14-09-2026, 09:54 PM
Los niños continuaron jugando y mi mirada quedó cautivada por ellos.
Fue entonces cuando escuché de nuevo una voz que me aceleró el corazón. La voz de una amiga secreta que me había resignado a no volver a ver cuando nos desperdigaron por la isla.
Cuando mis aguamarinas alcanzaron su rostro enmarcado por el característico cabello anaranjado, no pude evitar una gran sonrisa.
El destino hizo que nos conociéramos en las peores circunstancias bajo tierra y, por alguna razón, nos había reunido de nuevo en el lugar más pacífico sobre los cielos.
―¡¡Miyori!!
Apenas agité un par de veces el brazo lo más alto que pude antes de echar a correr hacia ella riendo.
―¡Miyoriiiiiiiiiiii! ―la abrazo con fuerza al llegar junto a ella―. ¡Me alegro tantísimo de haber visto que estabas bien! ¡¿Cómo te ha ido tras Kutsukku?! ¡¿Cómo te encuentras de haberte quitado la fruta?! Mi compañero se recuperó superrápido, es superfuerte, ¿¿tú estás bien?? ¡Ay, no me puedo creer que estemos hablando de nuevo! ¡No podemos dejar que esto vuelva a ocurrir! ―exclamo entre saltitos el último par de frases, tomándola de las manos antes de detenerme y mirarla con intensidad, aún sin soltarla―. ¡Oye! ¡¿Y si intercambiamos nuestros números de Mushi Mushi?! ¡Puedo agregarte con otro nombre y así nadie sabrá que podemos hablarnos! ¿Te gustaría? ¿Qué nombre elegirías? A mí podrías agregarme comooooo… Mmmm… ¡Lidia!
Reí de nuevo, aún agitando la cola con alegría, pero la imagen de alguien conocido se hizo evidente al borde de mi mirada y mi corazón se saltó un latido.
La sorpresa se hizo visible en mi rostro de inmediato, y mi instinto me llevó a esconderme con las orejas gachas un poquito detrás de Miyori, ya que había visto en el coliseo que ella confiaba en él. No podía evitar analizarlo, parecía algo incómodo… Eso debía de significar que me recordaba, y yo no terminaba de decidir si eso era bueno o no…
Finalmente, aun preocupada, me atreví a sonreír un poquito.
―Hola, Uker… Cuánto tiempo ―saludé con las orejas aún hacia atrás, pero ligeramente más alzadas―. No sabía si me recordarías… ―Aparté la mirada con esas últimas palabras, llevando mi zurda inconscientemente al colgante de mis padres, buscando calmarme. Aún sin atreverme a mirarlo nuevamente a los ojos, terminé pronunciando con dificultad la pregunta que llevaba días quemándome el pecho―. ¿Estás… enfadado…?
Fue entonces cuando escuché de nuevo una voz que me aceleró el corazón. La voz de una amiga secreta que me había resignado a no volver a ver cuando nos desperdigaron por la isla.
Cuando mis aguamarinas alcanzaron su rostro enmarcado por el característico cabello anaranjado, no pude evitar una gran sonrisa.
El destino hizo que nos conociéramos en las peores circunstancias bajo tierra y, por alguna razón, nos había reunido de nuevo en el lugar más pacífico sobre los cielos.
―¡¡Miyori!!
Apenas agité un par de veces el brazo lo más alto que pude antes de echar a correr hacia ella riendo.
―¡Miyoriiiiiiiiiiii! ―la abrazo con fuerza al llegar junto a ella―. ¡Me alegro tantísimo de haber visto que estabas bien! ¡¿Cómo te ha ido tras Kutsukku?! ¡¿Cómo te encuentras de haberte quitado la fruta?! Mi compañero se recuperó superrápido, es superfuerte, ¿¿tú estás bien?? ¡Ay, no me puedo creer que estemos hablando de nuevo! ¡No podemos dejar que esto vuelva a ocurrir! ―exclamo entre saltitos el último par de frases, tomándola de las manos antes de detenerme y mirarla con intensidad, aún sin soltarla―. ¡Oye! ¡¿Y si intercambiamos nuestros números de Mushi Mushi?! ¡Puedo agregarte con otro nombre y así nadie sabrá que podemos hablarnos! ¿Te gustaría? ¿Qué nombre elegirías? A mí podrías agregarme comooooo… Mmmm… ¡Lidia!
Reí de nuevo, aún agitando la cola con alegría, pero la imagen de alguien conocido se hizo evidente al borde de mi mirada y mi corazón se saltó un latido.
Uker.
La sorpresa se hizo visible en mi rostro de inmediato, y mi instinto me llevó a esconderme con las orejas gachas un poquito detrás de Miyori, ya que había visto en el coliseo que ella confiaba en él. No podía evitar analizarlo, parecía algo incómodo… Eso debía de significar que me recordaba, y yo no terminaba de decidir si eso era bueno o no…
Finalmente, aun preocupada, me atreví a sonreír un poquito.
―Hola, Uker… Cuánto tiempo ―saludé con las orejas aún hacia atrás, pero ligeramente más alzadas―. No sabía si me recordarías… ―Aparté la mirada con esas últimas palabras, llevando mi zurda inconscientemente al colgante de mis padres, buscando calmarme. Aún sin atreverme a mirarlo nuevamente a los ojos, terminé pronunciando con dificultad la pregunta que llevaba días quemándome el pecho―. ¿Estás… enfadado…?
