[img]
[/img]Vesper_Nero
|
Llegaron los bobis [P.A. Tema de llegada]
|
|
A medida que el barco se acercaba a la costa, Vesper dejó de tocar.
Frente a ellos no había una isla particularmente hermosa que celebrar. Kutsukku se alzaba entre una espesa capa de niebla, silenciosa y gris, con un paisaje que parecía haber olvidado hacía mucho tiempo lo que significaba estar vivo.
Vesper entrecerró los ojos detrás de sus lentes.
-...Vaya... Puchero a ¿donde carajos nos trajo tu mascota? Aquí ni siquiera hay cosas vivas que nuestro amable amigo gigante y su experta rata puedan matar para poder mangiar agusto... Con razón decías que comían restos de basura...- Exclamó el músico ante el desolador paisaje ya que era precisamente la bienvenida que esperaba.
Cuando finalmente pudieron desembarcar, saltó a tierra y hundió ligeramente las botas entre la arena húmeda. Frente a él, la niebla se extendía hacia el interior de la isla, ocultando cualquier rastro claro de lo que pudiera encontrarse más adelante.
-Nyejeje... //soltó, aunque esta vez con más entusiasmo// -Definitivamente alguien olvidó decirnos que veníamos a la tierra de los sepultureros... Esto es digno de una novela de terror o un buen Trhiller... Aunque ahora que lo pienso... dicen que nos vamos a reunir con sus amigas, ¿no? Maestre Anguila //Dijo volteando a ver a Eelec Trick//
Avanzó unos pasos y encontró los primeros restos de chatarra entre la tierra. Una vieja arma oxidada. Después otra. Más adelante, algo que prefería no identificar.
Vesper silbó suavemente.
-Bueno, supongo que ésta es nuestra bienvenida... No se separen demasiado, con este panorama, hasta un montón de huesos parece capaz de levantarse y cobrarte una o invitarte una si es que esta isla tenía mejor aspecto en el pasado...-
Una carcajada breve rompió el silencio mientras Vesper miró hacia atrás, esperando al resto de la tripulación.
-NYEJEJEJE, ¡Vamos muevan el culo que Kutsukku no se va a explorar sola!-
CONTINUARÁ...
[img] [/img]Vesper_Nero
Ayer, 09:51 AM
El crucero fondeó mar adentro y bajó los botes. Hanma se metió en el primero, despacio, y aun así el casco se hundió cuatro dedos en el agua en cuanto puso encima todo su peso. Ratatouille iba en su hombro, tiesa como un clavo, con el hocico alto y las orejas barriendo el vaho. Cuando saltó a la arena esta se le tragó los tobillos y le dejó dos agujeros del tamaño de un pozo. Se quedó quieto un momento, mirando la orilla. No se fiaba. El agua estaba a diez pasos y él no sabe nadar, por lo que sea; dos veces en la vida había caído al mar y las dos le había sacado otro. Delante no había nada que rascar. Ni humo, ni gaviotas, ni un perro flaco de los que rondan los muelles. Solo niebla, chatarra y un silencio que le daba la razón a Vesper sin que Vesper tuviera que decir una palabra más.
