07-09-2026, 12:31 AM
(Última modificación: 07-09-2026, 12:32 AM por Bertram Gaufrid.)
Dia 8 de Primavera, Año 16. 11:00
El joven arquero se encontraba en un estado bastante lamentable, no físico, sino emocional y mental, pues estaba preparándose para abordar el barco de camino a la siguiente isla tras su paso por Skypiea, teniendo en cuenta que el tiempo límite permitido por el gobernador de la isla, quien en la audiencia privada que tuvo con él junto a Rackam, el otro miembro del equipo ganador que también solicitó la sabiduría de Skypiea, le dio información que podría parecer irrelevante sobre los diales, pero no dijo que no se podía fabricar, dijo que desconocía cómo surgieron, si era algo que surgió naturalmente o si fue fabricado. Esas palabras para un amante de las creaciones y ávido investigador como lo era el arquero, indicaba un camino de investigación, el cual era ideal poder hacerlo en Skypiea, pero con el limitado tiempo que les dieron para permanecer era corto el joven decidió dejar la investigación para otro momento, buscando la forma de averiguarlo por su cuenta una vez hubiera dominado más los caminos de la fabricación en los que aún estaba muy verde.
Volviendo al momento actual, el joven estaba algo decaído pues mientras preparaba la partida su alma de creador le hizo recordar el tipo de barco que usaba su división, el estado en el que se encontraba y el camino de regreso, un camino que a toda vista y teniendo en cuenta como fue la subida, sería literalmente una caída en picado desde lo más alto a lo que viajaron los marines hasta la fecha, un viaje que el propio arquero se sorprendió que su pequeña Goleta haya aguantado siquiera. Con eso en mente, el joven tenía una espina en su mente proveniente en parte de su conocimiento de estructuras, de la resistencia de la madera y de las consecuencias de semejante caída, junto con su parte intuitiva que se basaba en un instinto que hasta la fecha no le había fallado, pues siempre que le hizo caso evitó problemas o se preparó mejor para lo que fuera a hacer. Por ello fue que el joven pelirrojo tomó la dura pero necesaria decisión de separarse temporalmente de su compañero peludo, un fiel amigo que le acompañaba desde la isla donde surgió su actual división, y que le ayudó en recolectas, viajes y misiones, y que sobre todo le hizo compañía en las horas de trabajo en solitario.
El contramaestre ya había dejado a su compañero en manos de un compañero de la marina en el que confiaba, quien se comprometió a cuidarlo hasta que el arquero y su amigo peludo pudieran reunirse nuevamente. El joven se encontraba algo decaído y con la mente hecha un caso, por lo que tomó su arco y unas cuantas cosas más y puso rumbo a la ciudad de Shandora, no tenía ganas de entrenar, recolectar o hacer nada complejo de momento, solo quería despejar la mente, el joven no quería tener que separarse de más seres a los que apreciaba, primero sus padres en el accidente, luego su abuelo en ese cobarde ataque pirata, donde también perdió la pista de Titta, y ahora su fiel compañero. El joven se dirigió en silencio, la mirada apagada y la cabeza agachada, no parecía estar siquiera vivo, era como un cascarón vacío caminando por las calles, evitando a los demás por puro instinto hasta llegar a la puerta de lo que parecía ser una taberna, abriéndola para ver un ambiente sencillo, tranquilo y algo oscuro, con pocas ventanas y apenas iluminado, perfecto para su estado actual donde solo quería hundirse en un rincón y beber sin que le molestaran.
El joven se acercó al tabernero y le pidió una enorme jarra llena de hidromiel, lo suficiente para cuatro personas, llamando su atención, pero el hombre al verle la cara al joven decidió no indagar demasiado y le sirvió el pedido, indicándole también una mesa apartada y casi imperceptible si no miras con detenimiento, por lo que el joven hizo una suave reverencia en agradecimiento y caminó hacia allí como un alma en pena rumbo a su castigo eterno antes de sentarse con el arco a un lado y la jarra delante, con un vaso del que empezaba a beber con calma, pues quería disfrutar al menos de eso para intentar ahogar las penas y los demonios.

