08-09-2026, 05:18 AM
La cara del bombón de chocolate era lo único que deseaba ver, le encendía el espíritu, le movía aquella figura tan poderosa, esculpida en puro poder físico y su forma animal… una especie de criatura acorazada aun mas fuerte y poderosa que cualquier cosa que hubiera visto antes. Dios… Maki sentía el calor subiendo por su garganta, por su pecho, por su mente. Se mojo los labios cuando estuvo cerca, apoyando un codo para realzar su figura. Sus caderas su busto, aunque pequeño, era algo sensual.
—Vaya… así que eres de esos bebes llorones que solo se dedican a cuidar sus cuerpos como un templo? He?... me encanta… por que esos templos, lugares de dioses y de santos… son los que me gusta torcer bajo mis deseos.— Le tomo la mano para obligarlo a sentarse con ella a su lado. Su mano danzo entre sus dedos, después subió por su brazo… duro como una roca, formado y con el dedo recorriendo cada surco de su musculo llego hasta la articulación del brazo. Su mano. Pequeñísima en comparación. Alzo la vista contra la de él. Desafiante. Sin amedrentamientos. Como si ella supiera que si por algún motivo se desatara una pelea a muerte. No moriría. Vencería. Altiva, valiente. Y serena.
Cuando él se acercó, ella lo hizo aún más… cruzando la pierna una sobre la otra, de tal forma que su talón quedo a milímetros de la pierna del enorme hombre. Lo quería cerca, claro, lo quería tan cerca que le arrancase los suspiros, los sueños y las esperanzas de zarpar. —Escondiéndome ni desaparecida... para… para que me buscabas?... yo no me he escondido… es más… también, debo confesar. Estaba ansiosa de verte. De ver al gran hombre que por primera vez…— Su talón se poso sobre la rodilla del hombre para que el pudiera si lo deseaba posar su mano sobre su pie. —… No me ve como un maldito monstruo… se que de lejos parecen tatuajes. Pero no. son quemaduras… quemaduras reales y dolorosas.— Dijo mirando a un costado y abriendo un poco su chaqueta para mostrarle sus cicatrices mas profundas. —Quieres… tocarlas?— Menciono sin apartar esta vez la mirada del rostro del enorme buccaner.
Deseaba adivinar con precisión cada pensamiento. Tratando de leer cada musculo facial o cada movimiento de su cuerpo para darle una idea aproximada de que era lo que buscaba en una mujer tan horrenda y simple como ella. Tomo la mano, la enorme mano y la guio primero por las cicatrices de su rostro… su cabeza, calva y bajo nuevamente por el costado detrás de su oído, su mejilla y bajo lentamente por el cuello mientras ella alzo el mentón y continuo… bajando por su pecho… sobre… su pecho izquierdo… Maki le miro… certeramente a los ojos como una bestia hambrienta. —Como… se sienten… es doloroso recorrer las cicatrices?... son producto de mi amor. De mi estupidez y de todo lo malo que hice es un precio bajo.— Menciono… su voz hace rato se volvió melosa, dulce y apacible… se hecho un poco atrás. Movió su pie desde donde se había apoyado y se volvió a la barra nuevamente mientras bebía otro sorbo del dichoso elixir que ya le tenia la cabeza flotando entre nubes skypeanas. —En realidad no he hecho mucho desde que llegué… enterré a unos hombres muertos… 49… si, eran 49…— Bebió un largo sorbo. —49 almas que solo deseaban ser grandes promesas… muertas en un barranco de manera estúpida. Aunque valiente claro. Para morir se requiere valentía. Y para dar un salto de fe. Aún más. También reparé un barco y aprendí un par de técnicas algo locas…. Que locas, loquísimas… … … y tu muchachon que has hecho? Te has portado mal? Has roto muchos corazones en esta isla?— Termino diciendo mientras enumeraba sus peripecias en la isla del cielo.
—Vaya… así que eres de esos bebes llorones que solo se dedican a cuidar sus cuerpos como un templo? He?... me encanta… por que esos templos, lugares de dioses y de santos… son los que me gusta torcer bajo mis deseos.— Le tomo la mano para obligarlo a sentarse con ella a su lado. Su mano danzo entre sus dedos, después subió por su brazo… duro como una roca, formado y con el dedo recorriendo cada surco de su musculo llego hasta la articulación del brazo. Su mano. Pequeñísima en comparación. Alzo la vista contra la de él. Desafiante. Sin amedrentamientos. Como si ella supiera que si por algún motivo se desatara una pelea a muerte. No moriría. Vencería. Altiva, valiente. Y serena.
Cuando él se acercó, ella lo hizo aún más… cruzando la pierna una sobre la otra, de tal forma que su talón quedo a milímetros de la pierna del enorme hombre. Lo quería cerca, claro, lo quería tan cerca que le arrancase los suspiros, los sueños y las esperanzas de zarpar. —Escondiéndome ni desaparecida... para… para que me buscabas?... yo no me he escondido… es más… también, debo confesar. Estaba ansiosa de verte. De ver al gran hombre que por primera vez…— Su talón se poso sobre la rodilla del hombre para que el pudiera si lo deseaba posar su mano sobre su pie. —… No me ve como un maldito monstruo… se que de lejos parecen tatuajes. Pero no. son quemaduras… quemaduras reales y dolorosas.— Dijo mirando a un costado y abriendo un poco su chaqueta para mostrarle sus cicatrices mas profundas. —Quieres… tocarlas?— Menciono sin apartar esta vez la mirada del rostro del enorme buccaner.
Deseaba adivinar con precisión cada pensamiento. Tratando de leer cada musculo facial o cada movimiento de su cuerpo para darle una idea aproximada de que era lo que buscaba en una mujer tan horrenda y simple como ella. Tomo la mano, la enorme mano y la guio primero por las cicatrices de su rostro… su cabeza, calva y bajo nuevamente por el costado detrás de su oído, su mejilla y bajo lentamente por el cuello mientras ella alzo el mentón y continuo… bajando por su pecho… sobre… su pecho izquierdo… Maki le miro… certeramente a los ojos como una bestia hambrienta. —Como… se sienten… es doloroso recorrer las cicatrices?... son producto de mi amor. De mi estupidez y de todo lo malo que hice es un precio bajo.— Menciono… su voz hace rato se volvió melosa, dulce y apacible… se hecho un poco atrás. Movió su pie desde donde se había apoyado y se volvió a la barra nuevamente mientras bebía otro sorbo del dichoso elixir que ya le tenia la cabeza flotando entre nubes skypeanas. —En realidad no he hecho mucho desde que llegué… enterré a unos hombres muertos… 49… si, eran 49…— Bebió un largo sorbo. —49 almas que solo deseaban ser grandes promesas… muertas en un barranco de manera estúpida. Aunque valiente claro. Para morir se requiere valentía. Y para dar un salto de fe. Aún más. También reparé un barco y aprendí un par de técnicas algo locas…. Que locas, loquísimas… … … y tu muchachon que has hecho? Te has portado mal? Has roto muchos corazones en esta isla?— Termino diciendo mientras enumeraba sus peripecias en la isla del cielo.

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