Se agachó, cogió un hierro que asomaba entre la arena y lo sopesó. Un cuchillo de desollar, filo comido, mango podrido. A un lado había media cota de malla y algo que a Hanma le pareció una quijada, y no preguntó de quién. Recorrió la playa con la vista: ni una huella fresca, ni un tallo verde, ni un bicho de los que se esconden bajo las piedras. La isla estaba limpia y sucia como una olla. Tiró el hierro al montón y se rascó la base del cuerno con el nudillo. -Trovador. Un cocinero de verdad saca un plato de cualquier cosa que respire. El problema no es que aquí no haya nada vivo. El problema es que aquí no huele a nada. Esto no es una isla muerta, es una isla saqueada, y al que se lleva hasta las raíces siempre le queda algo por volver a buscar.- Ratatouille bajó por el brazo, se plantó en una piedra plana y se estiró con las patas delanteras, como si el sitio le importara un pimiento. Le enseñó los dientes a la neblina y ahí se quedó, de guardia. Hanma enderezó la espalda y el vaho le llegó al pecho, tres metros por encima de las cabezas de los demás. Delante tenía al lunarian con Puchero y al trovador tres pasos más allá, esperando a que el resto se decidiera a moverse. El gran oni se sacudió la arena de las suelas contra una viga podrida. -Canario. Llevo desde el crucero esperando una respuesta. ¿Quién es Mika y quién es Pucca? No me vale lo de "sus amigas": si son las que mandan en esta banda, quiero saber si nos esperan o si les caemos aquí de sorpresa.- Bajó la voz un punto, sin apartar la vista del alado. -Y avisa a quien haya que avisar. Mi parte del pasaje la pago con el fogón, pero esta isla no me ha dado ni una raspa que llevarme a la olla. En dos horas o hay algo que cocinar o me toca inventar, y con hambre invento mal.- El gyojin, eso el gyojin. Hanma lo señaló con la barbilla. -Anguila. Tú eres el navegante, así que esto es tuyo. ¿Esta costa te suena de algo? ¿Sabes qué come esta gente, de qué vive, qué pesca? Y lo otro sigue en pie: lo de los puños lo comprobaremos, pero hoy el estómago va antes. Un hombre que no ha desayunado pega flojo, y yo quiero verte la mano a gusto.- El oni echó los codos atrás y juntó los omóplatos hasta que la espalda le crujió como una tabla. Miró el pasillo gris que se metía tierra adentro y se comía las siluetas a los pocos metros, y escupió a un lado. -A ver. Vosotros decidís. Tiramos hacia dentro por la niebla o nos quedamos aquí plantados a que vengan a recogernos. Pero decidid de una vez, que con este vaho no distingo ni por dónde se camina. ¿Alguna idea, o encendemos un fuego y esperamos a que vengan a vernos?-
Ayer, 03:56 PM
(Última modificación: Ayer, 03:57 PM por Road Twel Dorado.
Razón: Me resto la energía del uso de mi akuma
)
A medida que se acercaban a Kutsukku algo se sentía extraño tanto para Puchero como para Road. Ellos se habían criado en una isla famosa por su belleza y su fauna, donde la gente bailaba en las calles y la alegría era moneda corriente. Casi siempre soleada, con un clima paradisiaco y si bien como en todos lados los problemas solían encontrarse al menos lo hacía con buen clima. Esa vez tanto el Lunarian como el mono se notaban más nerviosos, sentados en los costados de la cubierta del crucero. El muchacho acomodó su flequillo albino, mientras Puchero jugueteaba con las gafas de sol de su amigo como solía hacer cuando estaba nervioso, tratando de ocultarse tras de ellas aun sentado en el hombro derecho del oriundo de Samba.
Una vez tocaron tierra, extendió sus alas de par en par elevándose unos metros para poder contemplar desde el cielo. A unos cincuenta metros del suelo, Road normalmente podía ver el horizonte a unos 25 kilómetros de distancia y aunque no podía discernir detalles le valía para poder orientarse. En ese momento, no obstante, sólo percibió la bruma que envolvía la ciudad y el frío que le calaba los huesos. Era verdaderamente más fresca que Samba, y eso ya de por si le daba mal yuyu. Entonces se dispuso a bajar nuevamente con sus compañeros, aterrizando frente a Hanma y Vesper. Pese a que podría haberles interrumpido, decidió dejarles hablar. Vesper hablaba hasta por los codos, Hanma hablaba otro tanto, pero al menos no podía decir que fuesen aburridos en lo más mínimo. Inspiró con profundidad absorbiendo parte de la niebla en sus pulmones, infló el pecho y finalmente se dirigió hacia ellos. — ¡Que son todos unos ansias de mierda, che! Entonces echó a reir, señalando hacia el norte. — Pues no se ve una mierda en ninguna dirección, hay niebla por toda la isla si… Pero diría que al norte hay una ciudad, creo que he visto poco más que algunos techos y restos de edificios. Manténgase juntos, si van conmigo no les pasará nada porque soy grandioso pero… Rascó su mentón meditabundo, entonces llevando la mirada hacia el Oni para volar nuevamente hasta situarse a unos veinte metros del suelo. El pensó en ir por aire, y dejar que los demás usasen las piernas pero Puchero parecía asustado, y él no quería exponer a su compañero a ningún tipo de susto innecesario, desde arriba podía ver venir las cosas y reaccionar en consecuencia, con más soltura y libertad. — Ambas nos esperan. Mika es una tipa fuerte, fornida, diría que del doble de mi tamaño pero un poco más baja que tú Cuernitos. Es casi tan insoportable como el trovador, debe ser cosa de artistas supongo… Pucca por otro lado es compleja, puede ser muy tierna o una puta mala como ella sola, depende de con quien esté pero por ambas daría la vida en un santiamén lo mismo va por Eele. Nos esperan aquí, en algo llamado Ciudad Pijón o algo así… Subanse, usaré la niebla para mantenerme sigiloso y avisarles si hay moros en la costa mientras avanzan, mantengan la vista atenta por cualquier cosa interesante. Aplaudió creando cuatro galletas, dos para Hanma, una para Vesper y una Eele usando la diestra como una suerte de guía para el movimiento de las plataformas de galleta.
