19-09-2026, 05:31 PM
[personajeinvalido=4353]
— Mal, mal, ¡maaaaaal! — regañé a mis nuevas adquisiciones sentado desde el lomo del langostino rodante. — Si queréis ser miembros de élite de la Marina, como lo soy yo, tenéis que sentir el ritmo por dentro, ¿me seguís? — Después de haberme pasado toda la noche dando un rodeo por la zona sin ley del archipiélago, ya estábamos cerca de volver a O Redentor. — ¡Tú! — señalé al extraño jabadrilo que caminaba a mi derecha. — Ya sé que con esas patas tan cortas no puedes bailar como yo, pero debes contonearte mejor. ¡Ponle sentimiento! . Y una máscara para esa cara no te vendría mal, tampoco — musité para mí mismo. — ¡Y tú, langostino! — palmeé el lomo del crustáceo. — Si vas a mover las pinzas hacia el cielo, ¡hazlo con más energía!. Maldita sea, no estamos en un funeral. — suspiré llevando mi diestra hacia mi frente para luego echarme el pelo hacia atrás. Con el trabajo que era enseñarles el noble arte de la música a estos animales, no había tenido tiempo ni tan siquiera de ponerles nombre.
Me puse en pie y tiré del cuello de la capa negra con capucha que me había puesto para camuflarme por la noche. Ahora que estábamos en territorio Marine y era de día, no hacía falta pasar desapercibido. Transformé mis piernas en una corriente arenosa y me sostuve en el aire para desplazarme en frente de mis animales, mirándolos a la cara mientras me movía hacia atrás, de vuelta al barco. — Comencemos de nuevo, esta vez quiero ver más actitud en vosotros. Uno, dos, uno, dos, tres, y.... ¡Nossa! ♫ — señalé con mi dedo índice diestro al crustáceo, que levantaba las pinzas a mi señal. — ¡Nossa! ♫ — repetí lo mismo con mi dedo índice zurdo hacia el gorrino con escamas — ¡Assim você, me maaaata. Ai, se eu te pego, ai, ai, se eu te pego! ♫ — Alzaba ambas manos hacia arriba cual director de orquesta, indicando a mis súbditos que aumentasen el ritmo. — ¡Kakahaha! Mejor, mej... — Con una vibración interior, noté cómo me estaban llamando al den den mushi. — Un momento, bailarines. Seguro que es una llamada importante, es lo que tiene ser un alto cargo de la Marina. Seguimos avanzando. — Y, mientras seguía moviéndome por el aire de espaldas, introduje mi mano en mi pecho arenoso hasta sacar mi den den mushi. — ¡Cowabunga! — La llamada venía de mi compañero gyojin. Se había reportado para indicarme que ya estaba listo para navegar de vuelta hacia Marineford y estaba esperando a mis indicaciones. — Tan productivo como siempre. Yo estoy de camino al barco, no tardaré mucho en llegar... aunque te vas a reír. Ahora soy padre, o algo así, ¡kakahaha!. En cuanto llegue y esté listo te avisaré, ¡hasta ahora!. — Y corté la llamada para seguir el camino de vuelta hacia O Redentor.
Tras unos minutos de travesía por fin divisaba nuestro buque, atracado en el muelle donde lo había dejado. — Bien, muchachos, atendedme. Éste será vuestro nuevo hogar. Se llama O Redentor y las normas son muy sencillas: no quiero que haya estropicios. El barco se respeta... y el que no lo respete, lo tiraré por la borda. ¿me seguís?. Si veo que la liais... — señalé al jabadrilo — le diré a Fuguwu que haga jamón contigo. — señalé al crustáceo. — y contigo hará una sopa de marisco. ¿Queda claro? ¡kakahaha! — Me reí, comenzando a ganar altura en mi vuelo. — Y ahora embarcad, yo me encargo de que este cacharro navegue.
Finalmente y, desplazándome por el aire, me colé por la ventana de mi sala de navegación, convertido en partículas de arena. Mi elemento se arremolinó en el interior de la sala, dando forma a mi cuerpo de nuevo. Agarré mi media máscara de mi mesa y me la coloqué sobre mis cicatrices, luego le eché mano a mi capa de vicealmirante que había dejado colgada en el respaldo de una silla y la hice volar para que cayese sobre mis hombros. Saqué mi eternal pose que apuntaba de vuelta a Marineford y lo posé al lado del timón. Por último, coloqué a su lado mi den den mushi y marqué de nuevo el número de Fuguwu. — Todo listo, mi vicealmirante. Ya estoy en el timón. En cuanto leves el ancla y sueltes las velas, nos pondremos rumbo de vuelta a ver a Karl... y por cierto, si ves dos extraños monstruos a bordo no te preocupes, son inofensivos. ¡Kakahahahaha! — Ya estábamos listos para volver al cuartel general.
