[Pasado] Misión pastelillos... [Priv Aria Aster]
#1
Music 
75 de Verano del año 18, mañana
Isla del Kárate.
El problema de hacer promesas era que, tarde o temprano, uno tenía que cumplirlas..
Vesper, por supuesto, consideraba que aquella regla admitía numerosas excepciones, ya que las promesas hechas bajo los efectos del alcohol, las pronunciadas durante una pelea, las que involucraban cantidades absurdas de dinero o aquellas que uno aceptaba por simple cortesía y luego olvidaba convenientemente... Sin embargo, había una categoría particularmente peligrosa: las que incluían pastelillos gratis.
Y allí estaba él, caminando por las calles de Karate con el laúd colgado al hombro y el estómago dispuesto a recordarle sus prioridades.
-Una invitación es una invitación, aquella chiquilla me debe unos pastelillos y eso es algo sumamente relevante, se podrá jugar con muchas cosas, pero no con los pastelillos de un hombre... o coyote, en fin...- //murmuró, como si necesitara justificar su presencia ante un tribunal imaginario//. -Rechazarla sería una descortesía imperdonable, es más ¡Casi un crimen!- //Aseveró//.
Naturalmente, no tenía nada que ver con que hubiera recordado la sonrisa de Aria al recibir el medallón... Ni con aquel abrazo inesperado que lo había dejado más desconcertado de lo que estaba dispuesto a admitir... Muchísimo menos con la promesa de volver a encontrarse.
No, señor. Vesper Nero tenía asuntos importantes que atender, cuestiones gastronómicas, principalmente... O eso quería pensar.
Mientras avanzaba, sus dedos comenzaron a juguetear con las cuerdas del laúd, arrancando una melodía que había estado ensayando desde la noche anterior. Era sencilla, todavía incompleta, pero tenía algo de aquella conversación bajo las estrellas y cada vez que llegaba al final, cambiaba un acorde y volvía a empezar...
-¡Bah! Demasiado triste para una canción sobre pastelillos, estrellas y promesas... No, sobre pastelillos, recuerda lo importante son los pastelillos...- //seguía hablando en voz alta// (Diablos... ese pastelito... digo, esa chica me tiene pensando en todo menos en lo que debería...)
//Sacudió la cabeza y probó una variación más alegre con el laúd, Esta vez sonrió, satisfecho, antes de continuar su camino silbando//. (Ñenguele, nyejejeje)
Cuando finalmente llegó la cafetería, se detuvo frente a la entrada y observó el establecimiento como si estuviera a punto de enfrentarse a una fortaleza enemiga. Se acomodó el sombrero, se pasó una mano por el cabello y miró de reojo su reflejo en el cristal.
-Muy bien, Vesper... Lo has hecho antes... Entras, saludas, comes y te marchas...- //susurró// (Nada de interrogatorios, nada de discursos y, por todos los mares, nada de regalar estrellas... o... verla a los ojos... ¡Dios, que complicado es...! Recuerda lo que te decia Charlo para estas situaciones:  Paso 1: Hacer que ella sonría... Paso 2: Dile que su sonrisa es muy linda... Paso 3: Invitarla a salir esa misma noche, para que tenga menos tiempo de pensar en lo feo que eres, porque eres feo... Lo digo en serio...) Pensó //Hizo una pausa solo para susurrar// -Maldito viejo cabrón...- 
-Aunque, si tienen tarta de moras...- //La sonrisa volvió a dibujársele en el rostro, mientras empujó la puerta y entró con la naturalidad de quien jamás había dudado de nada en su vida//. 
El tintineo de la entrada anunció su llegada mientras sus ojos recorrían el lugar en busca de una cara conocida, //Fue entonces que la vió... (Ahí fue donde comenzaron mis problemas... esa sonrisa... esa maldita y adorable sonrisa...) pensó para si mismo.
Entonces levantó una mano a modo de saludo mirando a la joven dependienta -¡Buenos días, que honorable establecimiento! ¡Espero que estén preparados para recibir a uno de los clientes más distinguidos de los cuatro mares, el gran Vesper Nero...- //Su discurso se desinfló al verla inspeccionarlo y pensar que se daría cuenta de que consiguió ropas un tanto más adecuadas a la ocasión, sin perder su característico estilo//.
Se acomodó el laúd sobre el hombro y dejó escapar una carcajada.
-Nyejejeje, ahora, la pregunta verdaderamente importante: ¿dónde está mi periodista favorita y qué tan generosa piensa ser con esos pastelillos?- //Terminó esbozando una sonrisa coqueta//.
CONTINUARÁ...


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Vesper_Nero
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#2
Pensó que, una vez hubiera comprado el regalo para Vesper, se quitaría un peso de encima y podría respirar tranquila. Que equivocada había estado. El día anterior había ido a comprar el regalo y desde que lo compró no pudo calmar su intranquilidad. ¿Y si se había equivocado? De por sí era indecisa, dudaba y dudaba y dudaba. No tenía mucha experiencia haciendo regalos, y eso solo empeoraba su situación. Suspiró con frustración mientras ordenaba unos vasos, más centrada en sus preocupaciones que en su tarea. No llevaba mucho tiempo fuera de casa, poco menos de un mes tal vez. Le había costado un poco acostumbrarse a su nueva vida civil, y parecía que justo cuando se había habituado a su nueva forma de vida, volvía a cambiarla. Pero no pudo evitarlo, mientras revisaba qué ropa comprar, vio el vestido y supo, por el tacto de la tela y su composición, que sería tan cómodo de llevar como bonito. Tal vez ese era su lado “Aria” más difícil de dejar. Luna en ese sentido era bastante más simplista. Pero bueno, el vestido también era bastante simple, así que también pegaba como Luna, ¿cierto? No es que estuviera tratando de dar una mejor imagen. De todos modos nada aseguraba que volviera a ver a Vesper en un futuro cercano. Y tampoco es como si Vesper tuviera nada que ver en nada. Simplemente le había gustado el vestido y ya, eso era todo.

