[Pasado-Fic] Una pequeña biblioteca
#1
Hace ya 24 años, en la pequeña aldea de Gosa, un joven panda ayudaba a su madre con las tareas de la biblioteca. Dichas tareas consistían en la reordenación de los libros que los usuarios dejaban en las mesas o que devolvían tras habérselos llevado en préstamo. El joven panda, que por aquel entonces debía de medir ya algo más de metro ochenta, se paseaba por entre las estanterías del establecimiento mirando fijamente el lomo de los libros, donde tenían anotado un código que servía para ordenarlos. En cuanto encontraba el hueco al que pertenecía un libro en cuestión, lo colocaba. Cuando terminaba de hacerlo, regresaba al mostrador, donde estaba su madre lista para atender a cualquier usuario que entrase por la puerta principal. Siempre que Max regresaba, le daba una tarea nueva. Si no estaba ordenando, estaba colocándole la etiqueta a los libros nuevos que habían comprado por petición de los habitantes del pueblo (o sencillamente porque los consideraban de interés). Si no estaba haciendo eso, estaba anotando los más recientes ejemplares en el libro de registro, donde constaba todo lo que tenía la biblioteca. Y si ninguna de aquellas tareas era ya necesaria, Max cogía una escoba y empezaba a limpiar toda la biblioteca, pasillo a pasillo. Al final de las jornadas su madre, Anastasia, le daba un beso en la frente y lo acompañaba hasta casa, donde juntos preparaban la cena y esperaban el regreso de su padre. La tranquilidad solía terminar ahí, ya que Maximiliano Sr. era un hombre (panda) ya algo entrado en años, jubilado de la marina, bastante ruidoso y contrario a todo lo que había demostrado ser Max hasta la fecha. El padre tenía la esperanza de que el hijo empezase a mostrar interés por la marina tarde o temprano, pero eso era algo que nunca llegaba.

Max siempre estaba pensando en libros. A veces soñaba que se convertía en uno y que sus brazos eran la cubierta y la contracubierta. Al abrirlos, del interior de su cuerpo surgían infinidad de páginas en blanco, aunque en las primeras ya podía apreciarse algo de letra. Se trataba, supuso en aquel entorno onírico, de su historia. Todavía estaba empezando, por eso faltaba tanto por escribir. Si alguien la leía atentamente se daría cuenta de que aquel sueño no era muy detallado. Las palabras escritas en el libro, aunque Max sabía que eran el relato de su historia, únicamente rezaban "honhonhonhon" de principio a fin y se reía de esta manera de todos los que no pudieran comprender su libro. En sus sueños también se encargaba de otra biblioteca. Desde fuera era mucho más grande y lustrosa que la que compartía con su madre, pero el interior era exactamente el mismo. Su madre atendía de igual manera el mostrador y él se encargaba de exactamente las mismas tareas. Los libros siempre eran los fáciles de colocar. Aquellos que estaban lo suficientemente bajo como para no necesitar escalera, pero tan altos como para no necesitar agacharse. Nunca había que comprar nada, porque la biblioteca siempre tenía los libros que hacían falta, y los usuarios nunca hacían ruido ni comían en el lugar. La palabra marine no existía y su padre se dedicaba a la agricultura. A su cargo tenía cientos de árboles frutales que le mantenían ocupado todo el día. Naranjas y limones cultivaba, como todos los del pueblo, y al llegar a casa por las noches leía sobre estas frutas hasta quedarse dormido sin levantar nunca la voz.

Lamentablemente, Max siempre se despertaba de aquellos sueños tan fantásticos. Normalmente muy temprano por la mañana, cuando su padre le despertaba a voces para "entrenar". Por suerte, sólo tenía que aguantarlo un par de horas hasta que empezaran las clases del colegio al que iba en Gosa. Entonces su padre se iba al cuartel a desayunar con sus viejos compañeros de la marina y no tenía que volver a verlo hasta la noche.
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[Pasado-Fic] Una pequeña biblioteca - por Max D. Bambú - 09-02-2025, 01:44 AM

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