Efectivamente...esto no es un +18 [Social - Pasado]
#2
Día 91, Verano, Año 18
3:00am
En algún lugar de la Isla Momoiro.

Caminaba desnudo, después de salir del cuarto de baño. Una toalla rodeaba su cintura mientras que, por otro lado, otra se encontraba sobre su cabeza, evitando así que el cabello húmedo manchara el suelo de madera del lugar en el que se hospedaba. Ahora sabía que podía descansar tranquilo. No sin antes, por supuesto, mantener un cilindro entre sus labios, el cigarrillo que se iluminaba, no iluminando su rostro por la propia tela, pero siendo tan inconfundible gracias a su tez pálida que hasta esa tenue iluminación amarillenta lo volvía reconocible.

—...

El silencio parecía reinar el lugar pese a su desnudez, alargando la calada nocturna, solo para ir a descansar con la calma característica de no necesitar la nicotina. Ya se había encargado de lo primero con la persona que en ese momento reposaba en la cama. ¿Se habría dormido? Después de toda la energía... No sabía apreciar si era o no cierto. Lentamente dejó caer su toalla hasta sus hombros, expulsando el humo de sus pulmones, elevando su otra mano libre sobre su cabello y, esta vez sí, revelando el tan característico rostro en sintonía con aquella inconfundible y cicatriz única en su lado izquierdo de la frente. Las gotas descendían por la punta de su cabello, elevando su mirada, quedándose quieto algunos segundos solo para disfrutar unos segundos extra de la soledad antes de buscar el calor que probablemente lo ayudaría a dormir.


Descendió su mano lentamente, terminando de acomodar la toalla para secarse por completo el cabello antes de regresar al dormitorio. Abrió la puerta muy despacio, solo en caso de que la mujer estuviera durmiendo y... Allí estaba. Desnuda, con las sábanas medio desparramadas. La contempló por unos segundos desde el umbral de la puerta con una media y agradecida sonrisa. Quién diría que apenas dos años antes no se planteó la idea del amor hasta conocerla. Recordó por un momento lo que había ocultado de ella, algo de lo que no se sentía todavía preparado y que, aprovechando su Akuma, sabía de sobra que no lo encontraría jamás a menos que él así lo decidiera. Se cruzó de brazos, dándose el antojo de disfrutar verla descansar por un momento más, con una extraña fantasía. Si le había revelado sobre amor... ¿Qué sería de ellos al futuro? ¿Serían como una típica pareja heterosexual? ¿Se podía permitir... hijos? Se imaginó a alguien, ojos azules, cabello rubio, con un aspecto infantil. No era fan de los menores de edad, cierto... ¿pero un hijo? No sabía ni si estaba preparado para eso.

Dejó caer la toalla de su cintura hasta una cesta de ropa que había a un lado del armario, acercándose a un mueble en donde tenía su pijama ya preparado que no era nada más que un pantalón algo holgado, dejando su pecho al descubierto. Elevó su mano para sacudir su cabello, descubriendo que ya estaba lo suficientemente seco para tumbarse. Antes, sin embargo, usó su mano libre para apartar el cigarrillo de entre sus labios y apagarlo en el cenicero que reposaba a su lado de la cama y elevó lentamente las sábanas, estirando su brazo para apagar la luz y abrazarse a su amada. Cerró los ojos, sintiendo su respiración, imaginando una vez más un deseo que ni siquiera sabía si estaba preparado para cumplir. ¿Cómo sería un niño...? Hablando de niños... ¿Por qué le venían unos moñitos de pelo anaranjado en su cabeza...? ¿Quién era... esa niñita de ojos azules?

Vestimenta



Día 10, Verano, Año 10
3:00pm
Baterilla

Ni recordaba la cara de la persona con la que había pasado la noche, ni le importaba. Solo recordaba haber salido despreocupado del hotel después de una llamada por Den-Den Mushi porque, aparentemente, algún idiota había tenido la osadía de pisar el territorio de los Onizuka. Aparentemente unos novatos, o quién sabe. No se sentía de especial humor... Y para colmo no había conseguido tener un solo maldito día libre en semanas. “Mañana así, mañana asá...” Pero ese mañana nunca llegaba. Maldición, sabía que haber llegado a ser la mano derecha de su jefe Raigo Onizuka era mucho pedir, pero un maldito día no hacía daño a nadie.

Salió, Den-Den Mushi en mano, tomando el objeto para hacer un aviso: ropa. No quería andar con el traje del día anterior. ¿Cuál? Le daba igual en ese momento, lo que fuera más cómodo, pero no exagerasen. No tenía demasiadas ganas de pensar. Caminó hasta el lugar designado para él, encendiendo un cigarrillo por el camino. Ahh, bendita fuera la nicotina que de joven evitaba, y ahora necesitaba y lo calmaba. Expulsó el humo del tabaco, caminando calmadamente hasta encontrarse a un grupo de sus propios hombres. No es que tuviera demasiados, pero los dos que había por el momento eran más que suficientes después de llegar hasta donde estaba. Un saludo, en forma de inclinación, fue lo que recibió como bienvenida. Uno de ellos sostenía una bolsa de cartón donde, en el interior, estaba su ropa.

