02-09-2026, 07:28 AM
Era fascinante la forma en que se movía, la solemnidad en la que se expresaba era tan estoica que Maki deseaba conocer más de ella. tanto que… que… maldición no sabía. Solo sabía que era una mujer intrigante. Como una especie de meta que ella misma jamás alcanzaría. La admiraba, la respetaba y la recordaba… era poderosa, hábil con su arma tan hábil que estaba segura que en cualquier día, cualquier hora y en cualquier momento podría caer bajo el peso de s arma. Ahora mismo la podía observar tan fuerte como el doble de antes.
Algo sintió Maki, pero no podía saberlo solo lo pudo deducir a medias por la aparente ejecución. El movimiento de su cuerpo de su ser. Era todo el indicio. Le leía. Maki conocía el Kenbunshoku, ella también? Le leería como ella a otros?. Si. seria bastante ventajoso, quizás ella misma podría decirle lo que sentía la propia Estúpida Maki, saber que le dictaba el corazón. no tenia idea si era amor o solo fascinación o obsesión. Pero algo sentía por ella, su piel de bronce, su cabello bicolor, albo un lado, resplandeciente, hermoso y el otro misterioso, salvaje. Difícil de describir.
Ella le toco… el muslo, Maki sin apartar la vista y en silencio mirando directamente en la profundidad del temple de su alma. Sostuvo la mirada. Puso la mano sobre la de ella, un poco más grande a pesar del enorme tamaño de su cuerpo. Lenta, muy lentamente movió la mano de la musa más arriba… un poco más, y más cerca de su cuerpo, apretándole un poco más. Su manos e agarro más junto con el pronunciamiento de su nombre, era probable que mientras Maki hablaba no se diera cuenta que ella le había asido la mano. Se movió de la banca, se arrodillo, y se volvió hacia ella. ambas quedaron a la misma altura, una altura tan cómoda.
Aguanto la risa, porque en su estúpida mente pensó en cortarle las rodillas para quedar siempre a la misma altura. Era… ridículo, pero no pudo evitar pensarlo. Le toco el rostro, mirando sus… oooo claro, sus cicatrices. Era… horrenda. Quizás esto era un error… quizás, era. Una estúpida fantasía. Entonces. Lo comprendió, quería saber que le paso?. Claro. Era intrigante y ella… mierda. Era una historia dolorosa. —Nada importante… un accidente… acci… dente.— Recorrió primero su cicatriz del rostro, su corazón era una tormenta, seguro que Bai interpretaba señales erráticas, tan erráticas que parecían un corto circuito, entonces Maki tomo ambas manos de la señora de los cielos. La primera mano la condujo a su rostro, guiando sus dedos por el mapa del sufrimiento, aquel en el que encontró la muerte su hermana. Un pasado oscuro, culpable. Un pasado. Doloroso de cojones.
Mostraría colores apasionados, rojos intensos y cambiantes, pero también verdes, y fríos moviéndose cerca de las lamas de su espíritu, como acechando a su propio corazón. La otra mano de Bai, la llevó a su pecho. No su pecho el centro, sino a su pecho derecho. Soltó la mano de la muchacha alada y sin decir nada mas que solo un suspiro en el camino hacia ella. busco sus labios. Maki unió ambos en un fulgor tierno, intenso mientras acariciaba suavemente la nuca de la gigante de bronce. Mientras movía su cabeza a un lado y su lengua lentamente, tímidamente acaricio el borde interior, apenas de los labios de Bai… entonces Maki se separó. Sonrojada, acalorada y con una posibilidad de que se le parta la cabeza de un dolor por la vergüenza. Solo en caso de ser rechazada. Su mano se fue directo a su propia boca como una armadura, como un obstáculo insondable.
