15-09-2026, 04:04 PM
La carcajada que estuvo a punto de soltar murió antes siquiera de salir de su garganta, Maki acababa de llamarlo llorón, cuestionar toda su filosofía sobre el tabaco y, de alguna manera, convertirlo en algo parecido a un cumplido. De hecho, Ubbe ni siquiera intentó responder, se limitó a sonreír mientras negaba lentamente con la cabeza, entonces cuando ella le tomó la mano para obligarlo a sentarse a su lado, no opuso la menor resistencia. De hecho, el ya tenia intenciones de acercarse mas hacia ella, tirase de su mano o no. Cuando se sentó, el banco protestó bajo el peso del buccaneer mientras ocupaba el asiento junto a ella, quizá demasiado cerca para algunos, pero no lo bastante para él. Había algo en aquella mujer que seguía atrapando su atención una y otra vez, no era su aspecto, ni sus cicatrices, ni siquiera aquel fue los animos que le mandó en los juegos lo que le llamaba la atención; quizá fuera su actitud. Maki lo miraba exactamente igual que habría mirado a Zaratsuki, a los marines, a los participantes de los juegos y probablemente al propio mundo entero: sin bajar la cabeza ante nada.
La diferencia de tamaño entre ambos era absurda, Ubbe incluso podía levantarla con una sola mano y, aun así, ella seguía observándolo como si aquello no significara absolutamente nada, como si, llegado el momento, estuviera convencida de que podría partirle la cara igualmente, y joder baby, eso le encantaba.
- Baby... -murmuró apoyando un codo sobre la barra mientras la observaba con una sonrisa divertida- creo que eres una very dangerous woman.
Ubbe permaneció inmóvil cuando ella cruzó la pierna y dejó el talón apoyado contra él, apenas unos centímetros de distancia que, de repente, parecieron reducir todavía más el espacio entre ambos, y cuando confesó que había estado deseando volver a verlo, algo parecido a una sonrisa satisfecha apareció en el rostro del buccaneer, porque aquella era exactamente la respuesta que esperaba, no por arrogancia, pero sobre todo porque él también había pasado tres días buscándola entre miles de personas y saber que era reciproco, le dio un chute de alegría al gigante de chocolate, que no podia esconder.
La sonrisa de Ubbe desapareció poco a poco cuando Maki abrió ligeramente la chaqueta, y sus ojos descendieron siguiendo el movimiento de la tela hasta detenerse sobre las marcas que recorrían su piel, el hombretón no apartó la mirada, no fingió no verlas, o mostrar lástima, solo se quedó observanco, con cierta curiosidad incluso.
El la habia esuchado, y pese que esa mujer le hacia sentir cosas que aun no sabia ni describir, tuvo que interrumpirla.
- ¿Monstruo? - Negó lentamente con la cabeza - Baby... si tú eres un monster, entonces yo debo ser algo peor.
Extendió ligeramente uno de sus brazos, dejando que el tamaño absurdo de su cuerpo hablara por sí solo.
- Look. Mido más de cuatro metros, puedo partir barcos con las manos, la mayoría de people cruza la calle cuando me ve venir, y por no hablar de cuando me transformo.
Una sonrisa torcida apareció en su rostro.
- Si el mundo decide que somos monstruos por nuestras cicatrices, por nuestras heridas o simplemente porque somos diferentes... - Su voz descendió ligeramente - Entonces el problema nunca fuimos nosotros
Sus dedos se cerraron suavemente alrededor de la mano de Maki cuando esta la agarró - Es el mundo es el que está mal.
Cuando ella le preguntó si quería tocarlas, Ubbe asintió sin vacilar, permitió que guiara su enorme mano por el contorno de su rostro. Al principio Ubbe se dejó llevar, pero poco a poco sus dedos comenzaron a moverse por voluntad propia: El pulgar recorrió con suavidad una de las cicatrices de su mejilla, después descendió junto a su oído, más abajo por su cuello, no era una exploración torpe ni curiosa, era una caricia, como si estuviera intentando aprenderse de memoria cada una de aquellas marcas.
