Fly On | Presente Relativo
#7
Muy pocas veces se enfrentó a la incertidumbre sin querer desafiarla todo el tiempo y, en esos casos nacidos desde la escasez, mayoritariamente terminaba descubriendo que los sentimientos eran mucho más importantes que entender la causa de todo, como si aquello que lo convirtió en parte del elitismo de las castas políticas y familiares perdiera validez ante energías etéreas, magnetismos impredecibles o la gravedad que puede tirar desde una persona... hacia ella misma.

Ver a María mantener su sonrisa o reaccionar sin afán de obtener más que la misma dosis de encanto producido entre ambos lo transportaba a ese escenario, quitándole todos los escudos y armas que utiliza para protegerse, y obligándose a ser él mismo hasta que las respuestas dejen de importar. Podría elegir cualquier otro lugar del mundo para estar en aquel instante, sin embargo, nada conseguiría convencerlo de abandonar el espacio que compartía con Merlot, pues quería seguir orbitando alrededor de aquel núcleo sin que la necesidad de llegar al fondo de todo, donde yacen la totalidad de las revelaciones y explicaciones que cuentan la historia de ambos, le ganase a simplemente acompañarse mientras se permiten entregarse al misterio.

A veces, las incertidumbres nacen de no querer pronunciar ciertas palabras en voz alta.

Un tipo distinto de expectación.

No perdió el eje, ni considerando que las quejas simuladas resultaron extremadamente dulces, ni aunque observaba cada detalle en ella al punto de casi caer hipnotizado, porque le interesaba iniciar la cita intentando descubrir el centro del laberinto, algo irónico si se ponía a interiorizar todo el mar de emociones y contradicciones que surgían en su pecho al observarla, o simplemente recordar los efímeros momentos que llegaron a compartir juntos, en contra de otras presencias, ante ojos incapaces de participar en el universo que se forma al chocar ese precioso ámbar contra sus orbes cerúleos, pues terminaban siendo ajenos a entenderlo.

Y para lograr su fin debía mantener su temple lo suficientemente alto como para que toda la noche no se centrase en interactuar con María frente a la fuente, ignorando el resto de la isla encima del cielo hasta que llegase un nuevo amanecer.

Aunque reconocía que vencer el impulso de guiarla a un sitio íntimo, donde sólo reine el contacto y las palabras exhaladas en susurros, fue quizás la lucha más difícil de su vida.

La diferencia de alturas se hizo notoria cuando la chica decidió acercarse, su diestra aún húmeda por mantenerla en el agua de la fuente, y su mano izquierda recortando la distancia con su piel hasta el mínimo posible. En un principio, Hasegawa observó los accesorios de María y cualquier posible movimiento, notando las pulseras en su muñeca y el anillo dorado, sin embargo, gradualmente comenzó a elevar la vista para terminar encontrándose con su rostro, tan perfecto en facciones como siempre, aunque aún más tentador en toda la vorágine de impulsos que ella le causaba cuando podía mirarla sin tantos metros separándolos. Las iris ámbar seguían viajando y ascendiendo desde el brazo, deteniéndose a la altura del cuello un instante adicional al resto, intuía que por su reciente cicatriz, antes de pasar a sus labios, produciendo esas chispas tan intensas que parecía una completa ilegalidad que sean invisibles.

Recordó el beso de ella tras completar la prueba donde compitieron, y luego su devolución instantes previos a la final. La vida los privaba de experimentar con completa libertad lo que necesitaban expresar sin palabras, es por ello que contenerse hasta que Merlot decidió hablar le costó tanto, haciendo que se cuestione los motivos existentes detrás de semejante atrevimiento. Querer hacer lo correcto no alcanzaba, y no tardó en darse cuenta de que si decidía aferrarse a su cuerpo, encontrarse con aquellos labios, debía significar algo, no le bastaba con una idea pasajera de las que fue víctima tantas veces en el pasado.

Quizás era ese el motivo de la vida y el destino que los mantuvo alejados por tanto tiempo, poniéndoles intrusos en el camino, estirando de manera interminable el momento en que por fin se pudiesen mirar el uno al otro sin testigos de por medio.

'.. empiezo a pensar que nunca podré pagar mi deuda del arroz'

—Mejor, porque entonces podré seguir reclamando más de ti en retribución. —las palabras surgieron sin filtro ni con la posibilidad de pensárselo dos veces, silenciado únicamente por la ruptura del contacto físico, con María trazando un camino sinuoso desde su muñeca al pliegue que antecedía a los dedos, volcándolo bajo una serie de escalofríos eléctricos demasiado intensa. La pelirrosa no tuvo ni la más remota idea de cuánto le había generado con tan poco, aunque quizás en algún momento se lo podría hacer sentir a ella.

