24-08-2026, 07:55 PM
Los Juegos de Skypiea habían terminado hacía ya algunos días, pero para Ubbe la sensación de movimiento constante que había dominado aquellas jornadas seguía presente en su cabeza. Mientras muchos participantes dedicaban aquellas horas a celebrar, descansar o aprovechar la estancia en la isla para conocer mejor a las personas con las que habían compartido aquel extraño torneo, el gigantesco bucanero se había alejado de todo aquello para perderse entre los alrededores de Shandora, buscando algo que ni él mismo terminaba de comprender; quizás tranquilidad, quizás respuestas, o quizás simplemente un lugar donde pensar sin que nadie intentara medir fuerzas con él.
Las preguntas se acumulaban unas sobre otras mientras caminaba, tan inmerso en ellas que apenas prestaba atención a cuanto ocurría a su alrededor, y por eso no escuchó el silbido, y por eso el impacto le llegó sin previo aviso.
El proyectil se clavó contra su pecho con un golpe seco que lo arrancó de golpe de sus pensamientos, obligándolo a detenerse en mitad del sendero mientras una expresión de absoluta incredulidad aparecía en su rostro. Durante unos segundos permaneció inmóvil, observando la flecha que sobresalía de su cuerpo como si estuviera intentando comprender qué acababa de suceder. Porque no era dolor lo que sentía, hacía falta mucho más para eso, era molestia, pura y simple molestia. Después de varios días dándole vueltas a la cabeza, intentando ordenar todo lo que había experimentado durante los Juegos, alguien acababa de dispararle una flecha. Una flecha. A él.
- ¿Are you kidding me...? ¿Una arrow en mi chest? Por la face... -murmuró para sí mismo mientras sujetaba el asta entre los dedos.
El proyectil salió con un tirón seco, acompañado por un ligero gesto de fastidio que tenía mucho más que ver con su estado de ánimo que con la herida en sí. La observó durante unos instantes, girándola entre los dedos mientras intentaba determinar de dónde había venido exactamente, y cuanto más pensaba en ello, más se arrugaba su ceño.
Y aunque una parte racional de él entendía que probablemente se tratara de un accidente, otra parte, alimentada por la frustración que llevaba arrastrando desde las semifinales, decidió que tenía todo el derecho del mundo a encontrar al responsable y reventarle la cabeza si era necesario.
Con esa idea en mente, cambió de dirección y comenzó a avanzar hacia la zona desde la que parecía haber llegado el disparo. A diferencia de una persona normal, sin embargo, la forma que tenía Ubbe de atravesar un bosque resultaba bastante discutible; las ramas se apartaban a su paso, los arbustos desaparecían bajo sus piernas, las plantas más bajas simplemente dejaban de existir cuando sus enormes botas las aplastaban sin contemplaciones.
Era difícil moverse con discreción cuando uno medía más de cuatro metros, y tampoco parecía especialmente interesado en intentarlo.
El sonido de la vegetación agitándose comenzó a intensificarse a medida que avanzaba, hasta que finalmente distinguió movimiento al otro lado de unos arbustos particularmente densos, y sin reducir el paso, terminó de atravesarlos y emergió entre las hojas como si una pequeña montaña hubiera decidido salir a caminar por su cuenta.
La diferencia de tamaño era tan absurda que durante unos segundos la escena resultó casi cómica.
Ubbe sujetaba todavía la flecha entre los dedos mientras observaba a la figura que tenía delante, preparado para exigir explicaciones por aquel disparo, pero las palabras murieron antes siquiera de llegar a su boca.
Porque reconoció aquel cabello naranja.
Y reconoció aquel rostro.
La irritación desapareció tan rápido como había llegado.
Su expresión pasó de molesta a confundida en apenas un instante.
- ...¿Orange Girl?
¿Qué necesitaba hacer para seguir creciendo?
¿Qué era exactamente aquello que separaba a alguien fuerte de alguien verdaderamente extraordinario?
¿Era suficiente entrenar más?
¿Era suficiente pelear más?
¿O existía algo que todavía no comprendía?
Las preguntas se acumulaban unas sobre otras mientras caminaba, tan inmerso en ellas que apenas prestaba atención a cuanto ocurría a su alrededor, y por eso no escuchó el silbido, y por eso el impacto le llegó sin previo aviso.
El proyectil se clavó contra su pecho con un golpe seco que lo arrancó de golpe de sus pensamientos, obligándolo a detenerse en mitad del sendero mientras una expresión de absoluta incredulidad aparecía en su rostro. Durante unos segundos permaneció inmóvil, observando la flecha que sobresalía de su cuerpo como si estuviera intentando comprender qué acababa de suceder. Porque no era dolor lo que sentía, hacía falta mucho más para eso, era molestia, pura y simple molestia. Después de varios días dándole vueltas a la cabeza, intentando ordenar todo lo que había experimentado durante los Juegos, alguien acababa de dispararle una flecha. Una flecha. A él.
- ¿Are you kidding me...? ¿Una arrow en mi chest? Por la face... -murmuró para sí mismo mientras sujetaba el asta entre los dedos.
El proyectil salió con un tirón seco, acompañado por un ligero gesto de fastidio que tenía mucho más que ver con su estado de ánimo que con la herida en sí. La observó durante unos instantes, girándola entre los dedos mientras intentaba determinar de dónde había venido exactamente, y cuanto más pensaba en ello, más se arrugaba su ceño.
Y aunque una parte racional de él entendía que probablemente se tratara de un accidente, otra parte, alimentada por la frustración que llevaba arrastrando desde las semifinales, decidió que tenía todo el derecho del mundo a encontrar al responsable y reventarle la cabeza si era necesario.
Con esa idea en mente, cambió de dirección y comenzó a avanzar hacia la zona desde la que parecía haber llegado el disparo. A diferencia de una persona normal, sin embargo, la forma que tenía Ubbe de atravesar un bosque resultaba bastante discutible; las ramas se apartaban a su paso, los arbustos desaparecían bajo sus piernas, las plantas más bajas simplemente dejaban de existir cuando sus enormes botas las aplastaban sin contemplaciones.
Era difícil moverse con discreción cuando uno medía más de cuatro metros, y tampoco parecía especialmente interesado en intentarlo.
El sonido de la vegetación agitándose comenzó a intensificarse a medida que avanzaba, hasta que finalmente distinguió movimiento al otro lado de unos arbustos particularmente densos, y sin reducir el paso, terminó de atravesarlos y emergió entre las hojas como si una pequeña montaña hubiera decidido salir a caminar por su cuenta.
La diferencia de tamaño era tan absurda que durante unos segundos la escena resultó casi cómica.
Ubbe sujetaba todavía la flecha entre los dedos mientras observaba a la figura que tenía delante, preparado para exigir explicaciones por aquel disparo, pero las palabras murieron antes siquiera de llegar a su boca.
Porque reconoció aquel cabello naranja.
Y reconoció aquel rostro.
La irritación desapareció tan rápido como había llegado.
Su expresión pasó de molesta a confundida en apenas un instante.
- ...¿Orange Girl?
![[Imagen: ksMOGZu.png]](https://i.imgur.com/ksMOGZu.png)
