Fly On | Presente Relativo
#5
Incluso en el silencio, ella lograba rellenar esos espacios lúgubres de su mente, algo que consideraba imposible cuando cada intento de acercarse por aquel mundo exterior terminaba deformándose contra el agujero negro que envolvía al vacío más profundo de su ser. Un vórtice de destrucción capaz de eliminar cualquier tonalidad feliz a los recuerdos, o a las personas, hasta volverlo todo gris. A veces no sabía si esa era la tonalidad correcta, o sólo sus ojos lo veían así, porque el instinto por quitarle el significado al concepto mismo de existir no conocía de filtros o gustos, sólo entendía que ese era el único lenguaje capaz de hacerle daño.

Y sólo bastaba una voz para silenciarlo.

¿No era extraño?

'… o muy oportuna'

Escucharla le dibujó de manera instantánea una nueva sonrisa en los labios, porque en el fondo seguía buscándole explicaciones, como si reclamárselo le entregase en bandeja de plata las respuestas que necesitaba para contentar su curiosidad. Las insinuaciones sexuales estaban claras y, sin embargo, no parecía ser una conversación llevada únicamente por el deseo de explorar el cuerpo del otro a pesar de ser un sentimiento latente. Imaginándola, volvía a repetírselo una y otra vez, incluyéndose en esa consigna.

¿Quién en su sano juicio no querría desnudarla?

'… podría serte de ayuda ¿Sabes, no?'

Exhaló un suspiro suave, cerrando los ojos y negando con la cabeza. Reacción llevada por el entendimiento de algo que no pudo pensar cuando siempre se vieron rodeados de otras personas en sus dos encuentros, y que con la certeza de no sólo verla como un resultado diseñado por la lujuria, finalmente aceptó en silencio.

Los juegos eran una decoración, siempre nacía por instinto la manera en que intentaba dominar socialmente y mostrarse a su elección de cara a otras personas, y en lo que respecta a María Merlot, Shin aplicó una norma parecida sin darse cuenta; Reunía las mejores partes de su ser, filtrando el encanto nato por las mejores palabras que pudiese pronunciar, los errores bajo los moldes más bonitos y los aciertos sometidos al tipo de presión que forma a los diamantes, hasta mostrarle los resultados más perfectos y deslumbrantes, como si quisiera sorprenderla, o en su defecto, mantenerla cerca en ese fino magnetismo capaz de reunirlos y separarlos constantemente. 

Borrar, reformar y exponer, un ciclo constante donde nada se salía de su control, ¿ella, en alguna parte de su mente, ser o espíritu, hacía lo mismo? ¿También buscaba ofrecerle la forma más refinada de su persona? ¿Qué pasaría si se presentasen el uno ante el otro mostrando sólo sus grietas? ¿Vivirían de nuevo el mismo silencio acogedor que los acompañó bajo el mar?

Si era así, entonces sí, definitivamente quería desnudarla.

'… frotando tu espalda…'

La voz de la semi sirena los encerraba en una burbuja íntima, donde sólo tenían permitido existir ellos, juntos, y no podía negar que su tono, su sonoridad, hacía gala de los relatos más salvajes que su raza poseía, podría ser perfectamente capaz de caer preso de uno de sus cantos mortales si los susurraba así. Shin presionó sus labios antes de responder, porque no podía evitarlo cuando semejantes palabras los terminaban ubicando en un escenario donde no existía ropa capaz de intervenir en el tacto entre ambos —Eso es imposible, María. —le encantaba decir su nombre, alguna vez aprendió que dicho de una manera agradable era la palabra más dulce que alguien podía escuchar —Si estás a mi espalda, sólo estaría pensando en cuánto querría girarme para mirarte a los ojos. —pronunció finalmente, emulando el volumen de la voz ajena —Pero podría reservarte un espacio aquí siempre que me lo pidas... correctamente. —ese suspenso sólo podía estimular cierto tipo de ideas, unas que, a distancia, era mejor callar, así que por fin le pidió que le dijera el lugar donde se encontrarían, más que listo para verla otra vez.

