30-09-2026, 03:05 AM
¿Así eran los finales felices? ¿O quizás aquello no era un final, sino el comienzo de algo tan maravilloso que hasta aquella noche no había sido capaz de ponerle un nombre? Durante demasiado tiempo había evitado pensar en ello, había apartado cualquier pensamiento que pudiera hacer que ligara demasiado a una persona. Era más sencillo seguir avanzando, buscar otro lugar, otra isla, otra historia que descubrir pues era lo que siempre había hecho.
Pero aquella noche algo había cambiado… Era ella… siempre había sido ella y quizás siempre sería ella aunque no quisiera reconocerlo. Durante mucho tiempo había intentado convencerme de que solamente era curiosidad, que mi interés por Devon no era diferente al que podía sentir por cualquier persona que me interesara, pero ya no podía seguir mintiéndome y aun menos después aquella noche… Sus labios, su mirada, su forma de moverse, su carácter, aquella manera tan hermosa de reírse… todo.
Absolutamente todo hacía que no pudiera apartar los ojos de ella y por primera vez en mi vida tampoco quería hacerlo. No quería buscar otro horizonte, no quería otro barco, no quería otra historia… La quería a ella y cuando finalmente me quedé dormida, lo soñé… Quizás porque una parte de mí tenía miedo de alejarme de ella o quizás porque después de tanto tiempo recorriendo el mundo había encontrado algo que me hacía querer cambiar mi rumbo... O quizás simplemente porque por primera vez había encontrado un lugar al que quería regresar.
Por eso quería proponérselo… Crear una tripulación juntas. Buscar personas que pudieran ayudarnos, conseguir un barco y recorrer el mundo sin tener que separarnos. Estaba segura de que Devon sería una magnífica capitana y yo haría todo lo posible para ayudarla. Llevaría el barco, estudiaría las corrientes, buscaría las rutas y encontraría la manera de serle útil en todo lo que necesitara, pero sobre todo quería seguirla. No porque alguien me lo ordenara, ni porque hubiera una recompensa esperando al final del camino, simplemente quería hacerlo porque era ella y por primera vez, la idea de llegar algún día a la Grand Line no me parecía emocionante únicamente por todo lo que podía descubrir allí... Me emocionaba pensar que podría descubrirlo a su lado.
Me dormí con aquella idea y por alguna razón dormí tranquila hasta que una extraña sensación me hizo despertar. No sabía cuánto tiempo había pasado por lo que abrí los ojos despacio, todavía atrapada entre el sueño y la realidad mientras mi cuerpo permanecía inmóvil sobre la cama. Durante unos segundos no entendí qué había ocurrido pues solamente sentía el frío que se había colado entre las sábanas y una extraña sensación de vacío. Moví mi brazo buscando su cuerpo pero no encontré nada, solo sentí aquella almohada a la que ahora me encontraba abrazada sin saber porque -¿Devon…? – Murmuré todavía adormilada pero no hubo respuesta.
Me incorporé lentamente mientras apartaba las sábanas y miraba alrededor de la habitación. Todo parecía estar en su sitio, pero sentía que algo no encajaba. Era una sensación difícil de explicar cómo cuando llegaba a una isla y había algo en el ambiente que me decía que estaba pasando por alto un detalle y entonces lo vi. Su espada estaba apoyada junto a la cama, aquella me hizo fruncir ligeramente el ceño. Devon nunca se separaba de ella y eso junto a su falta de respuesta hizo que me moviera hasta el borde de la cama tomándola entre mis manos para observarla por unos segundos. No entendía ¿Por qué la había dejado? La mire y entonces me di cuenta que el parche también estaba allí por lo que lo tome lentamente y con cuidado.
Lo reconocía perfectamente, no había ninguna duda tras haberlo visto tantas veces que incluso podía recordar algunas de las pequeñas imperfecciones que tenía, por ultimo vi la bolsa llena de berries y el cuaderno, ese momento fue cuando me quede completamente paralizada. No necesitaba ser demasiado inteligente para entender que algo malo pasaba, que aquello no era una casualidad… Devon había dejado absolutamente todas sus cosas de valor.
