04-10-2026, 10:44 PM
El devoto señor no perdio tiempo y pidio un plato de comida que yo nunca habia probado y tan siquiera escuchado y mi haki de alerto sobre la alegria de Antonio… o Andres. No importa, el dueño, ante el pedido de mi interlocutor, senti ademas como se acercaba a la puerta, acatando mi orden de cerrar el bar y pasando directo a la cocina, no hacía falta un olfato muy desarrollado para sentir los deliciosos olores que empezaron a inundar el recinto.
Mi interlocutor no tardo en retomar nuestra charla, diciendo que lo mejor seria empezar por el comienzo y yo sonreí y le dije. -Ese sin lugar a duda, es el mejor lugar para empezar jajaja, soy todo oídos. – Y escuche aquella entretenida historia, el hombre habia salido del West Blue, un lugar en el que nunca puse un pie y fue pirata desde chavalo, recorrio el Grand Line, cosa que yo no logré y luego llego al nuevo mundo a la edad de cuarenta y quien sabe, pero diré que fue a los cuarenta y cuatro, ahora según el mismo, rondaba los cincuenta y muchos, mas cerca de los sesenta que de los cuarenta, así que fije la edad del hombre es cincuentainueve, un numero primo ¿Tenia esto alguna relevancia? No, pero los numeros primos son cuanto menos interesantes.
La historia no finalizo allí, pues el devoto caballero, siguió hablando, ahogando los sonidos provenientes de la cocina, diciendo que solo faltaba un día sin suerte y yo desvié la mirada a mi espada durante un segundo y con cara de tristeza asentí, reafirmando así las palabras del caballero, luego pude apreciar las incontables cicatrices que tenia en el cuerpo, pero lo que más me llamo la atención fueron sus ropas, desgastadas, una persona de su edad y que vivio lo que ha vivido, no deberia estar en ese estado, quizás a mi iniciativa de crear una casa para jóvenes, puedo ampliarla y hacer otra para ancianos piratas, esto ya eran dos iniciativas con tintes sociales y olor a comunista en menos de un día, pero ya sabía como vendérselas al capitan, la primera, un sitio donde atender futuros adeptos y leales a los Mushoku, quienes nos estarían tan agradecidos de atenderlos bien, que estarían dispuestos a morir por nosotros y la segunda, un lugar de descanso, para aquellos que pasaron una vida a nuestro servicio, se que le va a gustar, después charlaré con él.
El gesto del manotazo me trajo a la realidad y yo sonreí, pero su ultima frase antes de que nos sirvieran los platos fue hasta el momento una de las que más me habia gustado “Solo puedes jugarte la vida, tantas veces como te dure”, asentí con tranquilidad y volvi a dibujar una sonrisa en mi rostro, cuando nuestro camarero Antonio apareció, trayendo lo que le habíamos pedido, todo se veía excelente y no pude evitar decirle. – Si esto sabe, tan bien como se ve Antonio, te acabas de ganar un inversor y socio. – No tarde en hincarle el diente a mi desayuno, estaba espectacular, ¿cómo coño nunca habia pasado por este lugar?, le di un sorbo largo al jugo y todo fue para mejor, me voltee a mirar a Antonio quien ya estaba en la barra y con el pulgar de mi mano derecha le di a entender que, en efecto, ahora eramos socios.