El tintineo que anunciaba un nuevo cliente le hizo dar un respingo, y le recordó que estaba en el trabajo y no podía distraerse de ese modo. ¡Debía dejar de preocuparse tanto! En primer lugar, el regalo ya estaba comprado, ya no había nada que pudiera hacer. ¿Y quién sabe?, tal vez ni siquiera volvería a ver a Vesper nunca. Él era un pirata y ella una civil, tal vez, tras despedirse, sus caminos se habían separado para siempre. Así que apartó todas las preocupaciones de su cabeza y se dispuso a saludar al cliente. — Bienvenido… — Se interrumpió a sí misma al notar que quien había entrado no era nadie más que Vesper. No estaba segura de por qué, pero parecía brillar o destacar más que la última vez. Aria aún no se había recuperado de la sorpresa cuando él hizo una de sus características entradas teatrales.

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— ¡Vesper! — Exclamó con emoción, ensanchando su sonrisa sin darse cuenta. — No sabía si realmente vendrías. — Confesó acercándose al mostrador sin borrar su sonrisa. — Será todo un honor atenderte~ — Bromeó haciendo una pequeña reverencia. Vesper también había hecho un cambio de armario, o por lo menos parecía llevar ropa más cuidada que la última vez. La hizo sentir un poco más nerviosa, y más presionada, temerosa de cometer algún error. Hacía tiempo que no se sentía de ese modo, por lo que la pillaba por sorpresa. — Me aseguraré de preparar suficientes como para que puedas llevarte. — Terminó por decir, tratando de no sonar muy nerviosa, aunque dudaba haberlo logrado. Detuvo su mirada sobre el laúd de Vesper unos segundos de más, confirmando mentalmente que el tamaño que ella recordaba era correcto. Eso la hizo sentir relativamente más tranquila. Por lo menos en eso no se había equivocado. — Es una suerte que hayas venido hoy, ayer compré los ingredientes y estuve preparándolo todo por si acaso. ¿Dónde quieres sentarte? ¿Y quieres algo aparte de los pastelillos?, tal vez algo para tomar... — Comenzó a preguntar mientras dejaba el mostrador. Tenía suerte de que trabajara en una cafetería no muy concurrida, por lo menos podrían estar tranquilos.

Entró rápidamente a la cocina, solo para recoger un delantal, y volvió donde Vesper. — Yo invito, por supuesto. — Aclaró mientras se colocaba el delantal sobre el vestido. Se le hacía un poco extraño llevar delantal, podía contar con los dedos de una mano las veces que lo había llevado, pues por lo general no era ella quien cocinaba en la cafetería. Pero bueno, había estado practicando, así que seguramente todo saldría bien. Esperaba que así fuera…





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Apariencia Alter-Ego
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#3
La sonrisa de Aria consiguió que Vesper olvidara por un instante el discurso que había preparado durante el camino. (¡Vaya recibimiento!) pensó el músico parlanchín.

-¡Nyejejejeje! ¡Por supuesto que he venido! ¡Un hombre debe cumplir sus promesas, especialmente cuando involucran pastelillos!- //exclamó, llevándose una mano al pecho//. -Además, rechazar la invitación de una dama tan amable sería una mancha imperdonable en mi historial de caballero... Aunque, siendo sinceros, ese historial ya tiene unas cuantas!- //dijo apenado un poco rascandose la nuca como reflejo involuntario//.

Soltó una carcajada y siguió a Luna con la mirada quien se dirigía a la cocina

-Nyejeje, ¿Así que has estado practicando? ¡Espero que tengas cuidado con los ingredientes! He oído historias terribles sobre cocineros que confunden el azúcar con la sal y provocan auténticas tragedias nacionales... Y no te voy a decir quien fuí porque esa vez me metieron una paliza y no me dejaron regresar a la cocina nunca-

Tras elegir una mesa tranquila, dejó el laúd a un lado y se acomodó en la silla.

-Por cierto, Lunita querida, ¿siempre trabajas aquí por las mañanas? La última vez hablamos de estrellas, promesas y los misterios del universo, pero ni diquiera fuiste a trabajar... y no fue sino hasta el final que eres un dulce pastelillo...Digo...- //Corrigió con un rojo carmesí en la cara// -¡Que preparas dulces pastelillos y que eres repostera! Empiezo a sospechar que tienes más secretos que una isla desierta...-

Sonrió con picardía, sin insistir en la pregunta, //y volviendo a tomar el laúd para afianzarse a algo tras su bochornoso lapsus// Por lo que sus dedos encontraron las cuerdas del laúd y comenzaron a arrancar una melodía suave, todavía incompleta. Era la misma que había estado ensayando durante el camino, aunque aún no lograba encontrarle un final.

-Estoy trabajando en algo nuevo- //comentó, mirandola a ella y después a su instrumento//. -Todavía no tiene nombre, pero estoy seguro de que no será una canción sobre pastelillos...-

Hizo una pausa y alzó una ceja.
-Aunque un buen pastelillo de moras merece su propio himno... ¡Quizá termine revolucionando la música de los cuatro mares!- //Se rio antes de volver la mirada hacia ella//. -Pero cuentame Lunita, como han ido tus nuevos actos de terrorismo poético... Y sí me refiero a que si has vuelto a tener manitas veloces nyejeje- //Dijo mientras la mirada y observaba como se acomodaba su moño esperando una respuesta//.

-En fin..., hoy podemos hablar de lo que quieras o hacer lo que desees, considera todas la alternativas posibles, podríamos hablar de música, de tus investigaciones o de mis extraordinarias desventuras...-

En ese momento toda la cafetería comenzó a oler a pan recien hecho dejando un regusto a moras caramelizadas

En eso Vesper se quitó el sombrero y añadió con una sonrisa traviesa:
-Con ese olor debo advertirte que, pienso declararlos mis favoritos antes de probarlos. ¡Hay que reconocer el talento cuando uno lo ve y lo huele nyejeje!-




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CONTINUARÁ...


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Vesper_Nero
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#4
— ¿Ya has roto promesas?, ¿por qué? — Preguntó con curiosidad mientras recogía su pelo en un moño alto. Chocaba un poco con ella, quien  a veces sentía que solo vivía por su promesa. Descartó el pensamiento de inmediato, había sido una broma y no quería pensar en esa clase de cosas del pasado. Sus problemas existenciales podían esperar a otro momento.

Cuando vio el momento se dirigió a la cocina y encendió el horno. Mientras este se calentaba, sacó la masa que había estado preparando la noche anterior y los rellenos de la nevera. El primero que había hecho y el primero que probaría sería el de moras, pues era el que sentía más cercano. Era perfecto para tomar un poco de confianza. Lo dejó todo sobre la encimera para que estuviera unos minutos a temperatura ambiente y volvió.