Shin bajó la mano casi al mismo tiempo que Merlot, escuchando la manera en que aceptaba la idea de enfrentarse en compañía mutua al laberinto, algo que imaginaba desde que lo propuso, sin embargo, lo que lo tomó por sorpresa resultó ser algo muy diferente, esperando al desarrollo de su antesala, donde la semi sirena se dejaba a merced del marine, confiando en que no iba a permitir que se pierda, víctima de su mala orientación. La cuestión estuvo en que ni siquiera lo dejó responder, endulzándolo con la promesa de que haría lo mismo por él para, acto seguido... tomar venganza del leve toque que le dio en su frente.

La cercanía consiguió robarle varias respiraciones, sintiendo la contraria tan próxima a sus labios que la idea de besarla lo invadió con absoluta inmediatez, y fue por eso que lo tomó tan desprevenido. Entre sus fantasías en tiempo real y el tono seductor, Hasegawa se había perdido por completo en los talentos espontáneos de María Merlot, para luego ser víctima de otra cosa que se le daba muy bien, ser traviesa, recibiendo la salpicadura del agua de la fuente directamente sobre su rostro, mojándole las gafas y logrando que se quede parpadeando un par de veces antes de acompañar en la risa encantadora a su verduga. La vio alejarse a la par que se quitaba el accesorio, limpiándolo y guardándolo en el bolsillo interno de su chaqueta, y entonces recibió las palabras pícaras provenientes de la mujer, quien le terminó sacando la lengua.

—Okey, okey, me atrapaste. —alzó ambas manos en señal de rendición y cerró los ojos, sólo hasta escuchar el sonido que hizo cuando se dejó caer desde el borde que llevaba a la entrada, obligándolo a volver a mirarla. Ahí llegó la propuesta, presentándose como un juego inocente.

La figura de María había danzado sobre aquel precipicio con una soltura encomiable y, al bajar, lo observó girando la cabeza, dándose la vuelta finalmente mientras su cabello rosado ondeaba al aire para especificar que, quien pierda en esa carrera con el centro del laberinto como meta, deberá sufrir una penitencia a cargo del ganador. —¿Estás segura de que quieres seguir sumando deudas conmigo, María? —pronunció con uno de sus típicos gestos presumidos, capaces de irritar a muchas personas con una sencillez absoluta, borrándose ligeramente cuando ella impuso la condición de no utilizar su "magia de estrellas", lo que le hizo negar con la cabeza.

Por supuesto que haría trampa.

—Acepto.

Confirmó, imitando la palabra dicha por Merlot instantes atrás, porque, claro, no tenía por qué decírselo, ¿verdad?

Al final, ella ya estaba jugando con todos los trucos que tenía a su disposición, y uno de ellos incluso le hizo activar su Kenbunshoku haki, evitando perderla de vista considerando que acababa de declarar que en el amor y la guerra vale todo. ¿Realmente Maki iba a aparecerse ahí? Con un escaneo rápido de la zona en doscientos metros de radio supo prácticamente de inmediato que no y así atestiguó la vil trampa de la contraria. Quería ganar, eso se notaba, así que Hasegawa se dio la vuelta, cediéndole esa ventaja inicial bajo su propia elección, pues el deseo egoísta de la curiosidad que le generaba la elección de un castigo en una persona como Merlot se terminó imponiendo. Por supuesto, estaba armado con las herramientas correctas si de mantener el control en el interior de aquel laberinto se trataba, y considerando que ella reconoció ser terrible ubicándose, decidió mantener el poder espiritual activo en conjunto con la reactivación de su fruta del diablo, envolviéndose en el característico fulgor dorado.

—¡Maríaaaa! ¡Eres una tramposa! —exclamó, llevándose ambas manos a los lados de la boca, "amplificando" el volumen de su voz e ingresando finalmente al sitio. Decidió en un principio no seguir las risas de la sirena, en su lugar alzó un vuelo parcial haciendo uso de las habilidades que le concede su elemento y trazó desde una perspectiva elevada las mejores rutas hacia el centro, luego descendió y comenzó a ubicar a su cita con el haki, dándose cuenta de que... efectivamente, se estaba alejando, y cada vez más, así que si quería reducir el tiempo que pasaría sin poder mirarla a los ojos y darle ese doble regalo, el de la victoria y aquello que seguramente le encantaría en palabras del mayordomo, tendría que ayudarla.

