Un golpe, un impacto, y mi primera reacción fue aferrarme a lo primero que sentí detras de mi rostro. ¿Un palo?... No, no lo era. La suavidad delataba que era una tela totalmente sedosa. Detrás de ella había algo duro y firme; una pierna (No sean mal pensados…cochinos…sigan leyendo). Sin pensarlo dos veces, me aferré a ella con todas mis fuerzas, como un mínimo que intentaba sobrevivir a su captura. Mis brazos se cerraron alrededor de aquella pierna y me quedé completamente pegada, negándome a soltarla por cualquier motivo. Al principio intenté contenerme, tratando de respirar con normalidad, pero el miedo terminó por ganarme, despues de todo era una niña.... Mis ojos comenzaron a llenarse de lágrimas y antes de poder evitarlo, empecé a sollozar desconsoladamente…senti que llegue a mi final…me iban a pegar una buena tunda. Cada pequeño movimiento que sentía bajo mis brazos solo conseguía que me aferrara todavía más, como si aquella pierna fuera mi única oportunidad de mantenerme a salvo —¡No quiero! —solté entre sollozos, escondiendo el rostro contra la tela del yukata.
Sin embargo, en ese preciso instante sentí cómo tiraban con brusquedad del cuello de mi vestido, suspendiéndome de golpe y haciéndome sacar la lengua por el repentino tirón –¡UHG!-- como si de verdad me hubieran dejado sin aire, mis piernas quedaron colgando mientras mi cuerpo era levantado sin ninguna delicadeza, como una bolsa cualquiera…un costal de puro huesos, aquel gesto me obligó a abandonar mi lugar seguro…pero al quedar completamente expuesta frente a unos ojos afilados cuya intensidad me era incapaz de descifrar, pestañeé varias veces, desconcertada al encontrarme cara a cara con aquel rostro tan pálido, ¿acaso no come bien?. Por un instante, me quedé completamente paralizada, observándolo sin saber qué hacer o que decir, fueron sus palabras hostiles los que consiguieron atravesar mi confusión, despertando mi valentía como un interruptor. Un escalofrío recorrió mi espalda al comprender que estaba en serios problemas. Mi mente comenzó a buscar desesperadamente alguna salida, cualquier cosa que pudiera salvarme de aquella situación. No podía quedarme ahí explicando la verdad…no me gustaba mentir…asi que no diria toda la verdad… Tragué saliva, todavía suspendida por el vestido, y solté lo primero que se me vino a la mente.
¡Es que… me persiguen porque soy una niña de bien…que dice las verdades! Y…— En ese instante, balanceé mi cuerpo de un lado a otro, buscando aprovechar el impulso para caer sobre él –¡NO SOY UNA RENACUAJA! — Mi intento de escapar terminó de la manera más inesperada, pues acabé chocando contra su pecho el cual estaba descubierto por los movimientos que había realizado momentos antes. Me quedé completamente inmóvil durante unos segundos, con las mejillas apoyadas contra aquella cálida piel, procesando lo que acababa de suceder. No sabía por qué, pero en ese preciso momento mi mente pareció desconectarse de la realidad como si viajara al futuro (NO ME VAN A CENSURAR). Mis ojos se quedaron abiertos de par en par mientras una expresión de absoluta felicidad apareció en mi rostro. Era como si, de repente, todo el mundo hubiera desaparecido. Incluso juraría que podía escuchar un coro celestial resonando en mi cabeza, acompañado por angelitos cantando a mi alrededor.
No puedes hacer guarradaaaaaassss aqui….en el futuro siiiii…..-- decia aquel coro celestial mientras se alejaban poco a poco.
Por otra parte…probablemente mi captor no estaría precisamente encantado con que hubiera decidido convertirlo en mi almohada improvisada, pero eso no me impidió menear la cabeza, buscando disfrutar todavía más de aquella inesperada comodidad. La posibilidad de que me apartara de su cuerpo hizo que me aferrara con todas mis fuerzas, negándome a soltarme de él. Como era evidente…sentí sus manos intentando tirar de mí para despegarme, pero aquello solo consiguió que me sujetara todavía más. Comencé a moverme de un lado a otro, recorriendo su torso como si estuviera buscando el lugar perfecto para esconderme. Subía y bajaba sin ningún tipo de vergüenza, pasando de sus costillas a un costado y en algún momento, terminando incluso debajo de su brazo mientras me reia con picardia —Muajajaja…— Estaba jugando…o quizas solo me dejaba llevar, parecía imposible conseguir que me quedara quieta, asi que en mi desesperado intento por no ser apartada, terminé desplazándome alrededor de su cuerpo hasta pasar por su espalda como una cucaracha. Me aferré nuevamente, rodeándolo como pude, hasta que finalmente logré alcanzar sus hombros. Una vez allí, pareció que había encontrado el lugar definitivo, mi torre de seguirdad.Me acomodé tranquilamente sobre ellos y dejé descansar mis brazos sobre su cabeza, como si aquella fuera la cosa más normal del mundo —¡ELLOS ME QUIEREN GOLPEAR POR SER UNA NIÑA BONITA!--- Grite mientras apuntaba a esos bandidos que cada vez mas se acercaban a nosotros –¡SALVAME TETORRO MAFIOSO! ¡HAZ LA TETORRA HIT!--- Grite sin medir mis palabras haciendo que la multitud se frenara para ver aquel espectaculo, quedandose intrigados del porque una pequeña y delicada niña…se encontraba sobre los hombros de un hombre tan…peligroso. Era como ver un lobo y una coneja.
