Ayer, 03:56 PM
(Última modificación: Ayer, 03:57 PM por Road Twel Dorado.
Razón: Me resto la energía del uso de mi akuma
)
A medida que se acercaban a Kutsukku algo se sentía extraño tanto para Puchero como para Road. Ellos se habían criado en una isla famosa por su belleza y su fauna, donde la gente bailaba en las calles y la alegría era moneda corriente. Casi siempre soleada, con un clima paradisiaco y si bien como en todos lados los problemas solían encontrarse al menos lo hacía con buen clima. Esa vez tanto el Lunarian como el mono se notaban más nerviosos, sentados en los costados de la cubierta del crucero. El muchacho acomodó su flequillo albino, mientras Puchero jugueteaba con las gafas de sol de su amigo como solía hacer cuando estaba nervioso, tratando de ocultarse tras de ellas aun sentado en el hombro derecho del oriundo de Samba.
Una vez tocaron tierra, extendió sus alas de par en par elevándose unos metros para poder contemplar desde el cielo. A unos cincuenta metros del suelo, Road normalmente podía ver el horizonte a unos 25 kilómetros de distancia y aunque no podía discernir detalles le valía para poder orientarse. En ese momento, no obstante, sólo percibió la bruma que envolvía la ciudad y el frío que le calaba los huesos. Era verdaderamente más fresca que Samba, y eso ya de por si le daba mal yuyu. Entonces se dispuso a bajar nuevamente con sus compañeros, aterrizando frente a Hanma y Vesper.
Pese a que podría haberles interrumpido, decidió dejarles hablar. Vesper hablaba hasta por los codos, Hanma hablaba otro tanto, pero al menos no podía decir que fuesen aburridos en lo más mínimo. Inspiró con profundidad absorbiendo parte de la niebla en sus pulmones, infló el pecho y finalmente se dirigió hacia ellos.
— ¡Que son todos unos ansias de mierda, che!
Entonces echó a reir, señalando hacia el norte.
— Pues no se ve una mierda en ninguna dirección, hay niebla por toda la isla si… Pero diría que al norte hay una ciudad, creo que he visto poco más que algunos techos y restos de edificios. Manténgase juntos, si van conmigo no les pasará nada porque soy grandioso pero…
Rascó su mentón meditabundo, entonces llevando la mirada hacia el Oni para volar nuevamente hasta situarse a unos veinte metros del suelo. El pensó en ir por aire, y dejar que los demás usasen las piernas pero Puchero parecía asustado, y él no quería exponer a su compañero a ningún tipo de susto innecesario, desde arriba podía ver venir las cosas y reaccionar en consecuencia, con más soltura y libertad.
— Ambas nos esperan. Mika es una tipa fuerte, fornida, diría que del doble de mi tamaño pero un poco más baja que tú Cuernitos. Es casi tan insoportable como el trovador, debe ser cosa de artistas supongo… Pucca por otro lado es compleja, puede ser muy tierna o una puta mala como ella sola, depende de con quien esté pero por ambas daría la vida en un santiamén lo mismo va por Eele. Nos esperan aquí, en algo llamado Ciudad Pijón o algo así… Subanse, usaré la niebla para mantenerme sigiloso y avisarles si hay moros en la costa mientras avanzan, mantengan la vista atenta por cualquier cosa interesante.
Aplaudió creando cuatro galletas, dos para Hanma, una para Vesper y una Eele usando la diestra como una suerte de guía para el movimiento de las plataformas de galleta.
Una vez tocaron tierra, extendió sus alas de par en par elevándose unos metros para poder contemplar desde el cielo. A unos cincuenta metros del suelo, Road normalmente podía ver el horizonte a unos 25 kilómetros de distancia y aunque no podía discernir detalles le valía para poder orientarse. En ese momento, no obstante, sólo percibió la bruma que envolvía la ciudad y el frío que le calaba los huesos. Era verdaderamente más fresca que Samba, y eso ya de por si le daba mal yuyu. Entonces se dispuso a bajar nuevamente con sus compañeros, aterrizando frente a Hanma y Vesper.
Pese a que podría haberles interrumpido, decidió dejarles hablar. Vesper hablaba hasta por los codos, Hanma hablaba otro tanto, pero al menos no podía decir que fuesen aburridos en lo más mínimo. Inspiró con profundidad absorbiendo parte de la niebla en sus pulmones, infló el pecho y finalmente se dirigió hacia ellos.
— ¡Que son todos unos ansias de mierda, che!
Entonces echó a reir, señalando hacia el norte.
— Pues no se ve una mierda en ninguna dirección, hay niebla por toda la isla si… Pero diría que al norte hay una ciudad, creo que he visto poco más que algunos techos y restos de edificios. Manténgase juntos, si van conmigo no les pasará nada porque soy grandioso pero…
Rascó su mentón meditabundo, entonces llevando la mirada hacia el Oni para volar nuevamente hasta situarse a unos veinte metros del suelo. El pensó en ir por aire, y dejar que los demás usasen las piernas pero Puchero parecía asustado, y él no quería exponer a su compañero a ningún tipo de susto innecesario, desde arriba podía ver venir las cosas y reaccionar en consecuencia, con más soltura y libertad.
— Ambas nos esperan. Mika es una tipa fuerte, fornida, diría que del doble de mi tamaño pero un poco más baja que tú Cuernitos. Es casi tan insoportable como el trovador, debe ser cosa de artistas supongo… Pucca por otro lado es compleja, puede ser muy tierna o una puta mala como ella sola, depende de con quien esté pero por ambas daría la vida en un santiamén lo mismo va por Eele. Nos esperan aquí, en algo llamado Ciudad Pijón o algo así… Subanse, usaré la niebla para mantenerme sigiloso y avisarles si hay moros en la costa mientras avanzan, mantengan la vista atenta por cualquier cosa interesante.
Aplaudió creando cuatro galletas, dos para Hanma, una para Vesper y una Eele usando la diestra como una suerte de guía para el movimiento de las plataformas de galleta.
¡Dame unas palmas!