El viejo pirata y devoto, no tardo en comer y seguir contándome, que desde hace meses habia empezado a tener miedo por su vida, fue justo despues de que con el capitan, acabáramos con la oni, las skypianas y el imbecil de Grim que se encontraba preso, uno de aquellos que perdieron su hogar, seguramente por mi ataque, lo habia atacado, le dieron una puñalada, un niño, por robarle unas monedas y que desde entonces temía salir de noche y tenia que dormir del lado derecho, yo negué con la cabeza, no podíamos gobernar una isla de esta manera, Hachinosu, tiene que ser un santuario para los malhechores si, pero no para que hagan fechorías en nuestro maldito territorio, sino como un lugar neutral, comerciar, droga, armas, bienes, mientras no sean personas, por mí que se caguen en su puta madre si quieren, pero no deberíamos tener delincuencia en la isla… Quizás si tomo un puñado de muchachos, los entreno en el arte del combate, les coloco una máscara, puedo crear un cuerpo de seguridad, los mascaras doradas….me gusta, si eso haré y se lo venderé a Ashura como parte del Ejercito Gris….Queres mantener el orden en mi isla, no es de comunistas ¿O si?, a ver, no voy a regalar nada y aquí se respeta la propiedad privada, así que no, no soy ningún comunista, no quiero que Ashura piense cosas que no son.
Volvi a prestarle atención a mi interlocutor, cuando menciono que ahora solo salía de día y que en una de esas salidas mientras caminaba por el puerto, encontró un navío blanco, que un hombre en cubierta habia reparado en el y lo habia invitado a subir al barco, yo deje de comer y lo mire de manera fija y muy intrigado, la historia estaba tomando un rumbo, cuanto menos interesante, lo habia llevado a una especie de bodega, que en realidad era una capilla, una dedicada a nuestra señora, allí le hablaron de nuestra deidad, todo lo que le dijeron era cierto, era lo mismo que mi padre me decia a mi una y otra vez, una gota de sudor frio comenzó a formarse en mi frente….¿No eramos nosotros dos, mi padre y yo, los únicos devotos de la Santa Muerte?, Papá nunca me contó y yo jamas pregunte, porque tanta devoción, simplemente la asumí, mierda…. Que mal momento para saber que habia atravesado a mi tio de un puñetazo, quizás él sabía más sobre eso.
El anciano pirata termino su charla y siguió comiendo, yo baje el tenedor y el cuchillo con cuidado, me limpie la boca con la servilleta de tela, la deje a un lado del tenedor y dije. – Nunca es tarde para empezar a adorar a nuestra señora, vamos por partes, no quiero dejar pasar nada. Primero, yo mismo me voy a encargar de que la isla vuelva a la normalidad, voy a hablar con la Catástrofe e impondremos una serie de leyes para que los ciudadanos estén tranquilos, ademas crearé un cuerpo especial de protección, los Mascaras Doradas, ya vera, confie en el Heraldo, tambien mi querido señor, de ahora más quédese tranquilo, nadie se atreverá a hacerle nada, pues ya ha sido visto conmigo, espere un segundo que voy a decirle algo al camarero. – Me levante y fui hasta donde Antonio quien estaba en la barra, me le acerque y le dije para que solo el pudiera escucharme. – Amigo Antonio, como tu nuevo socio e inversor mayoritario, porque voy a hacer el único que vas a tener, necesito que por favor amplies este lugar y permitas que mi compañero viva acá, lo dejaré bajo tu cuidado, por dinero, no hay que preocuparse, es mí invitado y por lo tanto una extensión de mi ¿Esta claro?, ahora… en un rato vas a ir a servirme más jugo que esta buenisimo y le vas a decir esto como cosa tuya, dile que estas muy agradecido por traer al heraldo que te volviste loco y lo dejaras vivir aquí. – Y le guiñé el ojo y volví a mi puesto, para retomar mi charla. – Bien, le voy a ser muy sincero, pensé que los únicos devotos a la Santa Muerte eramos mi padre, que nuestra señora lo tenga en gloria y yo, nunca supe de nadie más, estoy obligado a preguntarle…. Antes de que los Mushoku llegáramos a la isla habia un hombre que era lugarteniente del tipo de las trenzas, usaba…no mentira no usaba mascara, esa era su cara, en fin, el tipo alto que olía a sudor, que se transformaba en Chihuahua…¿En algun momento mencionó a la Santa Muerte? . – volví a tomar mis cubiertos y terminar mis huevos divorciados, mientras esperaba respuesta.
Heraldoff
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