PA: La vacuna y la enfermedad | Aventura T2: Aria Aster
#6
Aria soportó la paliza, cubriendo su cabeza con las manos. Notó el olor de la sangre en la punta de la nariz y supo que el camino de la diplomacia había sido cortado. Reconocía la mirada que le daban sus agresores. Trataban de someterla. Eran el tipo de personas que más detestaba. Llevó una de sus manos a la pistola que tenía oculta entre la ropa, dudando un poco todavía de su próximo movimiento. Cuando notó el sabor a hierro de la sangre en su boca, supo que era Luna quien debía encargarse de la situación. Debía aprovechar el hecho de que estuvieran subestimándola de esa forma. Derrotarlos antes de que les diera tiempo a reaccionar.

Localizó a uno de los que tenían armas de fuego, sacó la pistola y le disparó. Odiaba el olor a sangre, así que lo mejor sería terminar lo más rápido posible. El shock y el susto se esparcieron entre los otros nueve agresores. Ninguno podía creer que una “niña” como ella hubiera hecho aquello. Aria escapó del círculo deslizándose por debajo de uno de los criminales sin perder tiempo. Debía ser rápida. Sin siquiera levantarse, recargó la pistola sin tener que mirar lo que hacía y, aún con una rodilla en el suelo, alzó la pistola de nuevo y disparó. El olor y el sabor de la sangre la llevaban a pensar en las atrocidades que esos criminales habrían hecho, y la culpa por apretar el gatillo se fue desvaneciendo conforme recordaba el tipo de personas que eran. Ellos y los esclavistas que había visto, no eran demasiado diferentes: personas que se aprovechan de los débiles solo por ser fuertes. La furia burbujeaba en su interior, los recuerdos del pasado se sentían vividos por culpa de la sangre. No lo dejaría pasar, no otra vez.

Se levantó y comenzó a correr alrededor del círculo que los criminales habían formado. Eso le beneficiaba, ella era pequeña, por lo que el círculo también lo era. Recargó mientras corría, un poco torpemente al principio al haber pasado demasiado tiempo desde la última vez que lo había hecho. Afortunadamente para ella, mientras el congelamiento inicial se mantuviera y mientras permaneciera corriendo, sería difícil que la alcanzaran. Se detuvo solo por un segundo y disparó con rapidez. Tuvo que confiar en su precisión, pues no tenía tiempo para apuntar. — Llevo tres. — Escuchó el cuerpo caer. Hizo caso omiso a los gritos furiosos y el pánico generado. No malgastó más tiempo y volvió a correr y a recargar un poco más rápido que la ocasión anterior. El congelamiento inicial debía haber terminado.

La culpa y la furia se aglomeraban y entremezclaban. Le habría gustado no terminar en violencia, lo había intentado, lo que no haría sería arriesgar la vida por salvar a unos criminales. Su vida no era solo suya, debía vivir, por Luna y por Reen. Tenía una promesa por cumplir. Volvió a disparar. — Cuatro. — Y volvió a correr y a recargar, alejándose esta vez un poco del círculo, ya que no tardaría en crecer en tamaño. Algunos desenvainaron las espadas y otros alzaron sus armas de fuego. Les costaría de todos modos ir hacia ella, los cuerpos caídos de sus compañeros actuarían como obstáculos. Su principal problema serían los tiradores. Volvió a disparar, indiscriminadamente esta vez, no había tiempo para determinar a qué enemigo abatir, pero solo logró herir a unos cuantos, lo suficiente para entorpecerlos

Uno de los criminales trató de dispararle. Sin embargo, ella solo se detenía por unos segundos y era solo para disparar. Sintió la bala pasar cerca de ella y su corazón se aceleró. Más rápido, debía ir mucho más rápido. Se detuvo, casi cayendo por frenar de golpe sin antes bajar la velocidad. — Cinco. — Disparó hacia el lugar del que había escuchado el disparo y uno de los pistoleros cayó muerto. No podía perder el tiempo analizando de más a sus enemigos, así que dependería enteramente de su oído. Volvió a correr y recargó sobre la marcha. “Ataque relámpago” era como le llamaba Luna al tipo de ataque rápido que Aria estaba imitando. Cuanto más tardara, más en desventaja estaría. Siguió corriendo, trató de disparar mientras corría pero sólo logró darle en el hombro a uno de los que había tratado de dispararla. El círculo se había agrandado y roto. Los que llevaban espadas se habían adelantado hacia ella, y los pistoleros la apuntaban. — Seis. — Disparó a otro de los pistoleros, uno de los que había alcanzado en su ráfaga de disparos indiscriminados. Se deslizó por debajo de uno de los espadachines que había tratado de atacarla y rodó por el suelo para alejarse de sus atacantes. Comenzó a correr de inmediato, lejos del deformado círculo mientras recargaba.

Alcanzó el objetivo que había estado persiguiendo. Se subió a las cajas de un salto, y de ahí saltó al alero del tejado de la tienda más cercana. Una vez en una posición inalcanzable para las espadas, apuntó y disparó a los que trataban de apuntarla con las armas de fuego. — Siete. — Soltó todo el aire que había estado conteniendo mientras recargaba y sintió todo el cansancio caer sobre ella de golpe. Debía terminar rápido. Sostuvo la pistola con fuerza y disparó al último pistolero que estaba por dispararle a ella. — Ocho. — Solo quedaban los que trataban de llegar a ella con espadas. Apoyó la espalda por completo contra la pequeña pared a su espalda, lo que la hizo sentirse algo más segura y recargó sin perder de vista a los últimos dos bandidos que se le acercaban a toda prisa. Disparó al que ya estaba a punto de alcanzarla y su cuerpo derribó al otro. — Nueve. — El espacio que tenía era reducido, pero por lo menos se aseguraba de controlar los flancos. — Debí buscar este tipo de lugar desde el principio. — Anotó mentalmente mientras volvía a recargar. El último bandido ya estaba sobre las cajas por lo que Aria se incorporó rápidamente, notó que era al que había disparado en el hombro. Subió hasta lo más alto del tejado y una vez ahí, disparó. — Diez. — Se mantuvo tensa. No había estado prestando atención al jefe.

Dejó escapar el aire de forma pausada y buscó con la mirada hasta encontrarlo. Recargó sin apartar la mirada de él ni por un momento. Ni para limpiarse la sangre. Respiró profundamente, recuperando el aliento tras tanto movimiento. Sentía sus hombros subir y bajar al compás de su respiración.

Cuando la adrenalina remitió, la culpa volvió a golpear su conciencia.




Pensamiento || Diálogo || Narración

Resumen

Apariencia Alter-Ego
  Responder
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 305 - 50 = 255
Energia: 352 - 100 = 252
Espiritu: 105 + 0 = 105


Mensajes en este tema
RE: PA: La vacuna y la enfermedad | Aventura T2: Aria Aster - por Aria Áster - 03-10-2026, 10:37 AM

Salto de foro:


Usuarios navegando en este tema: 2 invitado(s)