Se le escapó una risilla inconsciente cuando recibió el comentario sobre el código de vestimenta, aunque casi de inmediato consiguió centrarse otra vez. Odiaría distraerse y perderse las indicaciones, aún y si contaba con que siempre podría llamara para resolver aquello, ahora la tenía agendada. —¿Veinticinco minutos? Que específica. —reconoció como simple curiosidad, sin connotación alguna, alistándose mentalmente para terminar de ducharse y valorar su vestimenta, al menos hasta que Merlot le pidió no colgar todavía, pues quería confirmar con alguien más la dirección del lugar donde tendrían su cita. Entonces, llegó la pregunta, lo que dejó a Shin levemente descolocado al no esperarlo, y por supuesto que iba a serle sincero.

—Me lo regaló mi madre. Representa el legado de los clanes que me criaron. —confesó, y automáticamente acompañó la frase con algo más —Nos quedan dos días y dos noches, si las pasas conmigo puedo contarte esa historia y muchas más. —un ofrecimiento poco sutil, porque entendiendo la naturaleza que va más allá de aquella isla cubierta por la fantasía de la paz, en el mundo existente debajo de sus pies la realidad golpeaba diferente, perteneciendo a dos grupos enemigos y quizás, con objetivos que los llevarían a puntos infinitamente alejados. No le dolía, al contrario, si descubría que podían construir algo, la buscaría sin importar las consecuencias, incluso si debía enfrentarse a sus amigos para convencerlos de que quería lo mejor para ella.

¿En qué demonios estaba pensando?

Las indicaciones, ¡por supuesto!

El sujeto resultó bastante amable, tanto como para meterle en la cabeza que en el centro del laberinto habría algo que a Merlot le encantaría, ya tenía el primer objetivo de la cita. Asintió varias veces a modo de confirmación consigo mismo cuando terminó, y entonces se despidió de la pelirrosa, entendiendo que debía apresurarse si quería llegar puntual, aunque con él la velocidad nunca había sido un problema. —Nos vemos en la fuente. —confirmó, y tan pronto como colgó, volvió a dejar al Den Den Mushi en el mismo lugar donde estaba antes —¿Ves? ¡Así sí que te ganas el sueldo! —exclamó mientras lo señalaba, y en una muestra de efectividad absoluta, terminó de bañarse consumiendo sólo cinco de los veinticinco minutos que lo separaban de su encuentro con Merlot. Al retirarse, dejó al caracol bien provisto de comida mientras se dirigía envuelto en una toalla al guardarropas, buscando qué ponerse.

Pronto encontró en la sencillez la combinación ideal, aunque tuvo que descartar algunas ideas antes, acción poco usual en el siempre egocéntrico Hasegawa, y terminó optando por un conjunto blanco liso entre pantalón y camiseta, su collar familiar visible como rara vez y de remate, un haori negro con bordeados extremadamente cuidados, repletos de significados en sus símbolos. Las mangas no eran del todo largas aunque llegaban hasta los antebrazos, y en general se remarcaba apropiadamente su cuerpo de manera bastante estilizada a pesar del largo que exhibía la tela externa. Una mezcla entre lo tradicional que supo ser en su familia, y las modas más acordes a sociedades llevadas por un sentido estilista fuerte.

Con poco tiempo restante y ya preparado, decidió salir finalmente, envolviéndose tan pronto como estuvo fuera en el brillo de su fruta del diablo, alzándose en un desvergonzado vuelo en dirección al lugar acordado, presumiendo de sus habilidades y también, intentando no hacerla esperar demasiado. Supo reconocer que mientras avanzaba no utilizó toda su velocidad disponible, como si en el fondo estuviese disfrutando de la expectativa, incrementando el deseo por finalmente tenerla enfrente, hasta que comenzó a distinguir los escenarios que le indicaron y por ende, confirmó que estaba próximo al encuentro.