Sentí como una presión en el pecho me invadió por un momento – No… - Dije con un tono suave que apenas era un susurro. Deje la espada sobre la cama y tome el cuaderno con sus mil notas pero nada más abrirlo vi la carta con mi nombre, durante unos segundos no fui capaz de abrirla, mi mano permaneció sobre el papel mientras mi corazón comenzaba a latir cada vez más rápido. No quería hacerlo… No sabía por qué, pero no quería hacerlo.
Quizás porque una parte de mi ya sabía que después de leer aquella carta nada volvería a ser igual. Al cabo de unos largos minutos finalmente la abrí y empecé a leer. Cada palabra parecía pesar más que la anterior, aunque al leer “Muriendo” me detuve y volví a leer aquella parte, una vez, después otra y otra… No, no podía ser. Continúe leyendo viendo la enfermedad, las medicinas, al fiebre y el dolor que tuvo los dos días que faltaban para llegar a la Isla Karate. Mis dedos comenzaron a apretar lentamente el papel - ¿Por qué…? – Dije y seguí leyendo. Ella sabía que podía morir… Lo sabía desde hacía tiempo y no me había dicho absolutamente nada.
Mi respiración comenzó a hacerse más pesada mientras mis ojos avanzaban por la carta aunque cada vez que aparecía mi nombre sentía algo diferente en el pecho… Hablaba de mis ojos, de mi sonrisa, de cómo disparaba, de las flechas, de la libertad y finalmente llegue “Siempre serás mi eterno amor” al leer aquello me quedé inmóvil. La carta comenzó a temblar entre mis dedos pues era incapaz de decir o pensar en nada. Durante toda mi vida había aprendido a buscar respuestas cuando algo despertaba mi curiosidad, no podía dejarlo atrás... Investigaba, observaba, preguntaba, seguía pistas hasta encontrar aquello que estaba buscando. Pero ahora no quería encontrar una respuesta, quería que aquello no fuera verdad – No… - Una lágrima cayó sobre el papel provocando que la mirara por unos segundos, ni siquiera me había dado cuenta de que estaba llorando por lo que me limpié rápidamente la mejilla y otra lagrima volvió a caer y luego otra - ¿Por qué no me lo dijiste? – Pronuncie con un tono de voz completamente roto aunque no había nadie que me respondiera.
Por un momento miré hacia la puerta, quizás todavía podía alcanzarla, quizás no se había ido demasiado lejos, quizás… No. Ella había preparado todo y había dejado absolutamente todas sus cosas porque sabía que no iba a volver. Apreté los dientes mientras sentía como la tristeza comenzaba a mezclarse con algo mucho más difícil de controlar, la rabia. No porque estuviera enferma, no podía enfadarme con ella por algo que no había elegido, si no que estaba enfadada porque había decidido hacerlo sola, porque había decidido que yo no tenía derecho a saberlo… había decidido por mi – Yo podía haber estado contigo… Podía haberte ayudado – Apreté la carta junto al cuaderno contra mi pecho - Podía haber buscado una cura – Dije aunque sabía que quizás no existía pero eso no importaba, la habría buscado.
Había pasado todo mi viaje persiguiendo cosas que otros consideraban imposibles. Había seguido mapas incompletos, leyendas absurdas y rumores que nadie creía ¿Por qué no iba a hacer lo mismo por ella? ¿Por qué no me había dado la oportunidad? Bajé lentamente la mirada hacia sus cosas, estaba todo allí menos ella y eso fue lo que finalmente terminó de romperme. Las lágrimas comenzaron a caer sin que pudiera detenerlas, no quería llorar… No me gustaba hacerlo pero esta vez no podía evitarlo. Había encontrado algo que jamás había sabido que estaba buscando y ahora esa persona había desaparecido.
