25-08-2026, 08:52 AM
El ambiente comenzaba a volverse más tenue e íntimo, con las luces del bar casi como bajando su tonalidad e iluminación. Encendió un cigarrillo y sentada en la barra lo fumo con delicadeza, como si este fuera a quebrarse bajo sus labios. Estaba sola por ahora, pero era muy probable que sus Nakamas aparecieran por ahí medio borrachas, medio enloquecidas. Estos días parecía que sus hormonas estaban alborotadas. Bueno las de ella también. Todo el día había sido una locura, en la madrugada anterior y en la noche mas parte de la mañana había sepultado a 49 hombres… tontos desconocidos que para ella eran solo muerte sin sentido. Y después reparar un barco, lo que le recordó que ellas también debían reparar el suyo.
Golpeteo el cigarrillo en el cenicero y cayo la ceniza como una lluvia sobre el cielo estrellado. Alzo el licor y miro a través del cristal de el para ver todo el bar dorado… mirando a través de el se dio la vuelta para mirar a cada uno de los presentes como si fuera un mosaico bañado en oro para después de volver al mismo lugar, beber un trago más. Era hermoso… todo esto era hermoso tomo un bocado uno solo con ese trago. Una aceituna con la cual jugueteo para arrebatarle la carne poco a poco y después lanzar el cuesco certeramente en el mismo cenicero donde había depositado la ceniza de su cigarrillo. Bebió otro poco del delicioso licor y fue suficiente como para sentir el calor en sus mejillas creciendo y subiendo por su cuello.
Con su mente en blanco solo pensaba en pasar un rato agradable, en quizás beber otro poco y acostarse borracha o quizás buscar compañía. Llamo la atención del camarero y le pidió otro trago más. quería sentirse en las nUBEs al menos mientras estuviera en los cielos, sentía el cansancio del aire adelgazado y aunque poco a poco se acostumbraba mejor a las dificultades características de la ciudad. Sentía que no era suficiente aún.
Una especie de sexto sentido hizo que se le erizara la piel, como si vaticinara un encuentro mortal. Ese instinto le hizo llevar su mano a su cinto, quiso activar su nueva habilidad. Aquella que le mostraba las intenciones, aunque algo vagas, de quienes le rodeaban. Se giro apenas… primero. Lista para defenderse. Pero… vio… lo vio, a su enorme barra de chocolate. Ahí de pie apoyándose sobre la resonante madera que se quejó bajo su enorme peso
El chasqueo de sus dedos, apuntándole, eligiéndola, hizo que se medió ruborizara. ¿Por qué no le había llamado? ¿No deseaba verla y como ella estaba ahí era mejor saludarla?... la mente insegura de Maki comenzó a idear mil y un planes. Todos ellos boicoteando absolutamente todos sus puntos buenos. Muchos escenarios donde todos apuntaban a lo mismo. Era una antipática y horrenda mujer. Bebió un poco, antes de nada. —Hey!!... eres tu… la barra de chocolate… como… como te ha ido… pensé que se habían marchado de la ciudad. Tu y tus hermanos. Creo.— Le devolvió el saludo con una sonrisa. Era un tipo enorme… mucho mas que cualquiera que hubiera tratado antes. Con una musculatura también enorme y definida. Maki se volvió hacia el y con el licor en la mano recordó que le beso suavemente en las gradas de los juegos.
—Que haces qui primor?... te has perdido? Vienes con tu banda o estas solo?— Pregunto algo insegura buscando a los demás con la vista, a ese otro enorme o a los otros mas bajos que le acompañaron durante los juegos. —El combate… ese donde peleaste con el tonto de barro… lo hiciste genial, jamás vi a alguien usando su cuerpo de esa manera… y ese otro cocinero tonto te golpeo con su espada… estas bien verdad?— Pero claro que estaba bien… estaba fenomenal, estaba de puta madre, la mente juguetona de Maki obligo a que sus ojos le recorrieran de pies a cabeza, deteniéndose en las partes importantes. Sus brazos, su pecho su entrepierna y su abdomen. Todo cincelado como los dioses. Enorme, hermoso y suculento. Cambio el cruce de su pierna y llamo al camarero alzando dos dedos y moviéndolos para atraerlo con un hechizo nervioso. —Dele a mi chocolatoso amigo. lo que desee. Yo invito.— Menciono con una amplia sonrisa.