Incluso portando sus gafas redondas tipo teashade pudo verla, con la iluminación nocturna de Shandora no era complicado distinguirla ni siquiera desde la altura. Podía ver a la perfección las entradas a la ciudad y claro, el laberinto, sin embargo todo se opacó con la figura de María observando el agua de la fuente, escena que le regaló la entrada perfecta, acomodándose exactamente sobre la chica mientras descendía con una sutileza extremadamente controlada.

Llegados a cierto punto, Merlot comenzaría a sentir que una estrella estaba bajando del cielo por lo que el agua le reflejaba, y antes de que siquiera pudiese levantar la vista Shin apareció a su lado, tan cantarín como siempre —¡Wow! Que chica tan atractiva estoy viendo, ¿es eso una dimensión paralela? —inicialmente se hizo el tonto apuntando al reflejo de la fuente, hasta que, aún envuelto en retazos mínimos y tenues de su poder, dorados, se fue girando hasta ella, ampliando su sonrisa e inclinándose ligeramente hacia el hermoso rostro de quien sería su cita esa noche —Oh... parece que te encontré. —levantó con suavidad la mano derecha, juntando dedos índices y corazón, y entonces le dio un toque en la frente, gesto cariñoso muy cuidado, como si desde el propio lenguaje físico le estuviese pidiendo permiso para tocar su piel.

Dio un paso hacia atrás y la observó a lujo de detalle, reposando nuevamente en esa mirada ámbar que tanto lo cautivaba, porque parecían ojos capaces de expresar cualquier cosa. —¿Debo decirte lo que ya sabes? Imagino que el mundo entero siempre te lo recuerda... —era evidente a lo que hacía referencia, frunciendo el ceño al imaginar ese escenario. Acto seguido se señaló con el pulgar, inflando el pecho —¡Me gusta ser original! Así que dejaré que mis acciones hablen por mí. —asintió finalmente, negándose en un inicio a comentar el aspecto de la mujer, lo cuidada que lucía y esos detalles silenciosos que la vestían.

Mirarla sin nadie más alrededor le causaba una sensación familiar, muy particular. Como si su cuerpo estuviese empujándolo a tocarla, aferrarla contra su pecho y besarla, sabiendo que quizás ella no se negaría, mientras que la mente jugaba a la vil trampa de contenerse, causando que la expectativa creciera de manera infinita, como si fuese una realidad evidente el hecho de que rozar sus labios por primera vez en el momento adecuado valdría la pena.

Esperaría el momento ideal, si es que María Merlot no se le adelantaba.

—Oh, María... sé que eres una mujer en deuda conmigo, pero tu mayordomo sugirió que en el centro del laberinto habría algo que te encantará. Estoy dispuesto a dejar nuestros asuntos pendientes para después si me acompañas a esta aventura. —volteó al mencionado girando el rostro mientras utilizaba un tono melodramático, y entonces le tendió la mano —¿Vamos? Por fin estamos solos, quiero disfrutar cada segundo. —con una sonrisa leve y de soslayo, exactamente en el perfil a la vista de la medio sirena, mantuvo el ofrecimiento. Fue ahí, al verla con las gafas ligeramente bajas y sus ojos cerúleos fijos en los orbes ámbar ajenos que sucedió algo extraño.

Pulsaciones, constantes y aceleradas.

Boom, boom, boom.

¿Por qué estaba nervioso?

...

Claro, debía ser la altura.

Let there be light
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Fly On | Presente Relativo - por Hasegawa Shin - 31-08-2026, 09:49 PM
RE: Fly On | Presente Relativo - por Maria Merlot - 07-09-2026, 12:50 AM
RE: Fly On | Presente Relativo - por Hasegawa Shin - 16-09-2026, 04:57 AM
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RE: Fly On | Presente Relativo - por Hasegawa Shin - 05-10-2026, 07:27 AM

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