26-10-2026, 11:02 PM
— ¿Ya has roto promesas?, ¿por qué? — Preguntó con curiosidad mientras recogía su pelo en un moño alto. Chocaba un poco con ella, quien a veces sentía que solo vivía por su promesa. Descartó el pensamiento de inmediato, había sido una broma y no quería pensar en esa clase de cosas del pasado. Sus problemas existenciales podían esperar a otro momento.
Cuando vio el momento se dirigió a la cocina y encendió el horno. Mientras este se calentaba, sacó la masa que había estado preparando la noche anterior y los rellenos de la nevera. El primero que había hecho y el primero que probaría sería el de moras, pues era el que sentía más cercano. Era perfecto para tomar un poco de confianza. Lo dejó todo sobre la encimera para que estuviera unos minutos a temperatura ambiente y volvió.
Vesper volvía a bromear, esta vez sobre una experiencia suya en la repostería. No pudo evitar reír al imaginárselo en la cocina, ataviado con un delantal. Sin duda alguna parecía más acorde sobre un escenario que entre fogones. — La primera vez que hice una tarta me pasé con el azúcar, la segunda vez la dejé demasiado cruda y la tercera la quemé. — Confesó recordando sus primeros encontronazos con ese mundo. Desde luego, era mucho mejor una tarta quemada que una demasiado dulce. — Pero ya no me han pasado más cosas, así que te puedo asegurar que como mínimo no morirás. — Bromeó mientras acompañaba a Vesper a la mesa que mejor le pareciera. — Ahora vengo. — Volvió a la cocina, dejando a Vesper solo un rato, pues ya debía estar todo listo para comenzar la primera tanda. Le dio forma a los pastelillos y les puso el relleno, por un momento, mientras estaba concentrada en la cocina, incluso pudo olvidar todas las preocupaciones que habían tomado el control de su cabeza. Puso los pastelillos al horno, comprobó la hora y la temperatura, y salió de la cocina con una bandeja con una tetera y dos tazas.
Llegó a la mesa de Vesper y dejó la bandeja sobre la superficie. — El té negro va bien con los pastelillos pero dime si prefieres cualquier otra cosa. — Sugirió mientras repartía las tazas y tomaba la tetera para servirle. Se había asegurado de que hubiera por lo menos una botella de licor en la cafetería y estaba bastante segura de que tenían zumos y cafés por si el té no era de su agrado.
Aria iba a responder mientras servía el té a la pregunta de Vesper, pero el apodo le pilló tan por sorpresa a ella como parecía haberle pillado por sorpresa a él. Dejó la tetera a un lado de inmediato al notar que había derramado un poco de su contenido. — Perdón, lo siento. — Se disculpó rápidamente mientras limpiaba el pequeño desastre. Ni siquiera quería darle un segundo pensamiento al calor creciente en su nuca y mejillas. — Dame un momento. — Casi tartamudeó. Fue a la cocina rápidamente a por un trapo para terminar de limpiar. No estaba huyendo. Claro que no estaba huyendo. Volvió con el mismo apuro y terminó de limpiar. No había sido tampoco gran cosa, lo suficiente como para hacerla sentir incluso más avergonzada. — Tengo turno de mañana, pero muchas veces mi jefe me llama cuando hay más afluencia de clientes. — Explicó tratando de fingir que no había pasado nada. Vesper también parecía avergonzado de todos modos, y Aria no sería quien insistiese en el tema. — Y todos tenemos nuestros secretos, supongo. — Murmuró más para sí misma. A veces desearía ser tan despreocupada como Luna y poder abrirse tan fácilmente a otras personas. — Bueno, hasta Luna tenía secretos... — Pensó distrayéndose por un momento del presente.
Vesper comenzó a tocar con su laúd una nueva melodía y le explicó las intenciones que tenía con este nuevo proyecto suyo. Mientras escogía un regalo para Vesper había descartado una libreta, pero tal vez debió comprarla por si acaso. — ¿En qué te estás inspirando para esta canción entonces? — Preguntó con curiosidad y un poco más tranquila. No estaba segura de por qué, pero no ser la única nerviosa por lo anterior le hacía sentir mejor. — ¿Y cómo sueles trabajar a la hora de componer una canción o un poema? ¿Eres del tipo de improvisar o...? — Tal vez tendría que contemplar la libreta para un futuro regalo.
Escuchar sobre el altercado con el cartel revolucionario le hizo sentir un poco expuesta y desvió la mirada algo avergonzada. Cierto, había hecho eso, que imprudente y tonta había sido, no podía ser tan descuidada. — En realidad, ayer también fui a buscar algo para ti, un regalo. — Aclaró mientras se acariciaba el brazo como consecuencia de su inseguridad y nerviosismo. — Yo no soy tan hábil como tú, así que lo compré, pero sí que robé una pequeña cosa. — Explicó con una pequeña sonrisa nerviosa, ni siquiera ella misma sabía por qué había hecho eso. Dudó un poco, bastante en realidad, pero finalmente tomó asiento en una de las sillas. — Claro que no sé si te gustarán o si los necesitarás. — Añadió con rapidez, desviando la mirada a un lado y claramente avergonzada. Una parte de sí misma estaba deseando entregar el regalo ya, y la otra estaba demasiado asustada como para hacerlo. Agradecía, en parte, que el regalo estuviera en su casa y no en la cafetería, eso le daba algo de margen.
Poder escoger sobre lo que hacer le pillaba un poco por sorpresa, la verdad es que no había pensado en nada. Había estado demasiado preocupada por el regalo y los pastelillos. — Si tienes alguna historia para contar estaría encantada de escucharla. — Propuso Aria con una gran sonrisa. Nunca diría que no a una historia. En ese momento el olor de los pastelillos le indicó que debía sacarlos del horno. Vesper volvió a actuar con su teatralidad, declarándolos sus favoritos sin siquiera haberlos probado. Ella no pudo evitar sonreír algo avergonzada. — No te apresures con tu veredicto, por favor. — Pidió con una sonrisa y un tono un poco débil. La expectación del pirata solo lograba hacerla sentir más emocionada y presionada a partes iguales. ¡No podía cometer ningún error! — Dame un momento, enseguida los traigo. — Se levantó de la mesa y se apuró a ir a la cocina. Sacó los pastelillos del horno, rezó porque todo estuviera bien y llevó el plato con los pastelillos a la mesa. — ¡Espero que te gusten!
Aria esperó la reacción de Vesper antes de volver a la cocina para preparar la siguiente tanda. ¿Crema o chocolate? Tal vez iría primero por la crema y dejaría el chocolate para lo último. Entró de nuevo en la cocina y comenzó a preparar los pastelillos. Una vez los puso en el horno, revisó la hora y volvió a la mesa.
Pensamiento || Diálogo || Narración
Apariencia Alter-Ego

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