05-10-2026, 12:17 AM
(Última modificación: 05-10-2026, 12:42 AM por Maria Merlot.)
Narrador / María Merlot
María Merlot sabía algo con certeza…
Había gente muy mala en el mundo…
Y tal vez, esos pobres Piratas Sandwicheros Quesilleros…
Eran unas indefensas victimas…
Pobre Gente…
Necesitaban un héroe o heroina.
Había gente muy mala en el mundo…
Y tal vez, esos pobres Piratas Sandwicheros Quesilleros…
Eran unas indefensas victimas…
Pobre Gente…
Necesitaban un héroe o heroina.
En la mente de la mestiza, mil escenarios catastróficos se levantaron. Uno tras otro, cada uno peor que el anterior. Un pequeño restaurante, unos maleantes desalmados, destrozado todo: sillas, mesas, platos... vaciando las salsas en las paredes en arte abstracto vandálico o como le decían ahora “grafitis”, diciendo cosas terribles como “Odiamos el sándwich”, “Larga vida a la proteína”, “Dile no al borde” y quien sabe que más obscenidades. ¡Los nakamas de EL MACHO estaban en problemas! ¿Debía ir a decirle? ¡Tenía que despertar a todos los Valars! Necesitábamos navegar hasta ellos, llegar a su humilde restaurante y golpear a los que arruinaron su agujero… Porqué eso había sucedido ¿No? Por eso no llegaron las quesadillas ¿No?
María se levantó, lista para comenzar su cruzada salvadora de Piratas Gastronómicos. Salto de la encimadera, dio un mordisco a su emparedado de lechuga, un sorbo a su jugo verde. Se giró con fuerza y corrió… pero un latigazo la devolvió a su lugar — ¡Auggghhh! — gimió de dolor. ¿Qué paso? Al girarse para salir de ahí, e ignorando al den den mushi, el largo cabello se le enredó en una de las agarraderas de los gabinetes inferiores del mesón impidiendo que fuera más allá.
María se levantó, lista para comenzar su cruzada salvadora de Piratas Gastronómicos. Salto de la encimadera, dio un mordisco a su emparedado de lechuga, un sorbo a su jugo verde. Se giró con fuerza y corrió… pero un latigazo la devolvió a su lugar — ¡Auggghhh! — gimió de dolor. ¿Qué paso? Al girarse para salir de ahí, e ignorando al den den mushi, el largo cabello se le enredó en una de las agarraderas de los gabinetes inferiores del mesón impidiendo que fuera más allá.
Hola hola, señorita.
La voz al otro lado de la piruleta la hizo congelarse en su lugar… ¿Señor Paco Gerte? Si, sonaba a él, ese cantadito rítmico y bonachón. ¡Estaba a salvo! No le habían hecho tragarse la mostaza los bandoleros… aún. Lo escuchó con atención mientras tiraba del mechón rosado atorado en la cosa esa de la gaveta. ¿Por qué parecía enredarse más y más?
Espera, espera, espera ¿cómo que hace seis días?
— Si, quita… o pon horas, minutos y segundos — le respondió inclinando la cabeza hacia un lado mientras sacaba cálculos mentales sobre el tiempo transcurrido desde la orden y la nula llegada de las quesadillas… ¡PERO COMO CULPARLOS SI ESTABAN SIENDO ATACADOS POR ODIADORES DE SÁNDWICHES! Necesitaba despertar a sus nakamas, necesitaban ir a ayudarlos rápidamente… ¿A dónde? Luego se preocuparía por eso, seguro Bartolomiau sabia o Vivi se ubicaba en la cartografía para ello.
Ay, ay, ay. Espera, dame un momento, que pienso
Ese “ay ay ay” llego hasta el corazón amable de la fémina — ¡Basta déjenlo! No le hagan tragarse la mostaza, ni el kétchup ni la mayonesa. No se quienes se atreven a atacar a los Piratas Gastronómicos dueños de las Yeguas Catatónicas pero los encontraré y los haré pagar por hacerle daño a los nakamas de EL MACHO… — respondió alarmada por la voz nerviosa y aquella onomatopeya de sufrimiento, amenazado a los ¿enemigos? de la franquicia de comida rápida.
Vale, un momentito. Hola hola, yo soy Pato, Pato Marte.
La voz regreso más calmada… ¿Pato Marte? ¿Quién era ese? ¿Por qué sonaba igual a Paco Gerte? ¿Todos los de atención al cliente tenían la misma voz? Bueno, eso tenia sentido para ella. Él hablo rápido, ella no lo pudo interrumpir. Lo escuchó con atención — Si. El pedido esta a mi nombre, María Merlot… No Chardonnay, Sauvignon Blanc, Albariño o Riesling… tampoco Cabernet Sauvignon, Malbec, Tempranillo o Pinot Noir… solo Merlot… ¿Sabes, no? “ese vino del paso manso y elegante, el que sabe esperar en la barca de roble, un licor que se siente, cordial y vibrante, con cuerpo de guerrero y alma de noble”— le explicó olvidando por un momento que pensaba que estaban siendo atacados, maniatados, sometidos, humillados, esclavizados, maltratados y quien sabe que más torturas humanas y no humanas — Ah…. Si, ahora que lo dices, dependiendo de hacia donde vayan las manecillas podría darle sentido horario o antihorario a la existencia misma sobre la inalcanzable utopía de lo que todos soñamos y buscamos pero no alcanzamos porque la verdadera respuesta esta frente a nosotros — en ese momento su mirada se poso sobre el vaso con el jugo verde —… medio lleno, medio vació… una cuestión de perspectivas. Es usted muy sabio, Señor Pato Venus — habló con admiración analizando a su modo extraño la conversación, creyéndose y llevando lo comentado por la voz a otro nivel de esquizofrenia premium — … los cierro hacia los lados… ¿eso es malo? — indago llevándose una mano a la barbilla pensativa sobre eso de los círculos — … no esperaba menos de ustedes. Me disculpo por dudar de su integridad gastronómica, gourmet y deliciosa — juntó ambas manos frente a ella con una sonrisa en los labios sabiendo que no llegaría ningún alimento dañado a sus amigos porque cuidaban con esmero la cadena de frio y calor.
