Los Juegos del Soberano habían quedado atrás hacía ya varios días.
La ciudad seguía llena de visitantes que aprovechaban sus últimos momentos en Skypiea antes de regresar al Mar Azul, y aunque la emoción de los combates se había disipado, Shandora seguía rebosando vida. Mercados abarrotados, tabernas llenas hasta los topes y viajeros contando historias que seguramente se volverían más exageradas con cada cerveza.
Ubbe había dedicado aquellos días a conocer la ciudad, o al menos, esa era la versión oficial, porque la realidad era bastante distinta.
- Te digo que estaba por aquí, baby.
Odiseo ni siquiera se molestó en mirarlo.
- Llevas tres días diciendo eso. - Porque es true. - Llevas tres días buscando a una mujer entre miles de personas.
Ubbe se encogió de hombros. - La encontraré.
El Buccaner dejó escapar un suspiro cansado, aquella conversación la habían tenido varias veces ya, quizá demasiadas.
- General... te dio un Den Den Mushi. - Ya... - Entonces llámala. - Ubbe hizo una mueca inmediata. - ¡No!
- ¿Por qué? - Porque no es cool llamarla y que quedemos.
Odiseo se detuvo en mitad de la calle para mirarlo directamente.
- ¿Pero no es esa la finalidad del den den mushi? - But si me la encuentro... - Una sonrisa apareció en el rostro del buccaneer - That's the destiny, baby - Odiseo permaneció varios segundos observándolo antes de negar lentamente con la cabeza.
- A veces olvido que mi general es medio estúpido. - ¡Y aun así me sigues! - Porque alguien tiene que asegurarse de que no te ahogues cuando llueve.
- GAHAHAHAHAHA, ¡POR ESO ME CAES TAN BIEN, MOTHERFUCKER!
La carcajada grave de Ubbe resonó por la calle mientras ambos continuaban avanzando, al final acabaron entrando en una taberna que varios marineros les habían recomendado aquella misma mañana, y nada más cruzar la puerta, una mezcla de música, conversaciones y olor a comida caliente los envolvió de golpe. El local estaba lleno de gente de toda clase; piratas, comerciantes, habitantes de las islas celestes e incluso algún marine perdido que parecía haberse olvidado durante unas horas de sus obligaciones. Ubbe recorrió el lugar con la mirada mientras avanzaban hacia una mesa libre.
Y fue entonces cuando la vio.
No de inmediato; primero vio la chaqueta, luego la figura, y después aquella cabeza completamente rapada que destacaba incluso entre la multitud, y por último la cinta verde anudada alrededor de su brazo.
Había peleado contra hombres capaces de cosas extraordinarias y jamás se le había acelerado el pulso por ello. Sin embargo, verla sentada al otro lado del local consiguió exactamente eso. Si aquello era una pelea, empezaba a sospechar que no le importaría perderla, y una sonrisa lenta apareció en su rostro, mientras se colocaba bien las gafas con un dedo.
Odiseo siguió la dirección de su mirada y cerró los ojos durante un instante.
- No me jodas...
- Ody, go with Sigurd, it's the destiny, hemos acabado la misión...
Porque, por primera vez en tres días, había encontrado exactamente lo que estaba buscando.
Y ella ni siquiera se había dado cuenta todavía.
Se pasó una mano por el cabello rubio, recolocando bien algunos mechones rebeldes que se habían escapado de su peinado, antes de tirar suavemente de las solapas de su chaleco como si aquello pudiera hacerlo parecer un poco más presentable de lo habitual. Ubbe comenzó a abrirse paso entre las mesas de la taberna, su enorme figura obligaba a más de uno a apartarse para dejarle pasar, pero él apenas prestaba atención a nada de aquello. Sus ojos permanecían fijos en la mujer de la barra.
Cuando llegó a su altura, apoyó un brazo sobre la madera, inclinándose apenas lo justo para acercarse a ella con una sonrisa confiada.
- ¡Hey, baby! - dijo chasqueando los dedos señalando hacia ella - Al fin te encuentro, Bald Girl...