Vesper volvía a bromear, esta vez sobre una experiencia suya en la repostería. No pudo evitar reír al imaginárselo en la cocina, ataviado con un delantal. Sin duda alguna parecía más acorde sobre un escenario que entre fogones. — La primera vez que hice una tarta me pasé con el azúcar, la segunda vez la dejé demasiado cruda y la tercera la quemé. — Confesó recordando sus primeros encontronazos con ese mundo. Desde luego, era mucho mejor una tarta quemada que una demasiado dulce. — Pero ya no me han pasado más cosas, así que te puedo asegurar que como mínimo no morirás. — Bromeó mientras acompañaba a Vesper a la mesa que mejor le pareciera. — Ahora vengo. — Volvió a la cocina, dejando a Vesper solo un rato, pues ya debía estar todo listo para comenzar la primera tanda. Le dio forma a los pastelillos y les puso el relleno, por un momento, mientras estaba concentrada en la cocina, incluso pudo olvidar todas las preocupaciones que habían tomado el control de su cabeza. Puso los pastelillos al horno, comprobó la hora y la temperatura, y salió de la cocina con una bandeja con una tetera y dos tazas.

Llegó a la mesa de Vesper y dejó la bandeja sobre la superficie. — El té negro va bien con los pastelillos pero dime si prefieres cualquier otra cosa. — Sugirió mientras repartía las tazas y tomaba la tetera para servirle. Se había asegurado de que hubiera por lo menos una botella de licor en la cafetería y estaba bastante segura de que tenían zumos y cafés por si el té no era de su agrado.

Aria iba a responder mientras servía el té a la pregunta de Vesper, pero el apodo le pilló tan por sorpresa a ella como parecía haberle pillado por sorpresa a él. Dejó la tetera a un lado de inmediato al notar que había derramado un poco de su contenido. — Perdón, lo siento. — Se disculpó rápidamente mientras limpiaba el pequeño desastre. Ni siquiera quería darle un segundo pensamiento al calor creciente en su nuca y mejillas. — Dame un momento. — Casi tartamudeó. Fue a la cocina rápidamente a por un trapo para terminar de limpiar. No estaba huyendo. Claro que no estaba huyendo. Volvió con el mismo apuro y terminó de limpiar. No había sido tampoco gran cosa, lo suficiente como para hacerla sentir incluso más avergonzada. — Tengo turno de mañana, pero muchas veces mi jefe me llama cuando hay más afluencia de clientes. — Explicó tratando de fingir que no había pasado nada. Vesper también parecía avergonzado de todos modos, y Aria no sería quien insistiese en el tema. — Y todos tenemos nuestros secretos, supongo. — Murmuró más para sí misma. A veces desearía ser tan despreocupada como Luna y poder abrirse tan fácilmente a otras personas. — Bueno, hasta Luna tenía secretos... — Pensó distrayéndose por un momento del presente.

Vesper comenzó a tocar con su laúd una nueva melodía y le explicó las intenciones que tenía con este nuevo proyecto suyo. Mientras escogía un regalo para Vesper había descartado una libreta, pero tal vez debió comprarla por si acaso. — ¿En qué te estás inspirando para esta canción entonces? — Preguntó con curiosidad y un poco más tranquila. No estaba segura de por qué, pero no ser la única nerviosa por lo anterior le hacía sentir mejor. — ¿Y cómo sueles trabajar a la hora de componer una canción o un poema? ¿Eres del tipo de improvisar o...? — Tal vez tendría que contemplar la libreta para un futuro regalo.

Escuchar sobre el altercado con el cartel revolucionario le hizo sentir un poco expuesta y desvió la mirada algo avergonzada. Cierto, había hecho eso, que imprudente y tonta había sido, no podía ser tan descuidada. — En realidad, ayer también fui a buscar algo para ti, un regalo. — Aclaró mientras se acariciaba el brazo como consecuencia de su inseguridad y nerviosismo. — Yo no soy tan hábil como tú, así que lo compré, pero sí que robé una pequeña cosa.  — Explicó con una pequeña sonrisa nerviosa, ni siquiera ella misma sabía por qué había hecho eso. Dudó un poco, bastante en realidad, pero finalmente tomó asiento en una de las sillas. — Claro que no sé si te gustarán o si los necesitarás. — Añadió con rapidez, desviando la mirada a un lado y claramente avergonzada. Una parte de sí misma estaba deseando entregar el regalo ya, y la otra estaba demasiado asustada como para hacerlo. Agradecía, en parte, que el regalo estuviera en su casa y no en la cafetería, eso le daba algo de margen.

Poder escoger sobre lo que hacer le pillaba un poco por sorpresa, la verdad es que no había pensado en nada. Había estado demasiado preocupada por el regalo y los pastelillos. — Si tienes alguna historia para contar estaría encantada de escucharla. — Propuso Aria con una gran sonrisa. Nunca diría que no a una historia. En ese momento el olor de los pastelillos le indicó que debía sacarlos del horno. Vesper volvió a actuar con su teatralidad, declarándolos sus favoritos sin siquiera haberlos probado. Ella no pudo evitar sonreír algo avergonzada. — No te apresures con tu veredicto, por favor. — Pidió con una sonrisa y un tono un poco débil. La expectación del pirata solo lograba hacerla sentir más emocionada y presionada a partes iguales. ¡No podía cometer ningún error! — Dame un momento, enseguida los traigo. — Se levantó de la mesa y se apuró a ir a la cocina. Sacó los pastelillos del horno, rezó porque todo estuviera bien y llevó el plato con los pastelillos a la mesa. — ¡Espero que te gusten!

Aria esperó la reacción de Vesper antes de volver a la cocina para preparar la siguiente tanda. ¿Crema o chocolate? Tal vez iría primero por la crema y dejaría el chocolate para lo último. Entró de nuevo en la cocina y comenzó a preparar los pastelillos. Una vez los puso en el horno, revisó la hora y volvió a la mesa.




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#5
Vesper tomó el pastelillo de moras con la solemnidad de un juez a punto de dictar una sentencia capaz de cambiar el destino de los cuatro mares. //Le dio un mordisco y guardó silencio durante unos segundos// examinó el relleno con una expresión exageradamente seria.

