31-08-2026, 07:42 PM
No entendía porqué se sonrojaba. La palabra que había señalado no tenía tantas acepciones como para ser malinterpretada. Y, sin embargo ahí estaba, observando como los capilares de su piel se tornaban carmín. ¿Tendria calor? Bai no observó sudor alguno sobre su piel, el clima era amable y Maki no era una mujer próxima a la edad de los sofocos —de hecho, Bai era visiblemente más cercana a la menopausia que ella. ¿Habría comido algo? No tenía sentido pensarlo, sobretodo cuando los efectos por la alimentación eran instantáneos. ¿Podria ser por algún tipo de emoción? ¿Una respuesta vascular por lo que había dicho? ¿Pero qué había dicho?
Su mirada bajó hacia el libro, intentando entender la palabra pero, por mucho que la mirara, no iba a encontrar ahí la solución. Así que volvió a ascenderla, observando a Maki balbucear dejando mucho espacio entre las palabras.
Fue entonces cuando se le ocurrió, pues para algo llevaba aquellos moratones como medallas orgullosas de su entrenamiento. Así que simplemente lo hizo. Extendió un par de metros kenbun solo para notar la extraña confusión que destilaba la muchacha.
Intentando sofocar esa sensación, Bai deslizó su mano por la vieja hoja hasta llegar al borde. Sus yemas le burbujeaban presintiendo lo que iba a hacer y, aún así, continuó moviéndola hacia el muslo de Maki. Mas no quería tocarla indevidamente así que la colocó cerca de la rodilla y tan lejos de su ingle como su gran cuerpo se lo permitía.
Si Maki dirigía su atención hacia allí, advertiría el temblor imperceptible que sacudía su palma y dedos, mismos que, vacilantes —y atemorizados ante la sombra de un malentendido—, se posaban sobre la piel ajena sin ejercer ningún tipo de presión.
«No estas haciendo nada raro... », pensó en un vano intento por tranquilizarse. «Esto es un gesto tan amistoso como tus intenciones», añadió poco antes de reparar en que estaba reteniendo la respiración a la espera de algún tipo de gesto aprovatorio por parte de Maki. «No eres como ellos...»
De pronto su pecho se hundió con lentitud, volviendo a la respiración tranquila que había estado llevando hasta el momento; mas, en lo más hondo de su ser, continuaba siendo una fiera famélica que penaba tras una larga y prolongada inanición. Una criatura racional, dotada de la capacidad de sepultar una mentira con tal profundidad en los dominios de la inconsciencia que, aquello que pensaba, se le parecía la más absoluta e incontestable verdad.
—Mmm… déjame pensar… déjame pensar un poco… Debo admitir que querer es una palabra demasiado grande… creo… necesitarías una vida para en mis pensamientos creer que puedes querer o… amar quizás… creo que… Bai? Verdad?
Bai no sonrió. Sus ojos se hallaban demasiado ocupados recorriendo la tez ajena, contemplando como las sombras bailaban lentamente por su piel y el carmín continuaba expuesto en medio de aquella piel tan castigada. Sin embargo, conforme Maki iba hablando, su forma de mirarla poco a poco se fue suavizando, pasando del escrutinio a una calidez inexplicable fruto de la vacilación que sentía a través del nuevo sexto sentitido. Y era extraño. Notaba la confusión y la vacilación junto a una especie de... ¿admiración?
—Maki... —susurró afianzando suavemente su mano en ella.
Pero no dijo nada más. Simplemente esperó a que terminara de hablar y, tras dejar un breve espacio para que ambas respiraran, soltó su cálida piel y le colocó entre las piernas el libro.
—Siento no poder entenderte —dijo, inclinándose hacia adelante y dejando caer sus rodillas al suelo con cuidado de no hacerse más daño del que podía soportar su piel —Pero dejame que lo intente... —Prosiguió mientras su cuerpo se giraba lentamente hacia ella.
Irónico que en aquel momento de vulnerabilidad, Bai, al haberse arrodillado, quedara a la altura de la otra mujer.
—Si me permites... —su mano, de nuevo temblorosa, se alzó lentamente hacia hacia su mentón —Quiero conocer tu historia —sentenció al tiempo que rozaba una de las cicatrices de su cara —. Y averiguar qué te hizo esto...
Si se lo permitia, guiaría suavemente el rostro de Maki en dirección contraria.
—Quisiera saber si es por esto que te has vuelto fuerte —lentamente soltó su tez y apuntó al libro —.O si es el miedo lo que te impulsa.
Tras aquello su vista descendió hacia las páginas y repitió el proceso que había llevado a cabo. En ningún momento habló, se limitó a señalar palabras, una a una, hasta formar una frase: «Quiero empezar nuevo».