—¡Aquí tiene, Jefe! — Habló uno de ellos, extendiéndole la prenda. Él ni respondió, no estaba con el humor suficiente. Ni siquiera tuvo un maldito tiempo para desayunar. Entró, desnudándose sin pudor en la propia sala para vestirse.

—Ponedme al día, qué mierda está pasando. 

Los varones se miraron entre sí. Uno de ellos tenía una cicatriz a un lado de la cara, mientras el otro cargaba unas gafas de sol y un tatuaje en su calvicie. El resumen fue claro y breve mientras el contrario veía reciente yakuza se vestia, dejando entrever el tatuaje que tenía marcado en su espalda con la palabra Onizuka en ella. Un grupo de jóvenes, que parecían de una banda rival, aparentemente la noche en la que él “descansaba” (con su acompañante nocturno), había hecho pedazos uno de los locales en los que tenía algunos tratos. Jóvenes que aparentemente estaban dando problemas desde hacía algunos días, motivo por el que no había conseguido un condenado descanso. Hizo una mueca, molesto, acomodándose el obi alrededor de su cintura. Ni se molestó en ponerse una camisa dentro, solo un pantalón corto por comodidad y poco más. No iba a permitir que esos energúmenos se escaparan esta vez.

—P-Por cierto jefe.

—¿Ahora qué? — La voz de Jin, esa voz que hacía temblar a sus hombres provocó justo esa misma sensación, silenciando a los dos varones unos segundos. El que habló tragó saliva, inclinando su cabeza. —Solo... Quería decirle que... felicidades... y todo eso. — Jin arqueó una ceja, apartando el cigarrillo de entre sus labios, confundido.

—¿Por qué?

Los dos hombres se miraron entre sí, parpadeando, hasta que el que habló volvió a hacerlo de nuevo. —Quiero decir... Hoy era su cumpleaños, Jefe. — ¿Ya era esa fecha? ¿Cuántos le caían ya? ¿28 años? Nunca recordaba celebrarlo, de niño no lo había hecho y, de hecho, esa fecha había sido designada por su Jefe Raigo. Actualmente no le resultaba ni interesante siquiera. Era demasiado viejo para cosas así, y nunca le había dado una relevancia como el resto de sus compañeros. —Déjate de estupideces, tenemos algo más importante que una fecha. Hay que encontrar a esos imbéciles.

—Sí Jefe. Mis disculpas. Ya hay algunos compañeros rastreándolos.


Ya terminado de vestirse, acomodó su Den-Den Mushi en el interior del yukata, saliendo una vez más. Por la información que le iba llegando a trompicones, al menos habían encontrado un perímetro. Lo malo era que estaba lleno de gente y, si querían atraer a esos idiotas, necesitaban algo... Lo que fuera, para atraerlos. El problema era... ¿el qué? Sus pensamientos lo habían dejado tan absorto que ni se dio cuenta de que había llegado en un lugar concurrido de gente. Sus dos acompañantes, uno a cada lado de su espalda, parecían estar más atentos que él. ¿Qué era lo que lo había despertado?

—¡QUÍTENSE, ME QUIEREN GOLPEAR!

Sí, su sentido del oído captó el grito de una niña, una menor de edad, que correteaba. Sus ojos, afilados, contemplaban su entorno, su alrededor, hasta que repentinamente sintió algo, similar a una bala naranja, impactar directamente sus piernas. Por poco se le escapaba el cigarrillo de los labios por el impacto, descendiendo la mirada hasta ver dos moños de color anaranjado... ¿O era rojo? Arqueó nuevamente una ceja, buscando comprender qué diantres le había dado a esa niña. —¿Qué diantres...? ¿Quién diabl-...?

—¡A POR ELLA! — Jin elevó la mirada, viendo a los individuos que parecían ir tras la joven. No le fue necesario encajar demasiado las piezas antes de saber qué ocurría. Hizo una mueca, apretando ligeramente el cigarrillo. En serio, ¿en qué diantres se había metido? Tomó a la joven de la nuca de su ropa, elevándola del suelo hasta colocarla a la altura de su rostro, con la mirada cansada, evitando que el cigarrillo diera directamente a la pequeña. —¿En qué mierda estás metida, renacuaja?

Cajita de Tabaco
[Imagen: bTjgVIr.png]
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RE: Efectivamente...esto no es un +18 [Social - Pasado] - por Onizuka Jin - 02-10-2026, 05:01 AM

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