- Eres una idiota… - Dije entre lágrimas - Una maldita idiota, Devon… - Acaricié con los dedos la tapa del cuaderno - ¿Cómo pudiste pensar que quería esto? - Cerré los ojos y recordé la noche anterior… Sus labios, su mirada, su cuerpo junto al mío, la forma en que me había mirado…. Todo aquello que ahora entendía de una manera completamente diferente. Había querido creer que aquella noche era el comienzo de algo y quizás para mí lo había sido, pero para ella había sido una despedida, ese pensamiento provoco que sintiera una punzada en el pecho - Yo quería despertarme contigo… Quería que fuéramos juntas – Dije mientras miraba el lugar vacio en la cama y respiré profundamente mientras intentaba recomponerme aunque no podía, no todavía. Tomé el parche y lo sostuve entre mis manos mientras miraba la espada, aquello no era solamente un regalo… Era su manera de decirme adiós y la odié por ello, la odié por hacerme aquello… Porque me había dado algo que no sabía que necesitaba y después había decidido quitármelo, pero sobre todo… La amaba y eso era lo que más dolía.
Me quedé allí durante un largo rato, abrazada a sus cosas mirando la ventana durante unos segundos. El mundo seguía allí… El mismo mundo que siempre había querido recorrer, aquel que durante toda mi vida había considerado demasiado grande como para quedarme quieta en un solo lugar, pero ya no podía verlo de la misma manera. Porque ahora sabía que Devon no había salido a caminar, no había ido a comprar nada… Se había marchado para morir lejos de mí y lo peor era que lo entendía.
Entendía por qué lo había hecho… Sabía que no quería que la viera consumirse, que no quería que sus últimos días estuvieran llenos de lágrimas, de miedo o de alguien esperando constantemente el momento en el que dejaría de respirar. Pero entenderlo no hacía que doliera menos, si no que al contrario…. Me dolía porque sabía que no iba a volver, ni a escuchar su voz, ni verla aparecer por aquella puerta… No iba a volver a sentir sus manos sobre mi cuerpo ni a escuchar su risa y aun menos volver a sentir sus labios… aunque lo peor es que ni siquiera habría una despedida de verdad.
La última vez que la había tenido entre mis brazos, yo había pensado que aquello era el principio y ella ya sabía que era el final. Apreté los labios mientras bajaba la mirada hacia sus cosas y sentí cómo otra lágrima recorría mi mejilla aunque esta vez no intenté limpiarla - Maldita seas… - Mi voz apenas fue un susurro. Durante toda mi vida había buscado respuestas… Siempre había querido saber qué había detrás de cada misterio, qué se escondía al otro lado de cada horizonte, qué historias todavía no habían sido contadas, pero aquella era una respuesta que habría preferido no encontrar nunca. Devon se estaba muriendo y había decidido hacerlo sola sin mí. Cerré los ojos y por primera vez entendí que no todos los misterios estaban hechos para ser descubiertos si no que algunos simplemente podían doler demasiado cuando encontrabas la respuesta.
Respiré profundamente, intentando controlar el temblor de mi cuerpo aunque no podía cambiarlo… No podía perseguirla para obligarla a quedarse y no podía encontrar una cura que probablemente ni siquiera existía… aunque quisiera correr tras ella, aunque quisiera gritarle que volviera, sabía que no serviría de nada… Ella había tomado su decisión y yo tendría que vivir con ella. Abrí los ojos y miré una última vez hacia la puerta, una parte de mí seguía esperando verla aparecer pero sabía que no lo haría y aun así durante unos segundos no pude apartar la mirada - Te odio… Te odio por hacerme esto - Apreté el parche entre mis dedos y entonces mi voz terminó por romperse - Porque te amo - Bajé la cabeza y dejé que las lágrimas cayeran sobre mis manos. No había nada más que decir, no había ningún destino que perseguir… Ninguna isla que encontrar y ningún mapa que pudiera llevarme hasta ella. Solo quedaba aquella habitación, sus cosas entre mis manos y el recuerdo de una mujer que había conseguido hacer algo que yo siempre había creído imposible… Había conseguido que quisiera quedarme y ahora tendría que aprender a vivir sabiendo que el único lugar en el que realmente había querido hacerlo ya no existía.