Golpeteo el cigarrillo en el cenicero y cayo la ceniza como una lluvia sobre el cielo estrellado. Alzo el licor y miro a través del cristal de el para ver todo el bar dorado… mirando a través de el se dio la vuelta para mirar a cada uno de los presentes como si fuera un mosaico bañado en oro para después de volver al mismo lugar, beber un trago más. Era hermoso… todo esto era hermoso tomo un bocado uno solo con ese trago. Una aceituna con la cual jugueteo para arrebatarle la carne poco a poco y después lanzar el cuesco certeramente en el mismo cenicero donde había depositado la ceniza de su cigarrillo. Bebió otro poco del delicioso licor y fue suficiente como para sentir el calor en sus mejillas creciendo y subiendo por su cuello.
Con su mente en blanco solo pensaba en pasar un rato agradable, en quizás beber otro poco y acostarse borracha o quizás buscar compañía. Llamo la atención del camarero y le pidió otro trago más. quería sentirse en las nUBEs al menos mientras estuviera en los cielos, sentía el cansancio del aire adelgazado y aunque poco a poco se acostumbraba mejor a las dificultades características de la ciudad. Sentía que no era suficiente aún.
Una especie de sexto sentido hizo que se le erizara la piel, como si vaticinara un encuentro mortal. Ese instinto le hizo llevar su mano a su cinto, quiso activar su nueva habilidad. Aquella que le mostraba las intenciones, aunque algo vagas, de quienes le rodeaban. Se giro apenas… primero. Lista para defenderse. Pero… vio… lo vio, a su enorme barra de chocolate. Ahí de pie apoyándose sobre la resonante madera que se quejó bajo su enorme peso
El chasqueo de sus dedos, apuntándole, eligiéndola, hizo que se medió ruborizara. ¿Por qué no le había llamado? ¿No deseaba verla y como ella estaba ahí era mejor saludarla?... la mente insegura de Maki comenzó a idear mil y un planes. Todos ellos boicoteando absolutamente todos sus puntos buenos. Muchos escenarios donde todos apuntaban a lo mismo. Era una antipática y horrenda mujer. Bebió un poco, antes de nada. —Hey!!... eres tu… la barra de chocolate… como… como te ha ido… pensé que se habían marchado de la ciudad. Tu y tus hermanos. Creo.— Le devolvió el saludo con una sonrisa. Era un tipo enorme… mucho mas que cualquiera que hubiera tratado antes. Con una musculatura también enorme y definida. Maki se volvió hacia el y con el licor en la mano recordó que le beso suavemente en las gradas de los juegos.
—Que haces qui primor?... te has perdido? Vienes con tu banda o estas solo?— Pregunto algo insegura buscando a los demás con la vista, a ese otro enorme o a los otros mas bajos que le acompañaron durante los juegos. —El combate… ese donde peleaste con el tonto de barro… lo hiciste genial, jamás vi a alguien usando su cuerpo de esa manera… y ese otro cocinero tonto te golpeo con su espada… estas bien verdad?— Pero claro que estaba bien… estaba fenomenal, estaba de puta madre, la mente juguetona de Maki obligo a que sus ojos le recorrieran de pies a cabeza, deteniéndose en las partes importantes. Sus brazos, su pecho su entrepierna y su abdomen. Todo cincelado como los dioses. Enorme, hermoso y suculento. Cambio el cruce de su pierna y llamo al camarero alzando dos dedos y moviéndolos para atraerlo con un hechizo nervioso. —Dele a mi chocolatoso amigo. lo que desee. Yo invito.— Menciono con una amplia sonrisa.

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