-...- //Sus ojos se iluminaron tras dejar atrás la fachada de seriedad//. -¡Nyejejejeje! ¡Delicioso! ¡Una auténtica obra maestra! ¡Dulce sin ser empalagoso, con ese toque de moras que...! //Se interrumpió para darle otro mordisco// -...que definitivamente justificaque seas mi repostera favorita en todo el mundo!!.- //Levantó el pastelillo a modo de brindis hacia Luna//.

-Mis felicitaciones, señorita repostera, si sigues cocinando así, tendré que reconsiderar mi carrera como pirata y abrir una cafetería. Aunque necesitaría un nombre llamativo... ¿Qué te parece "El Coyote aullando a la Luna"? ¡Podría servir café, vender pastelillos y estafar a los clientes con una sonrisa encantadora!- 

Soltó una carcajada antes de dejar el pastelillo sobre el plato mientras luan iba a la cocina comenzó a contestar sus preguntas. Sus dedos regresaron al laúd y retomaron la melodía que había estado tocando.

-¿Mi inspiración? Hummm... Buena pregunta, Lunita.- //Pulsó un par de notas, dejando que la música llenara los silencios entre sus palabras//. -Normalmente empiezo con una frase, una imagen o alguna tontería que escucho en una taberna. A veces basta con una botella de ron y una discusión sobre quién tiene el peor peinado de los mares. ¡No te imaginas las maravillas musicales que puede producir una conversación semejante!- 

Sonrió, aunque su expresión se volvió ligeramente más pensativa.
-Aunque...Otras veces, una canción aparece después de conocer a alguien, después te quedas pensando en algo que dijo, en una historia que contó... y, cuando te das cuenta, tienes una melodía dando vueltas en la cabeza como un marinero borracho que no encuentra su estrella del norte...- //Sus dedos se detuvieron sobre las cuerdas//.

-Esta comenzó hace unas noches... Todavía no sé qué quiero contar con ella, supongo que estoy esperando a descubrirlo...- Por un instante pareció dispuesto a añadir algo más, pero terminó encogiéndose de hombros.

-¡Aunque, si acaba siendo una tragedia musical, siempre puedo culpar al exceso de azúcar! Pero... ¡Es un riesgo que todo gran artista debe asumir!- //La sonrisa traviesa regresó a su rostro//.

-Por cierto, has mencionado que compraste algo para mí y que además robaste una cosita. ¡Vaya, vaya! Resulta que mi periodista favorita está desarrollando una peligrosa carrera criminal.- //Se llevó una mano al mentón, fingiendo preocupación//. -Primero un cartel revolucionario, ahora un misterioso objeto robado... A este paso, terminarás teniendo una recompensa más alta que la mía...(Aunque no tengo ninguna, por otro lado, no esperaque traiga algo para ella, así que seguro que le encantará...) Pensó por un momento -Aunque debo aceptar que no tendría inconveniente en compartir mi escondite contigo si sigues siendo tan peligrosa...-

Vesper no tuvo oportunidad de continuar con sus bromas, un golpe seco contra la puerta interrumpió la conversación. La madera se abrió con brusquedad y un hombre de rostro curtido entró en la cafetería; su ropa estaba desaliñada, llevaba el ceño fruncido y tenía la expresión de quien llevaba demasiado tiempo acumulando mal humor y había decidido descargarlo con el primer desafortunado que encontrara.

Miró el local, después las mesas y finalmente el mostrador.
-¿Qué demonios? ¿No hay nadie atendiendo aquí?- 

Vesper alzó las cejas y miró alrededor, como si esperara encontrar a un ejército de camareros escondido detrás de las paredes.
-Vaya, parece que hoy tenemos una visita distinguida... Con usted señorita le presento a un cavernicola traido desde las cavernas- 

El hombre ignoró el comentario y se acercó al mostrador. Echó un vistazo a los pastelillos de nuestra mesa y golpeó la superficie con los nudillos mirando a Luna.

-¡Eh, tú chiquilla! ¿Cuánto tiempo tengo que esperar para que me sirvan algo? Llevo un buen rato buscando dónde comer y no pienso perder toda la mañana aquí-

Vesper dejó el laúd sobre la mesa, se puso alerta procurando que Luna no se preocupara, aunque mantuvo una sonrisa despreocupada.
-Bueno patán, si buscas algo que llevarte a la boca, te recomiendo los pastelillos de moras. Son excelentes, pero... si buscas una pelea, en cambio, me temo que el menú de hoy no incluye esa especialidad.-

Vesper soltó una risita, pero esta vez no consiguió aligerar el ambiente. El desconocido apretó la mandíbula y se acercó un paso más a la mesa.

-Escúchame bien, imbécil. No he venido hasta aquí para aguantar las tonterías de un músico de pacotilla-.

La sonrisa de Vesper no desapareció, aunque sus ojos perdieron parte de su expresión juguetona, conocía esa clase de tipos aquellos que confundían levantar la voz con tener autoridad y que parecían necesitar un público para sentirse importantes.

Se acomodó el sombrero y apoyó un brazo sobre la mesa.
-Entonces tenemos algo en común imbécil. Yo tampoco he venido hasta aquí para escuchar tus quejas. He venido por unos pastelillos, una taza de té, una mañana tranquila y por mi persona preferida, hasta hace unos momentos, todo iba de maravilla.-

-¿Te estás burlando de mí, payaso?- //El músico abrió la boca para responder, pero el desconocido reparó en las dos tazas de té y los pastelillos sobre la mesa, mientras una sonrisa burlona apareció en su rostro//.

-¡Ah, ya entiendo! Disculpen, tortolitos. No sabía que estaba interrumpiendo una cita.-

//Vesper parpadeó, sorprendido//. -¿To... tortolitos?- -¿Qué pasa? ¿Te da vergüenza que hable de tu chica?- -¿Vergüenza? ¡Por favor! ¡Soy Vesper Nero, el hombre que podría conquistar los cuatro mares con una canción y una sonrisa!- //Se llevó una mano al pecho, teatral//. -Aunque conquistar a alguien es mucho más complicado que conquistar una taberna...-

La última frase se le escapó casi por accidente. //Vesper al darse cuenta carraspeó y tomó su taza para disimular//.

El hombre soltó una risa burlona y miró a Luna.
-¡Oye, señorita! ¿Vas a atenderme o tu novio tendrá que pedir por ti?- //La sonrisa de Vesper se apagó // -Luna puede decidir por sí misma, ESTÚPIDO. Y usted puede largarse del establecimiento en paz sin necesidad de comportarse como un perro rabioso-

-¿Qué has dicho, imbécil?- //Vesper se levantó de la mesa apoyó su mano en su cintura tentando el sahumerio y sostuvo su mirada, mientras el pelaje y su fisonomía comenzó a cambiar a la de un hombre coyote// volvió ligeramente la cabeza hacia Luna, dejándole espacio para intervenir mientras esperaba a ver qué haría el desconocido.
CONTINUARÁ...