Me quedé allí, en silencio, abrazada a sus pertenencias sin saber cuánto tiempo pasó… Por primera vez en mucho tiempo no tenía ninguna prisa por levantarme porque cuando lo hiciera, tendría que aceptar que ella realmente se había ido y todavía no estaba preparada para hacerlo.
Pero aquella noche algo había cambiado… Era ella… siempre había sido ella y quizás siempre sería ella aunque no quisiera reconocerlo. Durante mucho tiempo había intentado convencerme de que solamente era curiosidad, que mi interés por Devon no era diferente al que podía sentir por cualquier persona que me interesara, pero ya no podía seguir mintiéndome y aun menos después aquella noche… Sus labios, su mirada, su forma de moverse, su carácter, aquella manera tan hermosa de reírse… todo.
Absolutamente todo hacía que no pudiera apartar los ojos de ella y por primera vez en mi vida tampoco quería hacerlo. No quería buscar otro horizonte, no quería otro barco, no quería otra historia… La quería a ella y cuando finalmente me quedé dormida, lo soñé… Quizás porque una parte de mí tenía miedo de alejarme de ella o quizás porque después de tanto tiempo recorriendo el mundo había encontrado algo que me hacía querer cambiar mi rumbo... O quizás simplemente porque por primera vez había encontrado un lugar al que quería regresar.
Por eso quería proponérselo… Crear una tripulación juntas. Buscar personas que pudieran ayudarnos, conseguir un barco y recorrer el mundo sin tener que separarnos. Estaba segura de que Devon sería una magnífica capitana y yo haría todo lo posible para ayudarla. Llevaría el barco, estudiaría las corrientes, buscaría las rutas y encontraría la manera de serle útil en todo lo que necesitara, pero sobre todo quería seguirla. No porque alguien me lo ordenara, ni porque hubiera una recompensa esperando al final del camino, simplemente quería hacerlo porque era ella y por primera vez, la idea de llegar algún día a la Grand Line no me parecía emocionante únicamente por todo lo que podía descubrir allí... Me emocionaba pensar que podría descubrirlo a su lado.
Me dormí con aquella idea y por alguna razón dormí tranquila hasta que una extraña sensación me hizo despertar. No sabía cuánto tiempo había pasado por lo que abrí los ojos despacio, todavía atrapada entre el sueño y la realidad mientras mi cuerpo permanecía inmóvil sobre la cama. Durante unos segundos no entendí qué había ocurrido pues solamente sentía el frío que se había colado entre las sábanas y una extraña sensación de vacío. Moví mi brazo buscando su cuerpo pero no encontré nada, solo sentí aquella almohada a la que ahora me encontraba abrazada sin saber porque -¿Devon…? – Murmuré todavía adormilada pero no hubo respuesta.
Me incorporé lentamente mientras apartaba las sábanas y miraba alrededor de la habitación. Todo parecía estar en su sitio, pero sentía que algo no encajaba. Era una sensación difícil de explicar cómo cuando llegaba a una isla y había algo en el ambiente que me decía que estaba pasando por alto un detalle y entonces lo vi. Su espada estaba apoyada junto a la cama, aquella me hizo fruncir ligeramente el ceño. Devon nunca se separaba de ella y eso junto a su falta de respuesta hizo que me moviera hasta el borde de la cama tomándola entre mis manos para observarla por unos segundos. No entendía ¿Por qué la había dejado? La mire y entonces me di cuenta que el parche también estaba allí por lo que lo tome lentamente y con cuidado.
Lo reconocía perfectamente, no había ninguna duda tras haberlo visto tantas veces que incluso podía recordar algunas de las pequeñas imperfecciones que tenía, por ultimo vi la bolsa llena de berries y el cuaderno, ese momento fue cuando me quede completamente paralizada. No necesitaba ser demasiado inteligente para entender que algo malo pasaba, que aquello no era una casualidad… Devon había dejado absolutamente todas sus cosas de valor.