Si lele pancha será por comer demasiadas quesadillas porque están demasiado buenas.
La sonrisa de la mestiza se amplió, y una suave risa encantadora salió de sus labios. Al principio una chispa que se convirtió en un torrente divertido ante la manera en que el hablante al otro lado del caracol rebatió su punto de la panza — … Pero Señor Pato Venus. ¡Que divertido es usted! — comento aun entre risas cautivadoras llevando las manos a su estómago — Lele pancha ahora mismo — bromeo con su juego de palabras, y porque era la verdad, hasta un par de lágrimas se le salieron.
No, no. Estamos bien.
¡Cierto! Estaban en peligro. ¿Cómo pudo olvidarlo? Aunque, acababa de decir que no. La joven frunció el ceño dudando, tal vez lo tenían amenazado… pero… ¿por qué dudar de su afirmación? O más bien negativa sobre el estatus de su bienestar. Lo escucho hablar de un cocinero ausente, y su nuevo puesto en la franquicia — Me paso igual ¿Sabes? Cuando se fue Trhym-sama, tuve que tomar su lugar, aprender su oficio… al principio fue difícil, sigue siéndolo pero lo logré… aunque sé que no soy la mejor en ello, lo hice por mis amigos y para salir del Reino de los Cerezos… Claro, no era hacer quesadillas sino navegar el Flush Royal, puedo darte tips sobre navegación si quieres... seguro encontramos una relación con hacer comida. Además, estoy segura que usted puede con esas quesadillas y sándwiches y lo que se propongan cocinar los Sandwicheros — lo animo con alegría como esperaba ser animada ella con cada nueva tarea que se propusiera, justo como lo hizo el gigante cuando la vio navegar por primera vez el barco de Valar.
Por ahora no se mete nadie con nosotros, pero descuide, señorita, si en algún momento sucede serás la primera a quien pida ayuda
— ¡Me alegra escuchar eso! De verdad me preocupe al pensar que los amigos gastronómicos de Bartolomiau podían estar en peligro — suspiró con gracia como si se quitará un gran peso de encima, y lo cierto es que eso evitaba que despertará a la tripulación y emprendieran rumbo hacia quien sabe dónde para enfrentar a quien sabe qué — ¿Entonces? ¿Si tomaron mi pedido? — volvió a preguntar tirando de su cabello por ultima vez, y logrando al fin soltarlo, lo que le permitió subirse a la encimadera de nuevo y seguir comiéndose su emparedado de lechuga — … no me sorprendería que no estemos. Quesi parecía de muy mal humor cuando tomaba el pedido, quizás fingió anotarlo pero no lo hizo, lo que sería muy desagradable de su parte y terrible para su negocio — comento dándole un mordisco a la comida, que crujió bajo sus dientes — … ¿Han pensado en meterlo en uno de esos grupos de autoayuda como los de Alcohólicos Anónimos pero este sería de Rabiosos y Sus Sinónimos? — cuestionó interesada en ayudar a ese pequeño, o quizás muy grande, costal de ira contenida. Si seguía así seguro tendría que salir con máscara a la calle por la vergüenza de ser reconocido como un irascibilillo — Por cierto… — en ese momento cayo en algo, que no sabía mucho del otro lado, solo que eran unos restauranteros — … Bartolomiau es tímido, no habla mucho. A ver, Señor Pato Venus, cuénteme sobre ustedes… ¿Dónde están? ¿Qué hacen los viernes? ¿Cómo se conocieron? ¿Les gusta leer? ¿Cuál es su sándwich favorito? ¿Tienen mascotas? ¿Azul o Rojo? ¿Si tuvieran que escoger entre un molde de sándwich redondo o triangular, cual escogerían? ¿Hay mas de ustedes o solo son Quesi, Paco Gerte y usted? Ahora que lo pienso… ¿Todos riman con Pato, Paco? ¿Es una especie de sufijo dentro de su organización culinaria? — hizo silencio por un momento, volviendo a acostarse en la encimadera — ¿Puedo ser Patun en lata? ¿Patirena en agua? ¿Patinena de noche? ¿Patineta en ruedas? — bromeo volviendo a reírse con su habitual encanto natural — ahora mismo soy una Patimaria Cuak Cuak — las risas estallaron, sin perder la gracia misma que caracterizaba a la semi sirena. El chiste provenía de que justamente su pijama era la de un patito amarillo.
MARÍA CUAK CUAK MERLOT
Karma Fanático: Hyakinthos.
![[Imagen: mmocheja.png]](https://i.ibb.co/WNPnSwH9/mmocheja.png)
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