El pulgar de Ubbe recorrió lentamente una de las cicatrices mientras la observaba sin apartar la mirada- No veo ningun monstruo ni nigun animal, veo a una guerrera - Una pequeña sonrisa apareció en su rostro.
- Todo warrior lleva scars, algunas son más visibles que otras, pero todas cuentan algo. Una pelea, una decisión, un error o una victoria, al final son la prueba de que seguimos aquí.
La mano continuó descendiendo guiada por ella y, cuando alcanzó su pecho, el corazón del buccaneer pareció acelerarse durante un instante. No retiró la mano, aunque una sonrisa algo más nerviosa apareció en su rostro.
- Baby... estás haciendo this very difficult..
La carcajada que siguió fue suave, casi avergonzada, aunque no sacó del todo a Ubbe de su momento de intimidad
- ¿Son dolorosas? - La pregunta fue sincera, y no hablaba de la piel, sino de los recuerdos, y de todo por lo que habria pasado la chica calva.
- No sé qué hiciste ni qué pasó para que terminaras con ellas, pero si nuestras decisiones acaban escritas sobre nuestro cuerpo, entonces no creo que haya nada de lo que avergonzarse.
Sus dedos recorrieron una de las marcas una última vez, quizá acariciando de más la piel de la muchacha.
- Y si me preguntas a mí... te hacen incluso más beautiful de lo que ya eras, baby.
La conversación cambió tan deprisa que durante unos segundos Ubbe tardó en reaccionar, de hecho cuando Maki se apartó ligeramente para volver a la barra, llevándose consigo el calor de aquella cercanía que había existido entre ambos durante los últimos minutos, una parte de él llegó a preguntarse si había hablado demasiado, quizá se había dejado llevar, quizá había cruzado alguna línea invisible de esas que nunca terminaba de entender.
Pero entonces ella siguió hablando, y realmente todo lo demás dejó de importar: Cuarenta y nueve hombres.
La sonrisa desapareció lentamente de su rostro mientras su mirada descendía hasta el vaso de Cola Zero, el bullicio de la taberna pareció alejarse poco a poco, convirtiéndose en un ruido lejano incapaz de atravesar los recuerdos que acababan de regresar a su cabeza. Cuarenta y nueve. Ni siquiera necesitaba cerrar los ojos para recordar sus caras, no las recordaba todas, pero aun asi eran sus hombres. Ya había hablado de aquello con Sigurd, había intentado convencerse de que todos habían elegido saltar por voluntad propia, de que sabían perfectamente el riesgo que estaban asumiendo, de que ninguno había dudado ni un segundo cuando llegó el momento de lanzarse hacia lo desconocido.
Pero nunca había conseguido librarse de aquella sensación, porque para Ubbe no habían muerto cuarenta y nueve hombres.
Habían muerto cuarenta y nueve Hijos del Ragnarok, hombres que habían seguido sus convicciones hasta el final, hombres que habían apostado su vida por aquello en lo que creían, hombres lo bastante valientes como para lanzarse al vacío sonriendo. Y él era su general, su comandante, el hombre que debía haberlos llevado hasta el otro lado.
Los dedos se cerraron un poco más alrededor del vaso, estaba aflijido, se le notaba en la mirada.
No, la culpa no era de ellos, nunca lo había sido, ellos habían cumplido, quien había fallado era él, fue entonces cuando algo terminó de encajar en su cabeza, sus ojos volvieron a alzarse hacia Maki.
- ¿Los enterraste tú?...
La pregunta salió casi sin pensarlo, recordó a los skypeans explicándole que los muertos recibirian un entierro digno, uno propio del Mar Azul, recordó el alivio que sintió al escuchar aquello, recordó incluso haber ido hasta allí convencido de que había sido obra de los habitantes de la isla. Jamás imaginó que hubiera sido ella.
Durante varios segundos permaneció observándola en silencio, pensando en aquellos cuerpos, pensando en aquellas tumbas, pensando en el tiempo que alguien había dedicado a despedir a hombres que ni siquiera conocía.
La dureza que había aparecido en su expresión fue desapareciendo poco a poco.