—Bai —su voz rompió el silencio por un momento.
De nuevo volvió a usar ese método arcaico y lleno de errores pero, sorprendentemente, logró formar lo siguiente: «¿Por qué aquí? Yo aquí amigos».
Su mirada bajó hacia el libro, intentando entender la palabra pero, por mucho que la mirara, no iba a encontrar ahí la solución. Así que volvió a ascenderla, observando a Maki balbucear dejando mucho espacio entre las palabras.
Fue entonces cuando se le ocurrió, pues para algo llevaba aquellos moratones como medallas orgullosas de su entrenamiento. Así que simplemente lo hizo. Extendió un par de metros kenbun solo para notar la extraña confusión que destilaba la muchacha.
Intentando sofocar esa sensación, Bai deslizó su mano por la vieja hoja hasta llegar al borde. Sus yemas le burbujeaban presintiendo lo que iba a hacer y, aún así, continuó moviéndola hacia el muslo de Maki. Mas no quería tocarla indevidamente así que la colocó cerca de la rodilla y tan lejos de su ingle como su gran cuerpo se lo permitía.
Si Maki dirigía su atención hacia allí, advertiría el temblor imperceptible que sacudía su palma y dedos, mismos que, vacilantes —y atemorizados ante la sombra de un malentendido—, se posaban sobre la piel ajena sin ejercer ningún tipo de presión.
«No estas haciendo nada raro... », pensó en un vano intento por tranquilizarse. «Esto es un gesto tan amistoso como tus intenciones», añadió poco antes de reparar en que estaba reteniendo la respiración a la espera de algún tipo de gesto aprovatorio por parte de Maki. «No eres como ellos...»
De pronto su pecho se hundió con lentitud, volviendo a la respiración tranquila que había estado llevando hasta el momento; mas, en lo más hondo de su ser, continuaba siendo una fiera famélica que penaba tras una larga y prolongada inanición. Una criatura racional, dotada de la capacidad de sepultar una mentira con tal profundidad en los dominios de la inconsciencia que, aquello que pensaba, se le parecía la más absoluta e incontestable verdad.
—Mmm… déjame pensar… déjame pensar un poco… Debo admitir que querer es una palabra demasiado grande… creo… necesitarías una vida para en mis pensamientos creer que puedes querer o… amar quizás… creo que… Bai? Verdad?
Bai no sonrió. Sus ojos se hallaban demasiado ocupados recorriendo la tez ajena, contemplando como las sombras bailaban lentamente por su piel y el carmín continuaba expuesto en medio de aquella piel tan castigada. Sin embargo, conforme Maki iba hablando, su forma de mirarla poco a poco se fue suavizando, pasando del escrutinio a una calidez inexplicable fruto de la vacilación que sentía a través del nuevo sexto sentitido. Y era extraño. Notaba la confusión y la vacilación junto a una especie de... ¿admiración?
—Maki... —susurró afianzando suavemente su mano en ella.
Pero no dijo nada más. Simplemente esperó a que terminara de hablar y, tras dejar un breve espacio para que ambas respiraran, soltó su cálida piel y le colocó entre las piernas el libro.
—Siento no poder entenderte —dijo, inclinándose hacia adelante y dejando caer sus rodillas al suelo con cuidado de no hacerse más daño del que podía soportar su piel —Pero dejame que lo intente... —Prosiguió mientras su cuerpo se giraba lentamente hacia ella.
Irónico que en aquel momento de vulnerabilidad, Bai, al haberse arrodillado, quedara a la altura de la otra mujer.
—Si me permites... —su mano, de nuevo temblorosa, se alzó lentamente hacia hacia su mentón —Quiero conocer tu historia —sentenció al tiempo que rozaba una de las cicatrices de su cara —. Y averiguar qué te hizo esto...
Si se lo permitia, guiaría suavemente el rostro de Maki en dirección contraria.
—Quisiera saber si es por esto que te has vuelto fuerte —lentamente soltó su tez y apuntó al libro —.O si es el miedo lo que te impulsa.
Tras aquello su vista descendió hacia las páginas y repitió el proceso que había llevado a cabo. En ningún momento habló, se limitó a señalar palabras, una a una, hasta formar una frase: «Quiero empezar nuevo».
—Bai —su voz rompió el silencio por un momento.
De nuevo volvió a usar ese método arcaico y lleno de errores pero, sorprendentemente, logró formar lo siguiente: «¿Por qué aquí? Yo aquí amigos».
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Bai Mudan
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⚖️ Capitana del Wu Wei
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