[Imagen: VJzjPcg.png]



Vesper_Nero
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#6
Aria contuvo la respiración mientras Vesper probaba el pastelillo. — ¿No he olvidado nada, verdad? — Se cuestionó internamente al ver la expresión seria de Vesper. — Harina, levadura, leche… — Comenzó a enumerar mentalmente todos los ingredientes y pasos que había utilizado, pero se detuvo al ver a Vesper sonreír. Y después, casi en cascada, llegaron los halagos. — Gracias, gracias, me alegro de que te guste. — Murmuró avergonzada. Aún no lograba acostumbrarse a eso.
Pudo respirar tranquila cuando Vesper continuó hablando, con bromas y respondiendo a todas sus preguntas. Aria negó con la cabeza ante su insinuación de obtener una recompensa alta o una carrera criminal. — No por favor, solo quiero ser periodista. — Pidió con una pequeña sonrisa. Casi había entrado en pánico al ver a un único marine, no quería ni imaginarse ser perseguida por todos ellos. — Y papá me mataría si eso ocurriese. — Un escalofrío recorrió su espalda ante la posibilidad y negó rápidamente. — No puedo morir aún, no he cumplido mi promesa. — Se dijo a sí misma.

Antes de poder abrir la boca, un estruendo le hizo dar un pequeño salto del susto. Al voltearse, vio que se trataba de un cliente que estaba comenzando a ponerse agresivo. Vesper respondió más rápido, pero más que calmar la situación, enfadó más al otro cliente. El “mi persona preferida” le hizo volver a ruborizarse y casi perder la voz. Ambos continuaron discutiendo, lo que le permitió a Aria calmarse un poco. Podía tratar con lo que había dicho Vesper más adelante, una vez no hubiera un cliente molestando en la cafetería. Al fin y al cabo, seguía trabajando.
La situación escaló incluso más rápido cuando Vesper se levantó y se transformó en su forma híbrida de coyote y llevó la mano a su cintura. Era la primera vez que lo veía en su faceta más de “pirata”, ya que hasta ahora había visto más su lado artístico. La confianza que parecía exudar le recordaba a la forma de Luna de combatir: rápida, impetuosa y atrevida. — Las personas fuertes son, indudablemente, geniales. — Pensó con admiración y una sonrisa. — No, no se puede pelear en una cafetería, no mientras estoy trabajando. — Se regañó mentalmente y se vio obligada a intervenir. Muchas veces, la diplomacia podía evitar derramamientos de sangre innecesarios.
— Les ruego que se detengan, por favor. — Pidió en un tono de voz calmado. — Una cafetería no es lugar para peleas, hay otros clientes que les gustaría disfrutar de una mañana tranquila. — Se volteó al cliente revoltoso y continuó hablando. — Discúlpeme si pareció que estaba siendo ignorado. Estaba tomando mi descanso, pero puedo atenderle de inmediato. Acompáñeme por favor. — Comenzó a caminar en dirección a una mesa libre. Le dio una corta mirada a Vesper tratando de disculparse por la situación. No quería meterlo en problemas, esa era su responsabilidad.
El cliente refunfuñó, con el ceño fruncido, pero un poco más tranquilo al recibir la “victoria”. — Que no vuelva a pasar. — Advirtió con una pequeña sonrisa triunfante.
— Le traeré la carta en un momento. — Dijo Aria una vez el cliente se sentó en su mesa. El cliente hizo un gesto con la mano, como despachándola, y ella volvió a la cocina. Revisó los pastelillos y se alegró de que no se hubieran quemado. Los emplató y salió de la cocina. Pasó por el mostrador y tomó una carta para el cliente agresivo.

Llegó primero con el pirata. — Disculpa las molestias, Vesper. — Pidió en un murmullo, un poco culpable por haber arruinado el ambiente. — De vez en cuando pasan este tipo de cosas. — Dejó el plato con los nuevos pastelillos, los de crema. — Espero que también te gusten, estoy contigo en un momento.
Volvió a la mesa del otro cliente y le entregó la carta.
— Tardas mucho. — Acusó el hombre, dándole una fiera mirada a Vesper.
— Estoy sola esta mañana, así que es posible, agradezco su paciencia. — Respondió con diplomacia prácticamente de inmediato.
El hombre bufó y tiró el menú sobre la mesa sin siquiera darle una ojeada. — Quiero lo mismo que tu novio.
Aria se contuvo de suspirar y ni siquiera se molestó en corregir al hombre, solo empeoraría la situación. — Puedo ofrecerle el mismo té negro, pero los pastelillos no están en el menú, y no tengo ingredientes suficientes.
El cliente volvió a fruncir el ceño. — ¡Él está comiendo!, ¿por qué yo no podría?
— Disculpe, al no estar en el menú, he preparado una cantidad limitada solo para probar. — Respondió lo que su jefe le había sugerido decir si alguien preguntaba cuando ella le pidió permiso para hacer los pastelillos. — No puedo hacer más, y como comprenderá no puedo arrebatarle la comida a otro cliente. 
El otro hombre no le permitió continuar. — ¡¿Estás tratando de burlarte de mí, chiquilla?! — Exclamó furioso mientras se levantaba de la silla, de algún modo tratando de utilizar su altura como amenaza.
Aria entró en pánico por un segundo, pero logró mantener la fachada de tranquilidad. — Por favor, cálmese, una cafetería no es lugar para esto. — Trató de mantener la situación controlada. — Puedo ofrecerle otra cosa de la carta…
El hombre no la dejó terminar y la agarró por el cuello del vestido con furia. — ¡Si no hay, entonces hazlos!
— ¿Qué esperaba que dijera ese idiota? ¿O es que esperaba que los creara así de la nada? — Aria trató de liberarse del agarre, pero nada, no tenía fuerza suficiente. — Como he dicho, nos hemos quedado sin existencias. Pero si quiere puedo reservarle para mañana.
— ¡Los quiero ahora!
— ¡Qué frustrante! — Pensó Aria cada vez más molesta. Tenía las manos libres, por lo que tenía acceso fácil a la pistola que escondía bajo su vestido. Sin embargo, tampoco quería utilizarla, era una medida demasiado desproporcionada. ¿Quedaría alguna posibilidad mediante la diplomacia? Lo único que le quedaba era llamar a su jefe por algo de ayuda, pero estaba en una posición difícil.




