó al ponerse de pie para ayudar a la mujer alada a acomodar sobre la mesa los duraznos que el mink había tirado al suelo. —Soy Hyákinthos, un simple médico —. Eso era una verdad a medias. —Y puede decirme Hyak o Cherry…por el color de mi cabello, vine a acompañar a mi capitana, la misma que le estaba bailando minutos antes…No sabía que tenía una amiga tan…interesante —. Lo decía en serio, muy en serio…era primera vez que conocía a un birkiniano, no porque no hubiera tenido la oportunidad en Skypea, si no porque estuvo ocupado en otras cosas durante su estancia en la isla.
 
—Oye, Maki —. Se movió para atraer a su capitana consigo, la tomó del brazo, como solían hacer cuando caminaban juntos por la calle. —¿Por qué no me presentas formalmente a tu amiga? —Bebió un trago más de su copa antes de que su atención se posara sobre alguien más en la fiesta, un lunarian que se acercó hablando sobre algo de un “locho” y con la mención de aquella frase, el médico inclinó su cabeza hacia un lado, como si algo en su cerebro se hubiera acomodado de repente.
 
Locho…Morocho…¡OCHO! ¡Equipo ocho!
 
Los minks y el lunarian eran aquellos con quienes compartió plataforma, de manera obligada, durante aquellos juegos a los que asistió, de nuevo, por obligación.
 
—¡Ah! ¡Son ustedes! Los del equipo para los juegos —. Se dio una palmada en la cabeza, al menos ahora podía ponerles un rostro, aunque seguro que, cuando saliera de la fiesta, olvidaría de nuevo sus caras. —¿A ti no te vi después de eso, moreno? —Le habló directamente al lunarian. —Me parece que si…me recuerdas algo sobre una consulta médica o algo así, aunque bien puedo estarme equivocando —. Se soltó de Maki para mirar al lunarian de arriba abajo solo para intentar reconocer con quien hablaba…porque a él si que parecía haberlo visto en más de una ocasión.



Botiquín. Abrir solo en casos de emergencia
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