Sentí como una presión en el pecho me invadió por un momento – No… - Dije con un tono suave que apenas era un susurro. Deje la espada sobre la cama y tome el cuaderno con sus mil notas pero nada más abrirlo vi la carta con mi nombre, durante unos segundos no fui capaz de abrirla, mi mano permaneció sobre el papel mientras mi corazón comenzaba a latir cada vez más rápido. No quería hacerlo… No sabía por qué, pero no quería hacerlo.
Quizás porque una parte de mi ya sabía que después de leer aquella carta nada volvería a ser igual. Al cabo de unos largos minutos finalmente la abrí y empecé a leer. Cada palabra parecía pesar más que la anterior, aunque al leer “Muriendo” me detuve y volví a leer aquella parte, una vez, después otra y otra… No, no podía ser. Continúe leyendo viendo la enfermedad, las medicinas, al fiebre y el dolor que tuvo los dos días que faltaban para llegar a la Isla Karate. Mis dedos comenzaron a apretar lentamente el papel - ¿Por qué…? – Dije y seguí leyendo. Ella sabía que podía morir… Lo sabía desde hacía tiempo y no me había dicho absolutamente nada.
Mi respiración comenzó a hacerse más pesada mientras mis ojos avanzaban por la carta aunque cada vez que aparecía mi nombre sentía algo diferente en el pecho… Hablaba de mis ojos, de mi sonrisa, de cómo disparaba, de las flechas, de la libertad y finalmente llegue “Siempre serás mi eterno amor” al leer aquello me quedé inmóvil. La carta comenzó a temblar entre mis dedos pues era incapaz de decir o pensar en nada. Durante toda mi vida había aprendido a buscar respuestas cuando algo despertaba mi curiosidad, no podía dejarlo atrás... Investigaba, observaba, preguntaba, seguía pistas hasta encontrar aquello que estaba buscando. Pero ahora no quería encontrar una respuesta, quería que aquello no fuera verdad – No… - Una lágrima cayó sobre el papel provocando que la mirara por unos segundos, ni siquiera me había dado cuenta de que estaba llorando por lo que me limpié rápidamente la mejilla y otra lagrima volvió a caer y luego otra - ¿Por qué no me lo dijiste? – Pronuncie con un tono de voz completamente roto aunque no había nadie que me respondiera.
Por un momento miré hacia la puerta, quizás todavía podía alcanzarla, quizás no se había ido demasiado lejos, quizás… No. Ella había preparado todo y había dejado absolutamente todas sus cosas porque sabía que no iba a volver. Apreté los dientes mientras sentía como la tristeza comenzaba a mezclarse con algo mucho más difícil de controlar, la rabia. No porque estuviera enferma, no podía enfadarme con ella por algo que no había elegido, si no que estaba enfadada porque había decidido hacerlo sola, porque había decidido que yo no tenía derecho a saberlo… había decidido por mi – Yo podía haber estado contigo… Podía haberte ayudado – Apreté la carta junto al cuaderno contra mi pecho - Podía haber buscado una cura – Dije aunque sabía que quizás no existía pero eso no importaba, la habría buscado.
Había pasado todo mi viaje persiguiendo cosas que otros consideraban imposibles. Había seguido mapas incompletos, leyendas absurdas y rumores que nadie creía ¿Por qué no iba a hacer lo mismo por ella? ¿Por qué no me había dado la oportunidad? Bajé lentamente la mirada hacia sus cosas, estaba todo allí menos ella y eso fue lo que finalmente terminó de romperme. Las lágrimas comenzaron a caer sin que pudiera detenerlas, no quería llorar… No me gustaba hacerlo pero esta vez no podía evitarlo. Había encontrado algo que jamás había sabido que estaba buscando y ahora esa persona había desaparecido.