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#7
La amabilidad de Vesper se había desvanecido desde el momento en que aquel sujeto comenzó a levantar la voz tomando su lado más salvaje y protector como una alerta. Pese a eso, el coyote había procurado mantenerse al margen, confiando en que Luna podría resolver el asunto a su manera, después de todo, estaba trabajando y él no tenía intención de convertir una mañana de pastelillos en un desastre.
Pero entonces el hombre la agarró del vestido...
-...- //Vesper solo pudo abrir los ojos con una rabia contenida hacia el sujeto, pero sin dejar de observa el ultraje que había cometido//. 
Después de todo era de Luna de quien estabamos hablando y el músico haría todo por protegerla, pero claro... estaban en su local, en su horario laboral y encima había un marine solitario observando todo, le daba asco tener a un marine en el café, pero por luna podría hacer una excepción a eso, aunque no se iba a quedar de manos cruzadas, por lo que actuó.
-Oye, grandísimo hijo de...- No terminó la frase.
En un movimiento brusco, Vesper se abalanzó sobre el sujeto y le soltó un puñetazo con toda su fuerza, obligandolo a soltar a Luna. //El impacto lo hizo retroceder y, finalmente, liberar el vestido de la muchacha//.
-Creo haber escuchado claramente y creo que dijo que ¡¿Dijo que te soltaras, pedazo de mierda?!-
La silla cayó al suelo cuando Vesper avanzó tras él, ya no había bromas, sonrisas pícaras ni comentarios sobre pastelillos... Solo un coyote furioso que acababa de perder la paciencia,  //El hombre apenas tuvo tiempo de recuperar el equilibrio antes de que Vesper volviera a lanzarse contra él, derribándolo//. El pirata quedó encima, con el puño levantado y los dientes apretados.
-¡Te voy a enseñar a no volver a ponerle una mano encima a...!-
Se detuvo un instante, respirando agitadamente, con el puño todavía suspendido sobre el sujeto. Toda la rabia que llevaba dentro parecía concentrada en aquel golpe que estaba a punto de descargar. Pero fue entonces que un pensamiento rondó por su cabeza (...No estás solo...) 
Luna seguía allí, Vesper giró ligeramente la cabeza hacia ella, aunque la furia continuaba dibujada en su rostro, sus dedos aún cerrados, su mandibula trabada y sus músculos tensos, vaciló.
-Lunita...-
Su voz salió mucho más baja de lo habitual, volvió la mirada hacia el hombre y hacia el marine que los miraba atento a la circnunstancia. Vesper permanecía arriba de él, y después miró a Luna una vez más. Lentamente, el puño comenzó a descender,no llegó a golpearlo.
-Maldita sea...- //masculló entre dientes, mientras se incorporó de golpe y se apartó del sujeto, sin ofrecerle la mano ni dedicarle una última amenaza//. Recogió la silla del suelo y se acomodó con un movimiento brusco en ella.
-¡Nyejejeje...!- //Intentó reírse mientras volvia a su forma humana, pero la carcajada no terminó de salir//. -Bueno... Quiero que quede claro que uno intenta desayunar tranquilamente con la mejor compañía que pude dar esta isla y termina protagonizando un espectáculo gratuito...- //Miró al marine que estaba al fondo de la cafetería viendo todo y lo interpeló con cierta astucia aunque con una mirada que aun reflejaba el enojo y su debida contención// -¡Caballero!, espero que haya visto quién empezó todo... Yo solo vine por unos pastelillos y como catador de un nuevo producto de esta notable cafetería y terminé defendiendo el honor de la repostera actuando en su defensa ante este imbécil...- //Dijo mientras daba una patada disimulada a la cara del sujeto que seguía en el suelo//.
Fue entonces cuando miró a Luna, todavía con la respiración agitada, auqneu ahora su expresión se suavizó.
-¿Estás bien?- //Dijo de forma caballerosa y remató con una pequeña broma...// -Lunita, creo que nuestro desayuno no tenía planeado este intermedio… ¿Te parece si seguimos con la degustación? O quizás sea mejor idea conseguir un abogado...-
//Dijo ofreciendole la mano a Luna para que se sentara de nueva cuenta a su lado mientras el marine sorprendentemente hacía su trabajo a unque este último interpeló a Luna para saber que hacer con el rijosos//.
CONTINUARÁ...


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Vesper_Nero
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#8
Aria perdió el equilibrio y cayó al suelo cuando Vesper repentinamente golpeó al molesto cliente. Se sintió un poco aliviada de no tener que sacar la pistola, pues no quería que escalara tanto. Mientras Vesper le gritaba al cliente, Aria se levantó del suelo y se alejó un poco. — Tal vez deba aprovechar la oportunidad para llamar al jefe. — Pensó dándole una mirada rápida a la cocina.
Vesper se abalanzó contra el cliente y se subió sobre él, dispuesto a golpearlo. Ella no estaba segura de cómo debía reaccionar. Sonaba furioso, algo muy raro en alguien tan risueño como él. Sus dedos temblaron ligeramente mientras Vesper se preparaba para dar otro golpe. Pero entonces pareció perder fuerza y la miró. Parecía preocupado. Aria se tranquilizó un poco al comprender que no estaba peleando por estar enfadado, porque la situación le hubiera molestado, o por mera frustración. Estaba peleando por ella, estaba protegiéndola.

Vesper finalmente desistió de seguir golpeándolo, se levantó de encima del cliente, con más resignación que otra cosa y volvió a colocar bien la silla que se había caído. Aria dejó escapar una sonrisa mientras limpiaba el té que se había derramado. No pudo evitar pensar que parecía un poco un niño regañado.
El pirata se sentó y comenzó a hablar con un marine, de nuevo, con sonrisas y sus bromas. Aria no había visto llegar al marine, lo recordaría. Debía haber entrado hacía poco, tal vez mientras ella estaba en la cocina. Le dio una corta mirada al marine mientras Vesper hablaba con él y de inmediato la apartó para continuar con su tarea de recolocar las cosas de la mesa. Nada más había sufrido daños, pero cualquier excusa era buena para no tener que ver más veces de las necesarias ese símbolo.

