18-09-2026, 08:27 AM
Vestimenta
Día 3 de primavera, año 18
Shandora
Agotado.
No había otra palabra que pudiera suplantar aquella para definir como se sentía el médico de los Valar.
El día anterior no fue intenso, fue maratónico. Sucedieron tantas cosas al mismo tiempo que, para este momento, su cabeza era una maraña de pensamientos tan difíciles de ordenar que, aunque amaba dormir, no pudo pegar el ojo en toda la noche, pues se la pasó anotando datos en su libreta, una de las tantas que llevaba consigo para poder “recordar” el mundo y sus vivencias cuando los sucesos aún estaban frescos en su cabeza.
No supo cómo fue que pasó de largo, pero ahora que miraba hacia afuera, el sol primaveral ya empezaba a asomarse entre las bajas nubes que cubrían su patio. Sabía que pronto esos rayos tocarían su ventana y sus ojos serían víctimas de las primeras luces del día. Suspiró al darse cuenta de lo inevitable…Tal vez era hora de dormir un poco.
Suspiró, cerró el cuaderno que tenía frente a él, así como el libro de plantas medicinales que había tomado de un librero de la residencia otorgada a los Valar, de manera temporal, por el emperador Zaratsuki y se levantó de su asiento, dispuesto a tirarse en la cama para dormir hasta que se pusiera el sol, pero…el destino tenía otros planes para él.
Apenas y le dio tiempo a sentarse en su cama cuando escuchó el conocido ruido de su den den mushi.
Quiso ignorarlo, de verdad que quiso hacerlo, pero el “puru puru puru puru puru” se le hizo tan insistente que, con mala cara, terminó sosteniendo al animalito entre sus manos y descolgó la llamada.
Una voz desconocida, pero que sabía su “nombre”, le habló desde el otro lado. El médico no respondió de buenas a primeras, solo alzó una ceja mientras se mordía el labio inferior, intentando reconocer el sonido de la voz, pero sin lograrlo, por más que se concentrara.
—Lo siento, no conozco a ningún “Era” y es muy temprano como para que vea cualquier “urgencia”, creo que tendrá que esperar a que…
La voz no lo dejó terminar de hablar, simplemente, respondió desde el otro lado, dando el porqué de su llamada, diciendo de donde tenía su número y algo más que supuestamente él mismo había dicho… ¿Cuándo? ¿Coliseo? Eso fue ayer…debía haber estado borracho si prometió consultas gratuitas a las personas.
Se masajeó el entrecejo, buscando entre la pila de paciencia que no tenía para intentar no cerrar la llamada, pues, a fin y al cabo, tal vez si que podría llegar a un acuerdo con aquel hombre, fuera quien fuera, si tan desesperado estaba por llamarlo a tan tempranas horas de la mañana por una supuesta emergencia.
—Bien…bien…Puedo atenderlo, por un módico precio, por supuesto, no soy la caridad, así que anote la dirección. Estoy en…eh…
Tuvo que obligarse a ponerse de pie para mirar hacia el exterior y poder dar un punto de referencia, pero solo veía nubes y más nubes, aunque, en un momento, en medio de un par de nubes que parecían estarse separando una de la otra, notó el borde de algo…¡Bingo! Su casa estaba al borde de un acantilado.
—…Cerca hay un acantilado, es una casa de tonos dorados…creo que las paredes son de barro, tiene dos pisos y un jardín lleno de nubes, aunque seguro eso es así en toda esta isla, pero como sea, eso puedo decir de mi ubicación, espero que pueda encontrarme, de otro modo, tendrá que conseguir otro médico en la ciudad…y suerte encontrando uno, porque luego de las fiestas de ayer dudo que haya mucha gente dispuesta —. El mismo no estaba en su mejor ánimo, pero ¡Hey! Al menos solo estaba falta de sueño y no con resaca…podría haber sido peor.
Luego de su explicación y de haberse asegurado de que “Era” hubiera anotado la dirección, el médico cerró su den den mushi, lo colocó a un lado y lo dejó comer un poco de lechuga que él mismo había traído la noche anterior, mientras que el médico se quedó, por un rato, observando al animalito…Tal vez ese sería su momento más tranquilo de la mañana.
Había pasado un tiempo en el que tuvo que luchar por mantenerse despierto. Se bañó con agua fría, aunque volvió a ponerse una pijama; tomó café, aunque no era fanático de aquella bebida y, también, comió dulces que le habían quedado del día anterior…Sí, tuvo tiempo de hacer todo eso antes de que escuchara un golpeteo leve en la puerta.
Se levantó con calma, fue hacia la puerta y la abrió con una paciencia que podría desesperar a cualquiera y fue entonces cuando se llevó una sorpresa…una enorme sorpresa.
—¡¿Qué carajo?! —Era inevitable no fijarse en el pequeño gran problema que aquel hombre traía entre sus pantalones. Debía ser una locura, se veía doloroso, algo que le quedaba claro por la expresión del lunarian al que, curiosamente, recordaba vagamente haber visto el día anterior, aunque con tantos de su clase rondando por ahí, no sabía si era el mismo que recordaba o algún otro. —¿Eres “Era”? ¡Ah!... Pasa… Supongo…
Dejó la puerta abierta, una que era lo bastante grande como para que alguien de 6 metros pasara por esta, algo que podía entender considerando la altura de algunos lunarians.
—¿Cómo es que te hiciste eso? ¿Tomaste alguna droga o algo por el estilo? ¿Sabes que los estimulantes no son opciones muy buenas en hombres jóvenes? Causan más daño que bien —. En médico, con naturalidad, se encogió de hombros y sí, enseguida empezó a sermonear, pues la razón de la visita del lunarian se le hizo más que evidente. —Si aún puedes moverte, siéntate en alguno de los sillones de la sala, da igual cual, no creo que mis compañeros se despierten pronto —. Habló mientras se movía con gracia por la habitación para dirigirse a la cocina. —¡Espérame ahí sentado!
Luego de un rato apareció por la puerta con una bolsa de hielo que le extendió al lunarian, esperando que tuviera la fuerza para tomarla.
—Toma, ponlo sobre la zona…Puede parecer cruel, pero el frío ayudará a que tus vasos sanguíneos se contraigan, eso empezará a reducir tu problema, pero…Jmmm…lo cierto es que necesito más datos antes de darte cualquier medicamento que te ayude a aliviarte… ¿Desde cuándo estas así? ¿Sabes si fue por algo que tomaste? ¿O estuviste en contacto con algún veneno? —Se quedó de pie frente al hombre, de brazos cruzados, esperando una respuesta lógica. —En el camino hacia el coliseo vi hongos venenosos, creo que ninguno debería haber sido capaz de provocar algo como esto, pero uno nunca sabe…Jmmm… ¿Tal vez algún insecto? ¿Sufriste de alguna picadura últimamente? —Continuó su interrogatorio, intentado descartar opciones para encontrar el mejor remedio…claro, dentro de lo que tuviera a la mano.
Botiquín. Abrir solo en casos de emergencia
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