— Mal, mal, ¡maaaaaal! — regañé a mis nuevas adquisiciones sentado desde el lomo del langostino rodante. — Si queréis ser miembros de élite de la Marina, como lo soy yo, tenéis que sentir el ritmo por dentro, ¿me seguís? — Después de haberme pasado toda la noche dando un rodeo por la zona sin ley del archipiélago, ya estábamos cerca de volver a O Redentor. — ¡Tú! — señalé al extraño jabadrilo que caminaba a mi derecha. — Ya sé que con esas patas tan cortas no puedes bailar como yo, pero debes contonearte mejor. ¡Ponle sentimiento! . Y una máscara para esa cara no te vendría mal, tampoco — musité para mí mismo. — ¡Y tú, langostino! — palmeé el lomo del crustáceo. — Si vas a mover las pinzas hacia el cielo, ¡hazlo con más energía!. Maldita sea, no estamos en un funeral. — suspiré llevando mi diestra hacia mi frente para luego echarme el pelo hacia atrás. Con el trabajo que era enseñarles el noble arte de la música a estos animales, no había tenido tiempo ni tan siquiera de ponerles nombre.
Me puse en pie y tiré del cuello de la capa negra con capucha que me había puesto para camuflarme por la noche. Ahora que estábamos en territorio Marine y era de día, no hacía falta pasar desapercibido. Transformé mis piernas en una corriente arenosa y me sostuve en el aire para desplazarme en frente de mis animales, mirándolos a la cara mientras me movía hacia atrás, de vuelta al barco. — Comencemos de nuevo, esta vez quiero ver más actitud en vosotros. Uno, dos, uno, dos, tres, y.... ¡Nossa! ♫ — señalé con mi dedo índice diestro al crustáceo, que levantaba las pinzas a mi señal. — ¡Nossa! ♫ — repetí lo mismo con mi dedo índice zurdo hacia el gorrino con escamas — ¡Assim você, me maaaata. Ai, se eu te pego, ai, ai, se eu te pego! ♫ — Alzaba ambas manos hacia arriba cual director de orquesta, indicando a mis súbditos que aumentasen el ritmo. — ¡Kakahaha! Mejor, mej... — Con una vibración interior, noté cómo me estaban llamando al den den mushi. — Un momento, bailarines. Seguro que es una llamada importante, es lo que tiene ser un alto cargo de la Marina. Seguimos avanzando. — Y, mientras seguía moviéndome por el aire de espaldas, introduje mi mano en mi pecho arenoso hasta sacar mi den den mushi. — ¡Cowabunga! — La llamada venía de mi compañero gyojin. Se había reportado para indicarme que ya estaba listo para navegar de vuelta hacia Marineford y estaba esperando a mis indicaciones. — Tan productivo como siempre. Yo estoy de camino al barco, no tardaré mucho en llegar... aunque te vas a reír. Ahora soy padre, o algo así, ¡kakahaha!. En cuanto llegue y esté listo te avisaré, ¡hasta ahora!. — Y corté la llamada para seguir el camino de vuelta hacia O Redentor.
Tras unos minutos de travesía por fin divisaba nuestro buque, atracado en el muelle donde lo había dejado. — Bien, muchachos, atendedme. Éste será vuestro nuevo hogar. Se llama O Redentor y las normas son muy sencillas: no quiero que haya estropicios. El barco se respeta... y el que no lo respete, lo tiraré por la borda. ¿me seguís?. Si veo que la liais... — señalé al jabadrilo — le diré a Fuguwu que haga jamón contigo. — señalé al crustáceo. — y contigo hará una sopa de marisco. ¿Queda claro? ¡kakahaha! — Me reí, comenzando a ganar altura en mi vuelo. — Y ahora embarcad, yo me encargo de que este cacharro navegue.
Finalmente y, desplazándome por el aire, me colé por la ventana de mi sala de navegación, convertido en partículas de arena. Mi elemento se arremolinó en el interior de la sala, dando forma a mi cuerpo de nuevo. Agarré mi media máscara de mi mesa y me la coloqué sobre mis cicatrices, luego le eché mano a mi capa de vicealmirante que había dejado colgada en el respaldo de una silla y la hice volar para que cayese sobre mis hombros. Saqué mi eternal pose que apuntaba de vuelta a Marineford y lo posé al lado del timón. Por último, coloqué a su lado mi den den mushi y marqué de nuevo el número de Fuguwu. — Todo listo, mi vicealmirante. Ya estoy en el timón. En cuanto leves el ancla y sueltes las velas, nos pondremos rumbo de vuelta a ver a Karl... y por cierto, si ves dos extraños monstruos a bordo no te preocupes, son inofensivos. ¡Kakahahahaha! — Ya estábamos listos para volver al cuartel general.
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