Dio un pequeño respingo cuando Vesper dejó de hablar con el marine para preguntarle a ella si estaba bien.
— Estoy bien, muchas gracias por tu ayuda. — Respondió con una pequeña sonrisa. No podría relajarse hasta que la marina no estuviera bien lejos. Dio otro vistazo hacia el marine, quien estaba encargándose del cliente molesto. Parecía que estaban discutiendo desde su lugar. — Lamento que haya pasado esto. — Se disculpó aceptando la mano del pirata y evitando dar otra mirada al marine. Sabía que no estaba siendo especialmente discreta frente a Vesper, pero sorprendentemente estaba comenzando a no importarle demasiado.
— Disculpe, señorita. — Se acercó el marine a su mesa, con el cliente molesto aun refunfuñando derrotado a sus espaldas.
Aria sintió como si todo el oxígeno desapareciese de sus pulmones. Sin soltar la mano de Vesper, se giró ligeramente hacia el marine. Sentía el pánico inundando su cuerpo poco a poco. De algún modo, el gigante marine había sido más fácil de llevar. Tal vez porque era gigante, era algo un poco irreal. Pero este era un marine como los que había visto desde que era pequeña. No podía evitar escuchar su voz interna gritarle que huyera sin mirar atrás. — Vesper es un pirata. — Pensó alarmada, recordando que incluso tenía una recompensa según él mismo le había contado. Dudó por un segundo, por nada del mundo quería ponerse voluntariamente en el punto de mira de un marine. Sin embargo, Vesper era quien realmente corría peligro si el marine descubría quién era. Dio un paso adelante, colocándose frente a Vesper para “taparlo” del marine de la forma más natural que pudo. — Le agradezco por todo. — Dijo un poco toscamente.
El marine hizo un gesto con la mano, como quitándole importancia. — No es nada. — Descartó impasible. — ¿Qué le gustaría hacer?, ¿quiere poner alguna denuncia?
Aria negó con la cabeza rápidamente. — No, no hace falta. No quiero más problemas.
El marine asintió con la cabeza, casi desinteresado. Se movió a un lado para darle un vistazo más de cerca a Vesper, pero Aria se interpuso en su campo de visión igual de rápido.
— ¿Necesita algo más? — Preguntó, tratando de forzar el final de la interacción.
El marine pareció desistir. — No. — Hizo un pequeño asentimiento con la cabeza a modo de despedida y se alejó.
Aria se desinfló casi de inmediato, y solo entonces notó que sus manos estaban temblando. — Peligro superado. — Pensó dejando escapar un suspiro.

Volvió a voltearse hacia Vesper, notando entonces que seguía de la mano de este. — ¡Perdona! — Se disculpó rápidamente, dejando ir su mano como si se hubiera quemado. — Muchas gracias por ayudarme. — Sonrió, un poco débilmente. El temor aún se estaba desvaneciendo lentamente. — Aunque deberías tener más cuidado, habrías estado en peligro si te hubieran reconocido. — Se cruzó de brazos, con una expresión entre la preocupación y el regaño. 
Se sentó finalmente al lado de Vesper y dejó escapar un suspiro sin darse cuenta. Toda la situación le había dado un poco de dolor de cabeza, especialmente el marine. Y solo le frustraba más el pensar que iba a tener que encontrarse con muchos más en su viaje. — De verdad te lo agradezco, parece que siempre termino endeudándome contigo. — Terminó con una sonrisa, un poco más tranquila.




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#9
Vesper siguió con la mirada al marine hasta que este se alejó, solo entonces soltó el aire que había estado conteniendo y se acomodó el sombrero.

-¡Uffffffff! Por un momento pensé que tendría que explicar por qué un pirata tan curioso como yo estaba metido en semejante desastre... Aunque, debo admitir que no todos los días uno tiene la fortuna de ser confundido con uno de esos enamorados... Por lo general solo me dicen... TÚ BORRACHO ASQUEROSO PAGA ESAS COPAS, TOCA OTRA CANCIÓN, o solo Vesper, alejate de ahí vas a romper algo...-  //Soltó una risilla y ladeó la cabeza hacia ella//.

-Nyejeje, aunque no voy a negar que la idea tiene cierto encanto.- //Su mirada descendió un instante hacia las manos de ambos, recordando cómo ella había sujetado la suya y cómo después ella la soltó apresuradamente. (Eran muy suaves...) pensó para si mismo por un momento.

-Por cierto…- //comentó con una sonrisa traviesa//. -No sabía que tomarme de la mano era una actividad tan peligrosa... ¡Y yo que estaba empezando a acostumbrarme! Digo igual la quitaste porque tengo las manos algo rasposas, no te culpo, es lo malo de haber sido aprendiz de carpintero en mi juventud, había días en los que incluso podia lijar con la palma...-

Se llevó una mano al pecho, fingiendo una pequeña herida en el orgullo, antes de dejar escapar una carcajada, sin embargo, la expresión se le suavizó al recordar lo ocurrido.

-Hablando en serio, perdona si te asusté, no me gusta trasnformarme... no así, no ser una bestia salvaje..., pero no me gustó nada ver que ese tipo te ponía las manos encima...-

Hizo una breve pausa y después señaló los pastelitos que aún quedaban sobre la mesa.

-Bueno, parece que todavía tenemos algunos supervivientes y sería una pena dejarlos aquí después de semejante aventurita, aunque tambipen eso me abrió el apetito porque transofrmarme me quita mucha energía... ¿A tí no te pasa? Ya sabes hacer un esfuerzo y que de repente se te abra el apetito? Oh, por cierto, fuiste muy valiente al cubrirme de ese marine... sí... te saco un poco de altura, pero eso no quita que fuera algo que valoro mucho...-

Dijo para después tomar un pastelillo y dalre un mordisco, cerrando los ojos con exagerada satisfacción.

-Mmm… Definitivamente, esta cafetería está llena de dulces peligros...- //Dijo el trovador viendo a Aria con un guiño//

Posteriormente su expresión se volvió un poco más seria y sosteniéndole la mirada, dejó aparecer una sonrisa más tranquila, aunque no menos pícara.