Sin embargo, en ese preciso instante sentí cómo tiraban con brusquedad del cuello de mi vestido, suspendiéndome de golpe y haciéndome sacar la lengua por el repentino tirón –¡UHG!-- como si de verdad me hubieran dejado sin aire, mis piernas quedaron colgando mientras mi cuerpo era levantado sin ninguna delicadeza, como una bolsa cualquiera…un costal de puro huesos, aquel gesto me obligó a abandonar mi lugar seguro…pero al quedar completamente expuesta frente a unos ojos afilados cuya intensidad me era incapaz de descifrar, pestañeé varias veces, desconcertada al encontrarme cara a cara con aquel rostro tan pálido, ¿acaso no come bien?. Por un instante, me quedé completamente paralizada, observándolo sin saber qué hacer o que decir, fueron sus palabras hostiles los que consiguieron atravesar mi confusión, despertando mi valentía como un interruptor. Un escalofrío recorrió mi espalda al comprender que estaba en serios problemas. Mi mente comenzó a buscar desesperadamente alguna salida, cualquier cosa que pudiera salvarme de aquella situación. No podía quedarme ahí explicando la verdad…no me gustaba mentir…asi que no diria toda la verdad… Tragué saliva, todavía suspendida por el vestido, y solté lo primero que se me vino a la mente.
¡Es que… me persiguen porque soy una niña de bien…que dice las verdades! Y…— En ese instante, balanceé mi cuerpo de un lado a otro, buscando aprovechar el impulso para caer sobre él –¡NO SOY UNA RENACUAJA! — Mi intento de escapar terminó de la manera más inesperada, pues acabé chocando contra su pecho el cual estaba descubierto por los movimientos que había realizado momentos antes. Me quedé completamente inmóvil durante unos segundos, con las mejillas apoyadas contra aquella cálida piel, procesando lo que acababa de suceder. No sabía por qué, pero en ese preciso momento mi mente pareció desconectarse de la realidad como si viajara al futuro (NO ME VAN A CENSURAR). Mis ojos se quedaron abiertos de par en par mientras una expresión de absoluta felicidad apareció en mi rostro. Era como si, de repente, todo el mundo hubiera desaparecido. Incluso juraría que podía escuchar un coro celestial resonando en mi cabeza, acompañado por angelitos cantando a mi alrededor.
No puedes hacer guarradaaaaaassss aqui….en el futuro siiiii…..-- decia aquel coro celestial mientras se alejaban poco a poco.
Por otra parte…probablemente mi captor no estaría precisamente encantado con que hubiera decidido convertirlo en mi almohada improvisada, pero eso no me impidió menear la cabeza, buscando disfrutar todavía más de aquella inesperada comodidad. La posibilidad de que me apartara de su cuerpo hizo que me aferrara con todas mis fuerzas, negándome a soltarme de él. Como era evidente…sentí sus manos intentando tirar de mí para despegarme, pero aquello solo consiguió que me sujetara todavía más. Comencé a moverme de un lado a otro, recorriendo su torso como si estuviera buscando el lugar perfecto para esconderme. Subía y bajaba sin ningún tipo de vergüenza, pasando de sus costillas a un costado y en algún momento, terminando incluso debajo de su brazo mientras me reia con picardia —Muajajaja…— Estaba jugando…o quizas solo me dejaba llevar, parecía imposible conseguir que me quedara quieta, asi que en mi desesperado intento por no ser apartada, terminé desplazándome alrededor de su cuerpo hasta pasar por su espalda como una cucaracha. Me aferré nuevamente, rodeándolo como pude, hasta que finalmente logré alcanzar sus hombros. Una vez allí, pareció que había encontrado el lugar definitivo, mi torre de seguirdad.Me acomodé tranquilamente sobre ellos y dejé descansar mis brazos sobre su cabeza, como si aquella fuera la cosa más normal del mundo —¡ELLOS ME QUIEREN GOLPEAR POR SER UNA NIÑA BONITA!--- Grite mientras apuntaba a esos bandidos que cada vez mas se acercaban a nosotros –¡SALVAME TETORRO MAFIOSO! ¡HAZ LA TETORRA HIT!--- Grite sin medir mis palabras haciendo que la multitud se frenara para ver aquel espectaculo, quedandose intrigados del porque una pequeña y delicada niña…se encontraba sobre los hombros de un hombre tan…peligroso. Era como ver un lobo y una coneja.
Karmas

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