Vellichor [Priv|Pasado]
#7

Su rostro se inclinó suavemente al percibir una nueva amalgama de sensaciones. Demasiado confusas e íntimas. Al tiempo que bajo la yemas de sus dedos, la piel ajena parecía combustionar bajo el roce.

Sus pupilas devoraron el iris celeste al ritmo de un pulso febril, formando en sus ojos un gélido eclipse capaz de quemar a quien se atreviera a mirar; la piel se le erizó de golpe, volviéndose tensa y porosa, al ser asfixiada por el filo de un hambre atroz e insaciable. Y, sin embargo, sus yemas se atrevian a cartografiar su piel con una cadencia febril.

De pronto su mirada cayó un momento y el aire se volvió irrespirable. Su mano estaba sobre el pecho de Maki, a la espera de alguna señal de su propio cuerpo que, en ese momento, solo procesaba el peso, espeso y ciego, de una salivación que no respondía a la voluntad. Tragó saliva, alzando la vista al tiempo que un estertor corto, un golpe de aire ardiente, se le escapó entre los húmedos labios como si fuera su último aliento.

Nada más lejos de la realidad.

Pues de un momento para otro, su respiración se había vuelto entrecortada, latiendo al ritmo de sus dedos crispados que se movían como espasmos lentos; parecían querer enterrarse en una piel que todavía no era suya. Alzó la mirada, saboreando cada movimiento involuntario de aquel cuerpo del que recorría pausadamente su clavícula, y, para cuando por fin se hubo desbocado toda su animalidad, para cuando por fin se atrevió a volver a mirarla, Maki se inclinó hacia ella para besarla.

Y, al rozarla, su equilibrio interno se volvió loco, provocando que su kebun se expandiera más allá de aquella fuente. Se quedó estática. No por el roce en sí —para ella la sexualidad era algo mucho más simple y animal—, sino por la repentina certeza de estarse viendo a través de los ojos de otra mujer, de sentirse deseada desde una alteridad femenina que había olvidado que fuera posible. Al menos durante el tiempo que tardó en procesar la situación y comprender que, esta vez, había algo de consciencia.

Parecía un animal al acecho, con el pecho prácticamente inmóvil. Observando a una presa que no se atrevía a cazar.

«¿Qué me pasa?», se gritó a sí misma mientras su racionalidad era devorada por la llama de la inconsciencia, siendo reducida a un trapo inútil frente al rugido de la carne. Un último coletazo de su humanidad.

Y, con la cordura completamente perdida en un insondable abismo, la mano que todavía se encontraba sobre el pecho de Maki empezó a ascender hasta retirarle del rostro la armadura que se interponía entre ambas.

—Me siento como una bestia que solo desea saciar su podredumbre —masculló mientras se inclinaba hacia ella—. Y, sin embargo, no soy capaz de evitar que mis vísceras reclamen tu carne.

Bai apoyó la frente sobre la de Maki y cerró los ojos buscando algún tipo de autocontrol, un último dique que contuviera la marea. Mas no lo había. Quería unir sus fauces en ella, hundir la jauría de dientes en la carne ajena hasta arrancarle un aullido que rompiera la quietud. Suspiró. Sus labios estaban temblando con una urgencia que rozaba el salvajismo y, entonces, sin previo aviso, sus manos guiaron las de Maki hasta su propia nuca, atrayéndola a una trampa tan frágil como inevitable.

Sin embargo, su contención duró un poco más, lo suficiente como para que su boca se abriera sobre la suya antes de que el hambre se cerniera sobre ella. Fue un arranque violento, un frenesí febril, en el que Bai se hundía lentamente en ella sin importarle el temblor de su propio cuerpo contenido. Solo había un hambre ciega y posesiva que pretendía arrancarle hasta el último estertor.

—Yo...

El mundo volvió a zumbar a su alrededor y, junto a él, volvió el peso liviano del aire a sus pulmones. Sus ojos aún se encontraban dilatados y su rostro se había teñido de un ligero carmín fruto de la superflua asfixia por el beso.

—Yo... — Las palabras no le salían. Pues la bestia que había rugido desde el fondo de sus entrañas no sabía hablar.

Sin embargo, en un intento por recolectar los retazos de su compostura, tragó saliva y se enderezó, tratando de observarla con su calma habitual. Intentando por todos los medios sofocar el temblor que aún le recorría las manos.

—No deberías ver lo que hay bajo mi piel—. Murmuró mientras sentía cómo de pronto el animal se iba hacia el fondo, dejando paso a una racionalidad a la que no quería escuchar.

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Bai Mudan
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Vellichor [Priv|Pasado] - por Bai Mudan - 23-08-2026, 02:08 AM
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