—Yo… yo… una vez más… te he... besa... ... ... no… no sé lo que quiero… tu… sabes?...— Su corazón latía a mil, sin duda ahora con la unión de sus labios Maki lo sabía, la deseaba. La anhelaba en su lecho, besarla, recorrer la piel con sus labios, con su pasión. Eso deseaba, pero no podía expresarlo. Ahora. Maki era tan muda e ignorante del lenguaje que la propia diosa de los cielos, Bai Mudan.
Algo sintió Maki, pero no podía saberlo solo lo pudo deducir a medias por la aparente ejecución. El movimiento de su cuerpo de su ser. Era todo el indicio. Le leía. Maki conocía el Kenbunshoku, ella también? Le leería como ella a otros?. Si. seria bastante ventajoso, quizás ella misma podría decirle lo que sentía la propia Estúpida Maki, saber que le dictaba el corazón. no tenia idea si era amor o solo fascinación o obsesión. Pero algo sentía por ella, su piel de bronce, su cabello bicolor, albo un lado, resplandeciente, hermoso y el otro misterioso, salvaje. Difícil de describir.
Ella le toco… el muslo, Maki sin apartar la vista y en silencio mirando directamente en la profundidad del temple de su alma. Sostuvo la mirada. Puso la mano sobre la de ella, un poco más grande a pesar del enorme tamaño de su cuerpo. Lenta, muy lentamente movió la mano de la musa más arriba… un poco más, y más cerca de su cuerpo, apretándole un poco más. Su manos e agarro más junto con el pronunciamiento de su nombre, era probable que mientras Maki hablaba no se diera cuenta que ella le había asido la mano. Se movió de la banca, se arrodillo, y se volvió hacia ella. ambas quedaron a la misma altura, una altura tan cómoda.
Aguanto la risa, porque en su estúpida mente pensó en cortarle las rodillas para quedar siempre a la misma altura. Era… ridículo, pero no pudo evitar pensarlo. Le toco el rostro, mirando sus… oooo claro, sus cicatrices. Era… horrenda. Quizás esto era un error… quizás, era. Una estúpida fantasía. Entonces. Lo comprendió, quería saber que le paso?. Claro. Era intrigante y ella… mierda. Era una historia dolorosa. —Nada importante… un accidente… acci… dente.— Recorrió primero su cicatriz del rostro, su corazón era una tormenta, seguro que Bai interpretaba señales erráticas, tan erráticas que parecían un corto circuito, entonces Maki tomo ambas manos de la señora de los cielos. La primera mano la condujo a su rostro, guiando sus dedos por el mapa del sufrimiento, aquel en el que encontró la muerte su hermana. Un pasado oscuro, culpable. Un pasado. Doloroso de cojones.
Mostraría colores apasionados, rojos intensos y cambiantes, pero también verdes, y fríos moviéndose cerca de las lamas de su espíritu, como acechando a su propio corazón. La otra mano de Bai, la llevó a su pecho. No su pecho el centro, sino a su pecho derecho. Soltó la mano de la muchacha alada y sin decir nada mas que solo un suspiro en el camino hacia ella. busco sus labios. Maki unió ambos en un fulgor tierno, intenso mientras acariciaba suavemente la nuca de la gigante de bronce. Mientras movía su cabeza a un lado y su lengua lentamente, tímidamente acaricio el borde interior, apenas de los labios de Bai… entonces Maki se separó. Sonrojada, acalorada y con una posibilidad de que se le parta la cabeza de un dolor por la vergüenza. Solo en caso de ser rechazada. Su mano se fue directo a su propia boca como una armadura, como un obstáculo insondable.
—Yo… yo… una vez más… te he... besa... ... ... no… no sé lo que quiero… tu… sabes?...— Su corazón latía a mil, sin duda ahora con la unión de sus labios Maki lo sabía, la deseaba. La anhelaba en su lecho, besarla, recorrer la piel con sus labios, con su pasión. Eso deseaba, pero no podía expresarlo. Ahora. Maki era tan muda e ignorante del lenguaje que la propia diosa de los cielos, Bai Mudan.

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