28-09-2026, 05:51 PM
El joven arquero permanecía cabizbajo, su mente perdida en los recuerdos de los tiempos que había pasado junto a su compañero de cuatro patas, un fiel animal que en una de sus últimas aventuras en la helada isla de Drum le ayudó a evitar perder tiempo en una situación en la que un pueblo entero parecía depender del marine de pelos color fuego para recuperar su estabilidad. El bar mantenía su alegría alrededor del marine con sus otros comensales bebiendo y charlando alegremente, algunos jugando a las cartas, otros poniéndose al día con antiguas amistades o simplemente conversando sobre temas mayormente alegres, una escena totalmente contrapuesta a la del marine, sentado en soledad en una meas apartada, con una jarra de hidromiel en la mesa y un vaso que iba vaciando de a pocos, con calma sin apresurarse, pues no estaba allí para ahogarse en alcohol, sino que buscaba apagar un poco su mente y no darle muchas vueltas a lo sucedido, queriendo olvidar el dolor de volver a tener que separarse de un ser muy querido para él. El joven decidió no prestar atención a su entorno, pues en ese momento no le interesaba nada del mundo, podrían estar hablando de él y no haría caso, el joven se rascó tras la cabeza y siguió bebiendo, su mirada taciturna perdida en la nada, sin fijarse en nada concreto, solo recordar los días que pasó con Rasmussen, los encuentros con otras personas que parecían haber tomado cariño por su compañero peludo.
El joven tomaba tranquilo su hidromiel, su oído desconectado del entorno de tal manera que no escuchaba nada, ni el jolgorio, ni las voces aglomeradas en un amasijo incomprensible si las escuchas todas a la vez, ni los muebles arrastrándose o las peleas por trampas en las cartas. Nada de eso llegaba a sacarlo de su estado introspectivo, donde nada parecía llegar a llamar su atención lo suficiente. El joven llevó el vaso a su boca con parsimonia, casi como un ritual, bajando la mano suavemente hasta dejarlo en el mismo lugar mientras recordaba el primer encuentro con Maria tras lo sucedido en ese dichoso foso, y fue entonces que una voz familiar empezó a atravesar su mente, y tras ella un contacto directo de alguien sentándose a su lado y un olor a vainilla inundó su olfato haciendo que girara su cabeza para ver a la loca que se encontró primero en aquella terriblemente mal finalizada invasión y luego, tras su enfrentamiento con las arañas, en el bosque de Little Garden. Parecía no recordarle del todo.
Antes siquiera de que el pobre marine pudiera reaccionar a la primera invasión de su espacio personal y sus deseos de estar a solas, otro pirata apareció, otro compañero de Maria en esa tripulación pirata que recién se formaba. El doctor de Karate que parecía esconder más de lo que decía. Ambos dijeron cosas bastante similares, hablando de corrupción, ilegalidades y que lo echaran de la división por ello, además que parecían creer que el pelirrojo estaba tomando simple cerveza, cuando en realidad pidió hidromiel suficiente para desmayarse bebiendo. El joven apretó con algo de fuerza el vaso pues realmente quería estar solo, pero ahora estaba encerrado entre los dos piratas, vainilla inundando sus fosas nasales desde su diestra mientras que su siniestra emanaba un fuerte aroma mentolado proveniente del doctor. Bertram suspiró con suavidad, manteniendo la mirada carente de emociones, o lo más carente de emociones que pudo lograr teniendo en cuenta su estado y dijo
-Ambos se equivocan sir, soy un marine que no hace tratos ilegales y no tolera piratas. En esta ocasión, o más bien en esta isla, no tengo más remedio que controlar mis impulsos, además que cierta persona impide que os intente arrestar en el acto. Sin embargo llegáis en mal día para poner a prueba mi paciencia, si queréis beber, pillad un vaso y servíos del hidromiel, pero no quiero comentarios contra la marina ni insultos. Y respondiendo a tu pregunta doctor, si mi superior fuera tan poco previsor y no ayudara a mantener la embarcación con suministros me aseguraría de informar a la cadena de mando.-
El joven tomaba tranquilo su hidromiel, su oído desconectado del entorno de tal manera que no escuchaba nada, ni el jolgorio, ni las voces aglomeradas en un amasijo incomprensible si las escuchas todas a la vez, ni los muebles arrastrándose o las peleas por trampas en las cartas. Nada de eso llegaba a sacarlo de su estado introspectivo, donde nada parecía llegar a llamar su atención lo suficiente. El joven llevó el vaso a su boca con parsimonia, casi como un ritual, bajando la mano suavemente hasta dejarlo en el mismo lugar mientras recordaba el primer encuentro con Maria tras lo sucedido en ese dichoso foso, y fue entonces que una voz familiar empezó a atravesar su mente, y tras ella un contacto directo de alguien sentándose a su lado y un olor a vainilla inundó su olfato haciendo que girara su cabeza para ver a la loca que se encontró primero en aquella terriblemente mal finalizada invasión y luego, tras su enfrentamiento con las arañas, en el bosque de Little Garden. Parecía no recordarle del todo.
Antes siquiera de que el pobre marine pudiera reaccionar a la primera invasión de su espacio personal y sus deseos de estar a solas, otro pirata apareció, otro compañero de Maria en esa tripulación pirata que recién se formaba. El doctor de Karate que parecía esconder más de lo que decía. Ambos dijeron cosas bastante similares, hablando de corrupción, ilegalidades y que lo echaran de la división por ello, además que parecían creer que el pelirrojo estaba tomando simple cerveza, cuando en realidad pidió hidromiel suficiente para desmayarse bebiendo. El joven apretó con algo de fuerza el vaso pues realmente quería estar solo, pero ahora estaba encerrado entre los dos piratas, vainilla inundando sus fosas nasales desde su diestra mientras que su siniestra emanaba un fuerte aroma mentolado proveniente del doctor. Bertram suspiró con suavidad, manteniendo la mirada carente de emociones, o lo más carente de emociones que pudo lograr teniendo en cuenta su estado y dijo
-Ambos se equivocan sir, soy un marine que no hace tratos ilegales y no tolera piratas. En esta ocasión, o más bien en esta isla, no tengo más remedio que controlar mis impulsos, además que cierta persona impide que os intente arrestar en el acto. Sin embargo llegáis en mal día para poner a prueba mi paciencia, si queréis beber, pillad un vaso y servíos del hidromiel, pero no quiero comentarios contra la marina ni insultos. Y respondiendo a tu pregunta doctor, si mi superior fuera tan poco previsor y no ayudara a mantener la embarcación con suministros me aseguraría de informar a la cadena de mando.-
carcaj eléctrico