-Pese a todo este siento que de momento ha sido una mañana tranquila y quién sabe… quizás eso termine haciendo que venga por aquí más seguido... Despés de todo no está de mas tener un perro de seguridad, solo como un guarda de seguridad, Nyejejeje, no es disgusto para mi cuidar a la mejor repostera, periodista y revolucionaria de isla karate...-

No añadió nada más, se limitó a darle otro mordisco a su pastelito, como si aquel comentario no tuviera mayor importancia, aunque su sonrisa parecía sugerir lo contrario.

-o ¿tú que piensas Lunita? No me gustaría que este altercado te hubiera afectado...- //Fue así como casi de forma insitintiva y sin pensar mucho tomo a la chica y la abrazó dejandola recostandose en su hombro// (ESPERA... ¡QUÉ HICE! Bueno... Prefiero tenerla así a que otro marinero de agua estancada le vuelva a tocar tan siquiera el delantal..., además huele rico... Pero... ¡SUELTALA ANIMAL! VA A PENSAR QUE SOY UN RARO, bueno, ya lo sabe... PERO MÁS...) //Pensó, solo para soltarla al momento//.

-Perdón... Sigo un poco alterado...-

Dijo solo para esperar la reacción de luna y esperar a ver si continuaban su almuerzo.
CONTINUARÁ...


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Vesper_Nero
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#10
Aria negó rápidamente la cabeza cuando el acto reflejo de apartar la mano fue malinterpretado por Vesper. — No, no es eso. — Respondió casi de inmediato. — De donde vengo habría sido visto como extraño, en unas pocas horas se habrían esparcido cientos de rumores… — Murmuró negando lentamente con la cabeza. — Y seguramente Luna sería el centro de todos ellos. — Pensó sonriendo con un poco de añoranza. — ¿Y cómo es que un aprendiz de carpintero termina convertido en pirata? — Cambió de tema con rapidez. — ¿Fue antes de conocer a tu padre?

Vesper se puso un poco más serio y se disculpó por asustarla con su transformación.
— Me sorprendiste un poco, la verdad. — Reconoció con una pequeña sonrisa. — ¡Pero estuviste genial! — Alzó el pulgar hacia arriba con una sonrisa un poco torpe. No quería que se sintiera mal después de haberla protegido. — Es la primera vez que te veo actuar más como un pirata. ¡Eres muy fuerte!

Ensanchó su sonrisa cuando vio a Vesper comiendo los pastelillos y dando a entender que le gustaban. — Ya veo, conque transformarte gasta energía. — Anotó mentalmente la información. — ¿Mantener la transformación también te cansa? — Preguntó con gran curiosidad, olvidando momentáneamente todo lo demás.
Vesper entonces bromeó sobre convertirse en seguridad de la cafetería y Aria no pudo evitar reír ante la idea. — Puedes pasarte siempre que quieras, estaré encantada de recibirte. — Respondió respaldándose un poco en la confianza que le ofrecía ser Luna.

De repente, Vesper la acercó y abrazó. Instintivamente se tensó. Por un momento, casi pudo sentir la mirada reprobadora de su padre en su nuca. — Soy Luna. — Se repitió a sí misma y se permitió bajar los hombros. — Es cálido. — Pensó, un poco incómoda por el repentino contacto. Estuvo a punto de apartarse, pues no era “lo correcto”. Sin embargo, no se atrevió ni a moverse ni a corresponder el abrazo, y Vesper se alejó antes de que ella pudiera elegir entre el miedo a arrepentirse y el miedo a equivocarse.
— Está bien. — Trató de tranquilizar a Vesper, quien parecía un poco preocupado. Un poco avergonzada, se ajustó el moño, o por lo menos lo pretendió. — Aguarda un momento. — Pidió tras unos segundos de silencio.

Entró a la cocina y comenzó a preparar la última tanda de pastelillos: los de chocolate. Los metió en el horno y le dio un último vistazo a su horario. Salió de la cocina, atendió a los pocos clientes que había y necesitaban su atención y regresó con Vesper. — Tengo una última tanda y habré terminado. Espero que también te gusten. — Comenzó a hablar con una sonrisa un poco nerviosa. — Dentro de poco llegará mi compañera a hacerme el relevo así que estaremos un poco más tranquilos. — Dudó un poco, pero finalmente se permitió robar uno de los pastelillos de crema. — Tendrás que decirme cuáles han sido tus favoritos cuando los hayas probado todos. — Pidió tras darle un primer bocado al pastelillo. — Definitivamente, estos son mis favoritos. — Pensó con una sonrisa satisfecha.

Aria estaba a punto de acabarse el pastelillo cuando escuchó una voz conocida a sus espaldas.
— Vaya, vaya, vaya. Así que comiendo en horario laboral… — Bromeó su compañera con una sonrisa socarrona. Era una chica joven, de pelo ondulado anaranjado y ojos del mismo color. Llevaba un vestido simple y corto blanco con una cinta naranja atada a la cintura y unos pendientes de zanahoria.
— Prometo que el jefe me dio permiso. — Respondió rápidamente Aria.
— No me extraña, nunca te tomas días libres. Esto es lo más cercano, no podría haberse negado. — Desvió entonces la mirada a Vesper, pareció entender algo en su cabeza y sonrió con picardía, sin embargo, escogió no decir nada sobre eso por el momento. — Un placer y gracias por obligar a nuestra niña a descansar un poco. A mí no hay forma de que me haga caso. Puedes llamarme Naru, por cierto. — Volvió a voltearse hacia Aria y extendió la mano, como pidiendo algo. Aria sin embargo se quedó quieta sin hacer nada. Naru terminó por suspirar. — Tu delantal. — Verbalizó al ver que no se estaba haciendo entender. — Tu trabajo ha terminado por hoy. — Dijo sin borrar su sonrisa en todo momento.
Aria obedeció, se quitó el delantal y se lo dio a su compañera. Esta se dio media vuelta y se dirigió hacia la cocina a paso tranquilo y tarareando. — Aún hay unos pastelillos en el horno. — Advirtió al verla alejarse. Ella solo alzó la mano a modo de respuesta y desapareció en el umbral de la cocina. — Parece que nos hemos quedado tranquilos antes de lo esperado. — Añadió Aria, hacia Vesper esta vez, mientras se deshacía el moño. Aun se sentía un poco culpable por el asunto del abrazo, por no haberlo correspondido a tiempo. Tal vez con el regalo podía compensarlo un poco. — Si quieres después podemos pasar por mi casa y te doy el regalo. Y luego podemos dar un paseo, si quieres. — Sugirió aún un poco insegura sobre el asunto.




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