La ciudad seguía llena de visitantes que aprovechaban sus últimos momentos en Skypiea antes de regresar al Mar Azul, y aunque la emoción de los combates se había disipado, Shandora seguía rebosando vida. Mercados abarrotados, tabernas llenas hasta los topes y viajeros contando historias que seguramente se volverían más exageradas con cada cerveza.
Ubbe había dedicado aquellos días a conocer la ciudad, o al menos, esa era la versión oficial, porque la realidad era bastante distinta.
- Te digo que estaba por aquí, baby.
Odiseo ni siquiera se molestó en mirarlo.
- Llevas tres días diciendo eso. - Porque es true. - Llevas tres días buscando a una mujer entre miles de personas.
Ubbe se encogió de hombros. - La encontraré.
El Buccaner dejó escapar un suspiro cansado, aquella conversación la habían tenido varias veces ya, quizá demasiadas.
- General... te dio un Den Den Mushi. - Ya... - Entonces llámala. - Ubbe hizo una mueca inmediata. - ¡No!
- ¿Por qué? - Porque no es cool llamarla y que quedemos.
Odiseo se detuvo en mitad de la calle para mirarlo directamente.
- ¿Pero no es esa la finalidad del den den mushi? - But si me la encuentro... - Una sonrisa apareció en el rostro del buccaneer - That's the destiny, baby - Odiseo permaneció varios segundos observándolo antes de negar lentamente con la cabeza.
- A veces olvido que mi general es medio estúpido. - ¡Y aun así me sigues! - Porque alguien tiene que asegurarse de que no te ahogues cuando llueve.
- GAHAHAHAHAHA, ¡POR ESO ME CAES TAN BIEN, MOTHERFUCKER!
La carcajada grave de Ubbe resonó por la calle mientras ambos continuaban avanzando, al final acabaron entrando en una taberna que varios marineros les habían recomendado aquella misma mañana, y nada más cruzar la puerta, una mezcla de música, conversaciones y olor a comida caliente los envolvió de golpe. El local estaba lleno de gente de toda clase; piratas, comerciantes, habitantes de las islas celestes e incluso algún marine perdido que parecía haberse olvidado durante unas horas de sus obligaciones. Ubbe recorrió el lugar con la mirada mientras avanzaban hacia una mesa libre.
Y fue entonces cuando la vio.
No de inmediato; primero vio la chaqueta, luego la figura, y después aquella cabeza completamente rapada que destacaba incluso entre la multitud, y por último la cinta verde anudada alrededor de su brazo.
Había peleado contra hombres capaces de cosas extraordinarias y jamás se le había acelerado el pulso por ello. Sin embargo, verla sentada al otro lado del local consiguió exactamente eso. Si aquello era una pelea, empezaba a sospechar que no le importaría perderla, y una sonrisa lenta apareció en su rostro, mientras se colocaba bien las gafas con un dedo.
Odiseo siguió la dirección de su mirada y cerró los ojos durante un instante.
- No me jodas...
- Ody, go with Sigurd, it's the destiny, hemos acabado la misión...
Porque, por primera vez en tres días, había encontrado exactamente lo que estaba buscando.
Y ella ni siquiera se había dado cuenta todavía.
Se pasó una mano por el cabello rubio, recolocando bien algunos mechones rebeldes que se habían escapado de su peinado, antes de tirar suavemente de las solapas de su chaleco como si aquello pudiera hacerlo parecer un poco más presentable de lo habitual. Ubbe comenzó a abrirse paso entre las mesas de la taberna, su enorme figura obligaba a más de uno a apartarse para dejarle pasar, pero él apenas prestaba atención a nada de aquello. Sus ojos permanecían fijos en la mujer de la barra.
Cuando llegó a su altura, apoyó un brazo sobre la madera, inclinándose apenas lo justo para acercarse a ella con una sonrisa confiada.
- ¡Hey, baby! - dijo chasqueando los dedos señalando hacia ella - Al fin te encuentro, Bald Girl...
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