- Eres una idiota… - Dije entre lágrimas - Una maldita idiota, Devon… - Acaricié con los dedos la tapa del cuaderno - ¿Cómo pudiste pensar que quería esto? - Cerré los ojos y recordé la noche anterior… Sus labios, su mirada, su cuerpo junto al mío, la forma en que me había mirado…. Todo aquello que ahora entendía de una manera completamente diferente. Había querido creer que aquella noche era el comienzo de algo y quizás para mí lo había sido, pero para ella había sido una despedida, ese pensamiento provoco que sintiera una punzada en el pecho - Yo quería despertarme contigo… Quería que fuéramos juntas – Dije mientras miraba el lugar vacio en la cama y respiré profundamente mientras intentaba recomponerme aunque no podía, no todavía. Tomé el parche y lo sostuve entre mis manos mientras miraba la espada, aquello no era solamente un regalo… Era su manera de decirme adiós y la odié por ello, la odié por hacerme aquello… Porque me había dado algo que no sabía que necesitaba y después había decidido quitármelo, pero sobre todo… La amaba y eso era lo que más dolía.
Me quedé allí durante un largo rato, abrazada a sus cosas mirando la ventana durante unos segundos. El mundo seguía allí… El mismo mundo que siempre había querido recorrer, aquel que durante toda mi vida había considerado demasiado grande como para quedarme quieta en un solo lugar, pero ya no podía verlo de la misma manera. Porque ahora sabía que Devon no había salido a caminar, no había ido a comprar nada… Se había marchado para morir lejos de mí y lo peor era que lo entendía.
Entendía por qué lo había hecho… Sabía que no quería que la viera consumirse, que no quería que sus últimos días estuvieran llenos de lágrimas, de miedo o de alguien esperando constantemente el momento en el que dejaría de respirar. Pero entenderlo no hacía que doliera menos, si no que al contrario…. Me dolía porque sabía que no iba a volver, ni a escuchar su voz, ni verla aparecer por aquella puerta… No iba a volver a sentir sus manos sobre mi cuerpo ni a escuchar su risa y aun menos volver a sentir sus labios… aunque lo peor es que ni siquiera habría una despedida de verdad.
La última vez que la había tenido entre mis brazos, yo había pensado que aquello era el principio y ella ya sabía que era el final. Apreté los labios mientras bajaba la mirada hacia sus cosas y sentí cómo otra lágrima recorría mi mejilla aunque esta vez no intenté limpiarla - Maldita seas… - Mi voz apenas fue un susurro. Durante toda mi vida había buscado respuestas… Siempre había querido saber qué había detrás de cada misterio, qué se escondía al otro lado de cada horizonte, qué historias todavía no habían sido contadas, pero aquella era una respuesta que habría preferido no encontrar nunca. Devon se estaba muriendo y había decidido hacerlo sola sin mí. Cerré los ojos y por primera vez entendí que no todos los misterios estaban hechos para ser descubiertos si no que algunos simplemente podían doler demasiado cuando encontrabas la respuesta.
Respiré profundamente, intentando controlar el temblor de mi cuerpo aunque no podía cambiarlo… No podía perseguirla para obligarla a quedarse y no podía encontrar una cura que probablemente ni siquiera existía… aunque quisiera correr tras ella, aunque quisiera gritarle que volviera, sabía que no serviría de nada… Ella había tomado su decisión y yo tendría que vivir con ella. Abrí los ojos y miré una última vez hacia la puerta, una parte de mí seguía esperando verla aparecer pero sabía que no lo haría y aun así durante unos segundos no pude apartar la mirada - Te odio… Te odio por hacerme esto - Apreté el parche entre mis dedos y entonces mi voz terminó por romperse - Porque te amo - Bajé la cabeza y dejé que las lágrimas cayeran sobre mis manos. No había nada más que decir, no había ningún destino que perseguir… Ninguna isla que encontrar y ningún mapa que pudiera llevarme hasta ella. Solo quedaba aquella habitación, sus cosas entre mis manos y el recuerdo de una mujer que había conseguido hacer algo que yo siempre había creído imposible… Había conseguido que quisiera quedarme y ahora tendría que aprender a vivir sabiendo que el único lugar en el que realmente había querido hacerlo ya no existía.
Me quedé allí, en silencio, abrazada a sus pertenencias sin saber cuánto tiempo pasó… Por primera vez en mucho tiempo no tenía ninguna prisa por levantarme porque cuando lo hiciera, tendría que aceptar que ella realmente se había ido y todavía no estaba preparada para hacerlo.
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