- Quería hacerlo yo, eran mis hombres... ellos no fueron estupuidos... solo tuvieron la desgracia de tener un lider que no estaba a la altura. - Su voz era más baja ahora - Cuando me dijeron que habían recibido un funeral pensé que había sido cosa de los skypeans. Nunca imaginé que habías sido tú quien les dio some rest.
Ubbe guardó silencio unos instantes más, y por primera vez desde que se había sentado a su lado, no hubo bromas, ni sonrisas, ni comentarios juguetones, solo sinceridad.
- Gracias, baby.
Las palabras fueron sencillas, pero el peso que llevaban detrás era inmenso.
La diferencia de tamaño entre ambos era absurda, Ubbe incluso podía levantarla con una sola mano y, aun así, ella seguía observándolo como si aquello no significara absolutamente nada, como si, llegado el momento, estuviera convencida de que podría partirle la cara igualmente, y joder baby, eso le encantaba.
- Baby... -murmuró apoyando un codo sobre la barra mientras la observaba con una sonrisa divertida- creo que eres una very dangerous woman.
Ubbe permaneció inmóvil cuando ella cruzó la pierna y dejó el talón apoyado contra él, apenas unos centímetros de distancia que, de repente, parecieron reducir todavía más el espacio entre ambos, y cuando confesó que había estado deseando volver a verlo, algo parecido a una sonrisa satisfecha apareció en el rostro del buccaneer, porque aquella era exactamente la respuesta que esperaba, no por arrogancia, pero sobre todo porque él también había pasado tres días buscándola entre miles de personas y saber que era reciproco, le dio un chute de alegría al gigante de chocolate, que no podia esconder.
La sonrisa de Ubbe desapareció poco a poco cuando Maki abrió ligeramente la chaqueta, y sus ojos descendieron siguiendo el movimiento de la tela hasta detenerse sobre las marcas que recorrían su piel, el hombretón no apartó la mirada, no fingió no verlas, o mostrar lástima, solo se quedó observanco, con cierta curiosidad incluso.
El la habia esuchado, y pese que esa mujer le hacia sentir cosas que aun no sabia ni describir, tuvo que interrumpirla.
- ¿Monstruo? - Negó lentamente con la cabeza - Baby... si tú eres un monster, entonces yo debo ser algo peor.
Extendió ligeramente uno de sus brazos, dejando que el tamaño absurdo de su cuerpo hablara por sí solo.
- Look. Mido más de cuatro metros, puedo partir barcos con las manos, la mayoría de people cruza la calle cuando me ve venir, y por no hablar de cuando me transformo.
Una sonrisa torcida apareció en su rostro.
- Si el mundo decide que somos monstruos por nuestras cicatrices, por nuestras heridas o simplemente porque somos diferentes... - Su voz descendió ligeramente - Entonces el problema nunca fuimos nosotros
Sus dedos se cerraron suavemente alrededor de la mano de Maki cuando esta la agarró - Es el mundo es el que está mal.
Cuando ella le preguntó si quería tocarlas, Ubbe asintió sin vacilar, permitió que guiara su enorme mano por el contorno de su rostro. Al principio Ubbe se dejó llevar, pero poco a poco sus dedos comenzaron a moverse por voluntad propia: El pulgar recorrió con suavidad una de las cicatrices de su mejilla, después descendió junto a su oído, más abajo por su cuello, no era una exploración torpe ni curiosa, era una caricia, como si estuviera intentando aprenderse de memoria cada una de aquellas marcas.
El pulgar de Ubbe recorrió lentamente una de las cicatrices mientras la observaba sin apartar la mirada- No veo ningun monstruo ni nigun animal, veo a una guerrera - Una pequeña sonrisa apareció en su rostro.
- Todo warrior lleva scars, algunas son más visibles que otras, pero todas cuentan algo. Una pelea, una decisión, un error o una victoria, al final son la prueba de que seguimos aquí.
La mano continuó descendiendo guiada por ella y, cuando alcanzó su pecho, el corazón del buccaneer pareció acelerarse durante un instante. No retiró la mano, aunque una sonrisa algo más nerviosa apareció en su rostro.
- Baby... estás haciendo this very difficult..