Finalmente se puso en movimiento, reduciendo significativamente la rapidez de sus transiciones con la intención de no ser tan obvio cuando llegase hasta donde está Merlot, aunque mientras el sonido de su voz hacía eco entre las paredes de arbustos cuidados, algunos recuerdos se entremezclaban con el presente, en forma de sonidos secos que cada vez aumentaban el volumen, ensordeciéndolo mientras seguía intentando concentrarse en alcanzar a la mujer.


Una vez.

Otra...

...y otra.

El viento no dejaba de silbar.



—Demasiado lento.

Un vestigio, lo transportó a un mundo donde la realidad y sus memorias coexistían, deformándolo hasta la versión que su padre, Ichiro Hasegawa, todavía controlaba, demandando el mismo movimiento con su katana, cortes descendentes hacia el frente una y otra vez, con toda la capacidad física que pudiese sostener. —Tus habilidades cargan con el peso de todos tus predecesores. Tienes en tus manos el rumbo del clan Hasegawa, entonces... —la voz ganó firmeza, rompiendo incluso los golpes secos que producen las repeticiones realizadas por un Shin mucho más joven —¿Por qué no puedes ser más rápido? —la pregunta fue un corte en sí misma, generando una tensión en los músculos del niño que terminaron por incrementar el ritmo al cual se movía a costa de microlesiones en sus tendones, un dolor al que se anteponía con muchísima disciplina, esa a la que le hicieron temer en sus fallos como si representase la mismísima muerte.

La espada seguía subiendo y bajando, hasta que algo la detuvo abruptamente. Justo en ese instante, un Shin mucho más crecido levantaba la vista ante una figura enorme, femenina, que frenó el curso de la katana con sus manos desnudas, era Himari, su ex pareja, generándose heridas en las susodichas que goteaban sangre en el suelo. Ahora, el ruido del entrenamiento solitario fue reemplazado, en su lugar, el hilo fino de aquel líquido vital cayendo sobre otra superficie acuosa invadía sus sentidos, mientras el silencio se hacía dueño de su espacio mental en el cruce de miradas. Hasegawa soltó la espada, intentando alcanzarla con su diestra y fue tras tomar esa decisión que el mundo a su alrededor volvió a deformarse, uniendo cabos mientras un nuevo escenario se gestaba, llevándolo al fatídico día en donde la perdió.

—Shin...

Su voz perdía brillo, sin embargo, él, herido en batalla, no encontraba las fuerzas para levantarse y protegerla del destino que la aguardaba, de la espada que terminaría cercenando su cabeza eliminando todo rastro reconocible del rostro que alguna vez supo sostener entre sus manos, como si fuese el tesoro más preciado y frágil de la historia humana. No volvió a escuchar sus gritos, ni a sentir el ardor desesperado de su garganta mientras intentaba llamarla, porque las gotas no dejaban de caer, ensordeciéndolo, ahogándolo, y silenciando todo lo que aquellos fantasmas le gritaban. Desde la disciplina que lo castigó desde pequeño, hasta el día en que ninguna de sus habilidades sirvió para proteger lo único que quiso. ¿Por qué lo estaba recordando en ese momento? Se suponía que debía ser algo feliz, la cita que esperó por tanto tiempo, ¿entonces...?

'… Ven, Malvavisco, deja a tu corazón soñar. Yo te puedo mostrar, cosas maravillosas…'

María acompañó el fluir del agua.

Otro recuerdo, del día en que la conoció.

Su brazo seguía extendido, y repentinamente fue tomado por la mano de la peliazul, arrebatándolo de sus heridas más profundas y llevándolo a otro mundo igual de amplio pero con otros colores. Allí, los gritos que casi lo traumatizan cesaron, la imagen de quien decía ser su orgulloso padre se difuminaba, la disciplina injusta que cargó desde niño perdía su significado y sólo... quedaron ellos dos, viajando en un espacio donde nadie podía hacerles daño, ni siquiera los monstruos internos que aguardaban por fragmentos breves de vulnerabilidad.

Las olas, el sonido de una mano atravesando las paredes infinitas de agua bajo el mar comenzaron a recordarle por qué la buscaba, abandonando la fácil posibilidad de vencerla e incrementar la deuda que mantenía con él desde aquel día. Ella fue la primera persona capaz de hacerle olvidar quién era, y no en un mal sentido, sino... de todo lo que representa su apellido, y su historia. Ella logró hacerlo sentir él mismo sin las responsabilidades que ser Shin Hasegawa incluían, sentir hasta que su corazón rebosase de sensaciones nuevas, en un paseo donde perdió el control de todo lo que lo rodeaba, pues María lo llevaba de la mano, evitando que se quede varado en su terreno o muriese por falta de oxígeno, y era curioso, porque nunca le gustó quedar en manos de otra persona, sin embargo, con la sirena todo parecía tan... fácil.

