20-02-2025, 11:46 PM
Una mañana particularmente frustrante para el padre del panda debido a los escasos resultados del entrenamiento de su hijo, Maximiliano padre decidió que esa tarde no iba a ir al cuartel con sus amigos, sino que se iba a encargar personalmente de entrenar a Max toda la tarde. Le dio el mediodía de descanso para prepararse y después de la comida y de que su madre se fuera al trabajo sin su hijo, su padre se lo llevó hasta un lugar relativamente solitario en la isla y comenzó el entrenamiento más duro de su vida hasta la fecha. Max nunca había sufrido tanto como aquella tarde y la verdad es que su padre estaba siendo particularmente duro. Después de lo que parecieron días de flexiones, abdominales, sentadillas y ejercicios de cardio, su padre decidió que el poco tiempo que quedaba de luz solar lo aprovecharían con un ejercicio de entrenamiento como los que solían hacer. No fue ninguna sorpresa que Max fuera de nuevo incapaz de acertar golpe alguno y que su padre le derribase de un solo puñetazo que le hizo doblarse en un ángulo de 90º. Max terminó en el suelo bocarriba completamente exhausto. La frescura del aire nocturno aliviaba sólo ligeramente lo que pronto serían múltiples inflamaciones en su maltrecho cuerpo. Miró al cielo deprimido por la vida que le había tocado vivir y admiró fugazmente el resplandor de una luna en su máximo esplendor.
El resto se quedó borroso. Quizás porque su consciencia se perdió en alguna clase de sueño intranquilo. No soñó con nada en concreto, sólo con emociones. Se sentía vivo, enérgico. Todavía saboreaba el regustillo de la tristeza que le había acompañado hasta su inconsciencia, pero lo eclipsaba un sentimiento de rabia imparable.
Cuando Max despertó el cielo estaba nublado y la noche parecía más cerrada que cuando se había dormido. Intentó erguirse, pero su cuerpo no quería responderle, así que intentó mirar a su alrededor desde el suelo. Se dio cuenta entonces de que el lugar donde su padre y él habían entrenado se encontraba en un estado mucho peor del que recordaba. Había enormes boquetes en el suelo y en determinadas áreas la tierra humeaba como si hubiera sido golpeada por alguna clase de meteorito. Un jadeo en las inmediaciones le llevó a girarse para mirar en otra dirección. Allí encontró la figura de su padre, que en ese momento estaba de rodillas con ambos brazos apoyados en el suelo como si hubiera hecho un esfuerzo titánico de alguna clase. Le pareció que sangraba, pero Max se quedó dormido antes siquiera de poder corroborarlo.
A la mañana siguiente el joven panda se despertó una cama que no le correspondía. Tenía varias extremidades vendadas y supo reconocer el espacio en el que estaba como una enfermería. Su madre se encontraba leyendo al lado de su cama con el ceño fruncido, pero rápidamente su expresión mudó en sorpresa y luego alegría cuando se dio cuenta de que su hijo había despertado. Max nunca entendió muy bien qué había pasado y sus padres no se lo quisieron decir. Pero desde entonces su padre ya no se lo llevaba a entrenar por las mañanas. De hecho, parecía como si ya no se hablase demasiado con su madre.
El resto se quedó borroso. Quizás porque su consciencia se perdió en alguna clase de sueño intranquilo. No soñó con nada en concreto, sólo con emociones. Se sentía vivo, enérgico. Todavía saboreaba el regustillo de la tristeza que le había acompañado hasta su inconsciencia, pero lo eclipsaba un sentimiento de rabia imparable.
Cuando Max despertó el cielo estaba nublado y la noche parecía más cerrada que cuando se había dormido. Intentó erguirse, pero su cuerpo no quería responderle, así que intentó mirar a su alrededor desde el suelo. Se dio cuenta entonces de que el lugar donde su padre y él habían entrenado se encontraba en un estado mucho peor del que recordaba. Había enormes boquetes en el suelo y en determinadas áreas la tierra humeaba como si hubiera sido golpeada por alguna clase de meteorito. Un jadeo en las inmediaciones le llevó a girarse para mirar en otra dirección. Allí encontró la figura de su padre, que en ese momento estaba de rodillas con ambos brazos apoyados en el suelo como si hubiera hecho un esfuerzo titánico de alguna clase. Le pareció que sangraba, pero Max se quedó dormido antes siquiera de poder corroborarlo.
A la mañana siguiente el joven panda se despertó una cama que no le correspondía. Tenía varias extremidades vendadas y supo reconocer el espacio en el que estaba como una enfermería. Su madre se encontraba leyendo al lado de su cama con el ceño fruncido, pero rápidamente su expresión mudó en sorpresa y luego alegría cuando se dio cuenta de que su hijo había despertado. Max nunca entendió muy bien qué había pasado y sus padres no se lo quisieron decir. Pero desde entonces su padre ya no se lo llevaba a entrenar por las mañanas. De hecho, parecía como si ya no se hablase demasiado con su madre.