¡Dame unas palmas!
Cambios en estadísticas
Vitalidad:
2169
+
0
=
2169
Energia:
2280
-
36
=
2244
Espiritu:
510
+
0
=
510
Hace 2 horas
El viaje en el crucero no fue largo. Un par de días surcando las olas en los apacibles mares del South blue. Cualquiera hubiese podido disfrutar de la travesía. Cualquiera menos Eele. Tal vez fuera por no ser él el que guiaba el barco, algo típico del que tiene mucha experiencia manejando y le toca ir de pasajero. O tal vez, por la casi incesante música del bardo que les acompañaba, que invitaba a bailar a todo el mundo, algo que Eele detestaba. Sea como fuere, cualquiera que se hubiese podido acercar lo más mínimo al gyojin hubiese podido escuchar el rechinar de sus dientes y algún que otro improperio que se deslizaba entre ellos.
Por suerte para Eele, o para cualquiera de sus acompañantes, a los pocos días pudieron divisar la costa. Bueno, en realidad, lo que se alcanzaba a ver desde el crucero era la niebla que cubría toda aquella isla. Eele no pudo dejar de pensar en lo distinto que era aquello a lo que estaba él acostumbrado. El gyojin había crecido en una isla selvática, llena de vegetación. Aquello era... parecía una isla muerta. Sin embargo, algo en la imagen ante sus ojos le recordaba a los suburbios de Samba. Pensó que se debería al humo que siempre cubría todos los sitios que frecuentaba, daba igual que fuera la jaula de combate que la trastienda de un bar. Todo estaba lleno de humo de tabaco y no se podía ver mucho más allá. Algo dentro de él le hizo sonreír. Cuando al fin desembarcaron, apartó con su bota un par de restos metálicos mientras simulaba saltar a la comba y contestó a las palabras de su compañero. —Así es, bardo. Estoy deseando ver qué opinan ellas de vuestra unión a nosotros-ring. Road profundizó en el tema sobre quién eran sus amigas, tras las preguntas de Hanma. El oni, tras esto se dirigió hacia el gyojin en un tono que Eele percibió como poco conciliador, pero que no le disgustó en absoluto. —Lo mío es el mar, grandote, no la tierra. Pero vamos, viendo como está esto de mierda, seguro que no tienen otra cosa para comer que no sean tornillos y chapa —una sonrisa amplia se dibujó en el rostro de Eele con las siguientes palabras de Hanma, alzó el brazo marcando su bíceps—. Desayuna cuanto quieras. Este estará preparado para cuando desees. Pero antes debemos llevarte ante Mika y estaría feo que no llegases entero. Sus palabras se daban mientras el gyojin subía a la galleta que había creado Road. Normalmente, le gustaría ir andando, o sobre ruedas, pero el terreno en el que se encontraban no era el mejor para rodar lo más mínimo. Tanto clavo suelto y tanta chapa oxidada provocarían pinchazos y heridas por igual. Se sentó sobre la galleta con las piernas y los brazos cruzados. Alzó la vista hacia su compañero lunarian. —¡Ey, Road! Espero que no tardemos mucho en llegar. Estoy deseando ver como reaccionan cuando vean a este par- jabjabjabjab —señaló a Vesper de manera enérgica—. Y tú, bardo. Ni se te ocurra tocar una de esas cancioncitas tuyas.
Esquina de Eele
|