[Pasado] | Some Unexpected Hero | [Priv. Fumi]
#1
El sol de la tarde parecía aliviarse un poco y la tranquilidad podría ser algo que en Kárate pudiera estar en las mejores condiciones, un día a día cualquiera... Si no fuera por...

Pere-pere-pere.

El sonido de su propio Den-Den Mushi. Eso no significaba nada bueno, mucho, muchísimo menos a esa hora de la tarde. Dejó escapar un ligero suspiro de cansancio, sentado en su silla de escritorio de cuero, con las piernas cruzadas, el cigarrillo entre sus labios. Más les valía a esos estúpidos no haber estropeado nada o... Cerró los ojos, con calma, dando una larga calada, dejando que el Den-Den Mushi sonase un poco más, expulsando poco después el humo del cigarrillo, elevando la cabeza y, finalmente, respondiendo al objeto.

 
—Decidme.

El humo inundó su rostro, el olor a tabaco lo hacía con la habitación y su tono de voz, pese a escucharse calmado, solo hizo que hacer que la persona al otro lado de ese objeto temblase de absoluto terror. —S-señor, yo... — Jin se acomodó, inclinando ligeramente su torso, volviendo a acomodar el cigarrillo entre sus labios y con ambos codos sobre el escritorio, con un aire más serio, sin apartar la mirada del objeto. —Verá... Hubo un pequeño problema con... ya sabe...

—¿Lo habéis perdido?

El propio Jin pudo escuchar cómo el hombre tras el inérfono tragaba saliva. —No señor... No es eso. El caso es que hay una... no sé, una niña, o chica, o lo que sea que... nos está dando algunos problemas. Algunos de nuestros hombres han caído y... Ehhh... — Jin volvió a cerrar los ojos, tratando de mantener una calma característica de él y, lejos de calmar al individuo del otro lado, solo lo asustó más. —P-prometo que no perderemos...

Se escuchó la silla arrastrarse, Jin se había levantado, acercando el Den-Den Mushi cerca de él. Su traje de punta en blanco estaba impecable, su peinado también. —Descríbeme a quien sea que esté allí, y me encargaré personalmente. — Caminó, con pasos firmes y seguros, hasta un lado de la habitación, tomando dos de sus katanas, acomodándolas a cada lado de su cinturón de cuero antes de salir. —Y escucha bien lo que voy a querer que hagas. Como vuelvas a fallar, tú y el resto de tu gente, no garantizo que salgáis con la cabeza puesta.

Y esa conversación... fluyó, una conversación que quedaría con su clan, en silencio, y Jin se vería sorprendentemente calmado, preparado para lo que fuera a venir.

[...]

Desde otro extremo, el hombre colgaba la llamada. Un simple hombre que tenía las manos temblorosas, algo nervioso, buscando con la mirada a sus compañeros. —¡Escuchad bien! Ya tenemos permiso del Jefe para esto. ¡No dejéis que escape! — Buscó con la mirada, desde ese almacén oscuro y abandonado, lo que parecía la fuente del problema inicial: un varón, amordazado y atado, con marcas de golpes por todo el cuerpo, especialmente la cara. El paño que debería ser blanco estaba con algunas manchas húmedas de un tono carmesí por su propia sangre, temblando asustado. ¿Un hombre importante? Aparentemente, parecía ser un hombre que podría tener una cantidad económica de lo más generosa. El hombre estaba en lágrimas, con algunos hombres escoltándolo, una de sus piernas estaba amoratada y un tobillo en una postura para nada agradable de ver, impidiendo así que tuviera alguna posibilidad de escape. Por otro lado, los sonidos en el exterior del almacén parecían sonar más y más fuertes. Algunos hombres gritaban por el dolor, uno de ellos apareció, con la ropa casi desgarrada, entre jadeos.

—¡E-está por llegar! ¡Esa loca qu-...! ¡ACK! — El hombre cayó de bruces al suelo, alguien lo había golpeado por detrás, el sonido del metal no había resultado nada agradable. El varón gruñó, ¿quizás habría un traidor? ¿O tal vez había un impostor? Él tenía claro que no planeaba ser regañado por su jefe Jin, era lo peor que podía pasarle, y lo sabía.

[...]

Los pasos del yakuza de tez pálida con la cicatriz iban tranquilos, mientras encendía lo que parecía un nuevo cigarrillo. Las calles estaban siendo un caos, Marines que parecían perseguir a unos hombres, mientras por otro lado había civiles curioseando por las ventanas... Un total y completo caos del que no parecía tener ese varón absolutamente nada que ver. Se veía despreocupado y tranquilo, con pasos firmes y seguros entre una calada y otra. Sus ojos fríos y afilados, contemplaban calmadamente su entorno. Lo escuchaba, pasos que correteaban de un lado a otro por el otro lado de las calles, hombres gritando. Lejos de permanecer apartado de ese conflicto, el yakuza caminó hasta donde provenían los sonidos, dejando salir el humo de sus pulmones. Se encontraba solo, con la corbata bien acomodada, cuando volvió a escuchar ruidos, estruendosos, torpes. ¿Alguien se habría tropezado? Fue a revisar, solo para ver qué podría estar ocurriendo.

—Creo que no es lugar para que alguien esté aquí, en un callejón tan oscuro, en un lugar tan apartado.

No sabía ni con quién hablaba, o si lo o la habría escuchado hablar, fuera quien fuese. ¿Eso era un cubo de basura? Era un largo pasillo, estrecho, pero silencioso de golpe. ¿Debería estar alerta? Su diestra se posicionó en su cintura izquierda, donde la empuñadura de una de sus katanas permanecía intacta, sin desenvainar, pero sus pasos, ahora sigilosos, no emitían ruido alguno, evitando que quien fuera que estuviera allí pudiera siquiera escucharlo lo más mínimo, algo en lo que el yakuza era más que un profesional.


Cajita de Tabaco
[Imagen: bTjgVIr.png]
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