A sabiendas de las consecuencias, también corrió en dirección contraria a la meta para poder encontrarla.

Porque sin darse cuenta...

...se había convertido en el centro de su laberinto.



Acumuló un último impulso y finalmente llegó hasta la medio sirena, observando su figura moverse con destreza, llamándolo como si estuviese lejos y prometiéndole no presumirle la victoria salvo en ocasiones privadas. Hasegawa no se mofó de ello aunque mantuvo su sonrisa traviesa, y con el máximo de su velocidad recortó las distancias e inmediatamente desactivó su fruta. El resultado fue notorio, porque al momento en que la sostuvo por la cintura, deteniendo su inercia gracias a María, el cuerpo del albino giró usando a la chica de eje, en un deslizamiento que pasó de ubicarlo por detrás a que, en un parpadeo, la estuviese prácticamente abrazando con ligereza de frente, tocando sus caderas con un descaro digno de su rostro.

—¡Te atrapé! —aún sin alejarse, y jugando al mismo juego que Merlot frente a la fuente, Shin emitió su queja —¿Cómo te atreves a escaparte de mí cuando llevo tantísimo tiempo esperando para verte? —confesó, siendo quizás más sincero de lo que suele mostrarse, motivo que lo lleva a soltarla sutilmente, con una lentitud capaz de hacerlo agonizar por la absoluta negación que tiene con la idea de separarse. —Eres cruel, así que voy a pagarte con la misma moneda. ¡Sigue mi voz, María! Y quizás te deje ganar... —se dio la vuelta, volviéndose completamente intangible, y se alejó algunos metros, girándose poco antes de desaparecer con su obscena velocidad, sacándole la lengua a la pelirrosa de una manera burlona, pero que rozaba lo infantil.

De todas formas, tenía pensado cumplir, y en cuanto se puso en movimiento comenzó el plan maestro para redireccionar a la mujer, guiándola hacia el destino correcto mientras mantenía su Kenbunshoku activo. —¡Vamos María! ¡Sígueme! ¡Piensa en todo el arroz que comeremos cuando terminemos con esto! —exclamó, observándola con el haki y notando que en algunas ocasiones tomaba las rutas erróneas, en esos casos, Hasegawa se detenía y volvía a sostener la referencia con la corrección de por medio —¡Por ahí no! ¡Vuelve! ¿¡O acaso sigues queriendo escaparte!? —el tono alegre estaba presente en sus exclamaciones, volviendo aquel juego uno ampliamente divertido, donde las risas se volvían el eco más repetido mientras se movían, hasta que... llegaron al centro.

Shin no cruzó "la meta" imaginaria, llamó a Merlot desde ahí, fiel a su estilo —¡Oh, wow! ¿¡Eso que veo es el final!? ¡Apúuuurate, María! ¡Sería una pena que lo viera yo solo! —llamó su atención las veces que fueran necesarias, y cuando comenzó a notar que la presencia de la chica se acercaba lo suficiente, se alzó en un vuelo fugaz para retroceder en el camino y que la pelirrosa lo adelante, apareciendo con cierto grado de sigilo por detrás. El albino se terminaría acercando finalmente, dándole un suave empujón que permitía alzarla como ganadora de aquella carrera en toda regla y sin ningún tipo de ayuda, reuniéndolos de nuevo y, obviamente, esperando que sea la última vez esa noche que se separaban.

—Desde hoy, podríamos decir que eres más rápida que yo. —asumió al final, encogiéndose de hombros y negando con la cabeza —Te lo perdonaré, sólo porque odiaría que borres esa sonrisa de tu rostro. —avanzó hacia ella, posicionándose a su lado y entonces pronunció unas últimas palabras —¿Quieres mostrarme lo que ganaste? —le tendió la mano, aún recordando la vez en que se lo llevó a bucear, y con la extremidad libre que le quedaba rascó su zona cervical —Aunque claro, también te queda la penitencia... —la timidez fingida encontró su conclusión cuando Hasegawa volvió a sacarle la lengua, guiñándole un ojo —Se gentil, por favor. —añadió a modo de broma, permitiéndole otra vez liderar aquel momento, no por nada la había dejado ganar.

Al final, él ya tenía su premio consigo, sólo debía mantener esa luz encendida.

Let there be light
[Imagen: vEBNZb3.png]
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Espiritu: 1747 - 148 = 1599


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Fly On | Presente Relativo - por Hasegawa Shin - 31-08-2026, 09:49 PM
RE: Fly On | Presente Relativo - por Maria Merlot - 07-09-2026, 12:50 AM
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RE: Fly On | Presente Relativo - por Hasegawa Shin - 05-10-2026, 07:27 AM

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