13-12-2025, 09:01 PM
Las horas pasarían en aquella sombría celda que me recordaba a lo único que conocía como mi hogar, solo que esta vez estaba completamente solo con aquellos monstruos que me daban miedo, lloraba por mi madre. Lloraba como nunca lo había hecho, creí haberme librado de aquella jaula para ratas que me tenia capturado, pero solo había sido un dulce bocado de aquella libertad que tanto anhelaba y que jamás se me seria dada… Si es que las cosas seguían así, me habían golpeado y azotado contra el suelo, perdiendo la conciencia como a un tiempo mas o menos considerable, debido que no era la primera vez que me apaleaban en el suelo o me sofocaban en el agua helada. Y aun así dolía, dolía como una espada clavada en el pecho ahora que mi madre estaba enterrada, y yo ni siquiera podía verla ya ¿Un funeral acaso seria llevado afuera? Lo dudaba muchísimo, aunque fuésemos esclavos teníamos respeto entre nosotros y ahora que por lo menos estaba en el barco ¡Debía escapar! Pero, para ello debía encontrar como romper o forzar aquella cerradura.
-Auuuh… Duele mucho…- Me quejaría aun en el suelo tocando mi cuerpo, no llevaba comida mas que una fruta que había tomado desde aquella fabrica donde había trabajado usando mis ásperas manos, una pera común y corriente, que había logrado ocultar mientras me apaleaban, tenia hambre y no sabía cuántas horas tenía para que pudiese comer si quiera unas migajas, por lo que estaba indeciso de siquiera poder probarla… Pero, tenia una mala pinta, con unos tonos y patrones extraños, dignos de una fruta de cera, de las que siempre molestaban en mostrarme en días de ayuna -Sera… ¿Que se pudrió…? - Me diría a mí mismo olisqueándola, para probarla tan solo unos segundos después, dándome una queja por el mero hecho del mal sabor que traía aquella fruta podrida, pero aun a pesar de todo seguiría comiéndola desesperado, hasta que de golpe abrieron mi puerta de un portazo.
Era una niña de apenas unos doce años, lo que hacía que fuese solo un poco mayor que yo, con cabellos más rojos que la sangre y con una cara que me hacía pensar que podría ser hija de cualquier tripulante, después de todo, aunque llevaba pena en los ojos, parecía mirarme para abajo como cualquiera de ellos -Lo… Lamento… - Me diría entre sollozos, haciéndome girar la cabeza en un aire de cansancio total -Ehm… ¿Porque lloras? tú eres la que está fuera de la celda. – Respiraría duramente con un extraño dolor en el pecho que jamás había sentido, era cálido a la vez que incomodo, el cual se extendía por mi cuerpo como si fuese veneno ¿La fruta acaso era venenosa? -Es… Es que… Vas a ser vendido junto al res… - Se cortaría de repente haciéndome notar su sorpresa, a lo cual mi cuerpo aun en ese extraño sentimiento, solo respondería diciendo -Gracias por la preocupación… Jamás nadie se había preocupado por mí. - ¿Acaso lo que sentía era algo especial? ¿O es que simplemente me importaba poco ya ser vendido como algo más un humano? No lo sabia, el ser tratado como humano era nuevo para mi, despues de todo, solo podía ser un…
-¡Monstruo!- Gritaría aquella chiquilla tan amable saliendo, corriendo mientras ahora recién notaba que mis manos se alargaban y convertían en ramas y flores desde aquella herida que era mi marca de esclavitud… Se escuchaban pasos y gritos fuertes afuera, expresiones de sorpresa y susto al verme a mi dentro de aquella jaula, por lo que yo simplemente impactado miraría para todos lados asustado de lo que estaba ocurriendo ¿Acaso este era mi final? ¿O solo el comienzo…?
-Auuuh… Duele mucho…- Me quejaría aun en el suelo tocando mi cuerpo, no llevaba comida mas que una fruta que había tomado desde aquella fabrica donde había trabajado usando mis ásperas manos, una pera común y corriente, que había logrado ocultar mientras me apaleaban, tenia hambre y no sabía cuántas horas tenía para que pudiese comer si quiera unas migajas, por lo que estaba indeciso de siquiera poder probarla… Pero, tenia una mala pinta, con unos tonos y patrones extraños, dignos de una fruta de cera, de las que siempre molestaban en mostrarme en días de ayuna -Sera… ¿Que se pudrió…? - Me diría a mí mismo olisqueándola, para probarla tan solo unos segundos después, dándome una queja por el mero hecho del mal sabor que traía aquella fruta podrida, pero aun a pesar de todo seguiría comiéndola desesperado, hasta que de golpe abrieron mi puerta de un portazo.
Era una niña de apenas unos doce años, lo que hacía que fuese solo un poco mayor que yo, con cabellos más rojos que la sangre y con una cara que me hacía pensar que podría ser hija de cualquier tripulante, después de todo, aunque llevaba pena en los ojos, parecía mirarme para abajo como cualquiera de ellos -Lo… Lamento… - Me diría entre sollozos, haciéndome girar la cabeza en un aire de cansancio total -Ehm… ¿Porque lloras? tú eres la que está fuera de la celda. – Respiraría duramente con un extraño dolor en el pecho que jamás había sentido, era cálido a la vez que incomodo, el cual se extendía por mi cuerpo como si fuese veneno ¿La fruta acaso era venenosa? -Es… Es que… Vas a ser vendido junto al res… - Se cortaría de repente haciéndome notar su sorpresa, a lo cual mi cuerpo aun en ese extraño sentimiento, solo respondería diciendo -Gracias por la preocupación… Jamás nadie se había preocupado por mí. - ¿Acaso lo que sentía era algo especial? ¿O es que simplemente me importaba poco ya ser vendido como algo más un humano? No lo sabia, el ser tratado como humano era nuevo para mi, despues de todo, solo podía ser un…
-¡Monstruo!- Gritaría aquella chiquilla tan amable saliendo, corriendo mientras ahora recién notaba que mis manos se alargaban y convertían en ramas y flores desde aquella herida que era mi marca de esclavitud… Se escuchaban pasos y gritos fuertes afuera, expresiones de sorpresa y susto al verme a mi dentro de aquella jaula, por lo que yo simplemente impactado miraría para todos lados asustado de lo que estaba ocurriendo ¿Acaso este era mi final? ¿O solo el comienzo…?