La carcajada que siguió fue suave, casi avergonzada, aunque no sacó del todo a Ubbe de su momento de intimidad
- ¿Son dolorosas? - La pregunta fue sincera, y no hablaba de la piel, sino de los recuerdos, y de todo por lo que habria pasado la chica calva.
- No sé qué hiciste ni qué pasó para que terminaras con ellas, pero si nuestras decisiones acaban escritas sobre nuestro cuerpo, entonces no creo que haya nada de lo que avergonzarse.
Sus dedos recorrieron una de las marcas una última vez, quizá acariciando de más la piel de la muchacha.
- Y si me preguntas a mí... te hacen incluso más beautiful de lo que ya eras, baby.
La conversación cambió tan deprisa que durante unos segundos Ubbe tardó en reaccionar, de hecho cuando Maki se apartó ligeramente para volver a la barra, llevándose consigo el calor de aquella cercanía que había existido entre ambos durante los últimos minutos, una parte de él llegó a preguntarse si había hablado demasiado, quizá se había dejado llevar, quizá había cruzado alguna línea invisible de esas que nunca terminaba de entender.
Pero entonces ella siguió hablando, y realmente todo lo demás dejó de importar: Cuarenta y nueve hombres.
La sonrisa desapareció lentamente de su rostro mientras su mirada descendía hasta el vaso de Cola Zero, el bullicio de la taberna pareció alejarse poco a poco, convirtiéndose en un ruido lejano incapaz de atravesar los recuerdos que acababan de regresar a su cabeza. Cuarenta y nueve. Ni siquiera necesitaba cerrar los ojos para recordar sus caras, no las recordaba todas, pero aun asi eran sus hombres. Ya había hablado de aquello con Sigurd, había intentado convencerse de que todos habían elegido saltar por voluntad propia, de que sabían perfectamente el riesgo que estaban asumiendo, de que ninguno había dudado ni un segundo cuando llegó el momento de lanzarse hacia lo desconocido.
Pero nunca había conseguido librarse de aquella sensación, porque para Ubbe no habían muerto cuarenta y nueve hombres.
Habían muerto cuarenta y nueve Hijos del Ragnarok, hombres que habían seguido sus convicciones hasta el final, hombres que habían apostado su vida por aquello en lo que creían, hombres lo bastante valientes como para lanzarse al vacío sonriendo. Y él era su general, su comandante, el hombre que debía haberlos llevado hasta el otro lado.
Los dedos se cerraron un poco más alrededor del vaso, estaba aflijido, se le notaba en la mirada.
No, la culpa no era de ellos, nunca lo había sido, ellos habían cumplido, quien había fallado era él, fue entonces cuando algo terminó de encajar en su cabeza, sus ojos volvieron a alzarse hacia Maki.
- ¿Los enterraste tú?...
La pregunta salió casi sin pensarlo, recordó a los skypeans explicándole que los muertos recibirian un entierro digno, uno propio del Mar Azul, recordó el alivio que sintió al escuchar aquello, recordó incluso haber ido hasta allí convencido de que había sido obra de los habitantes de la isla. Jamás imaginó que hubiera sido ella.
Durante varios segundos permaneció observándola en silencio, pensando en aquellos cuerpos, pensando en aquellas tumbas, pensando en el tiempo que alguien había dedicado a despedir a hombres que ni siquiera conocía.
La dureza que había aparecido en su expresión fue desapareciendo poco a poco.
- Quería hacerlo yo, eran mis hombres... ellos no fueron estupuidos... solo tuvieron la desgracia de tener un lider que no estaba a la altura. - Su voz era más baja ahora - Cuando me dijeron que habían recibido un funeral pensé que había sido cosa de los skypeans. Nunca imaginé que habías sido tú quien les dio some rest.
Ubbe guardó silencio unos instantes más, y por primera vez desde que se había sentado a su lado, no hubo bromas, ni sonrisas, ni comentarios juguetones, solo sinceridad.
- Gracias, baby.
Las palabras fueron sencillas, pero el peso que llevaban detrás era inmenso.
![[Imagen: ksMOGZu.png]](https://i.imgur.com/ksMOGZu.png)
