28-10-2026, 09:59 PM
Aria contuvo la respiración mientras Vesper probaba el pastelillo. — ¿No he olvidado nada, verdad? — Se cuestionó internamente al ver la expresión seria de Vesper. — Harina, levadura, leche… — Comenzó a enumerar mentalmente todos los ingredientes y pasos que había utilizado, pero se detuvo al ver a Vesper sonreír. Y después, casi en cascada, llegaron los halagos. — Gracias, gracias, me alegro de que te guste. — Murmuró avergonzada. Aún no lograba acostumbrarse a eso.
Pudo respirar tranquila cuando Vesper continuó hablando, con bromas y respondiendo a todas sus preguntas. Aria negó con la cabeza ante su insinuación de obtener una recompensa alta o una carrera criminal. — No por favor, solo quiero ser periodista. — Pidió con una pequeña sonrisa. Casi había entrado en pánico al ver a un único marine, no quería ni imaginarse ser perseguida por todos ellos. — Y papá me mataría si eso ocurriese. — Un escalofrío recorrió su espalda ante la posibilidad y negó rápidamente. — No puedo morir aún, no he cumplido mi promesa. — Se dijo a sí misma.
Antes de poder abrir la boca, un estruendo le hizo dar un pequeño salto del susto. Al voltearse, vio que se trataba de un cliente que estaba comenzando a ponerse agresivo. Vesper respondió más rápido, pero más que calmar la situación, enfadó más al otro cliente. El “mi persona preferida” le hizo volver a ruborizarse y casi perder la voz. Ambos continuaron discutiendo, lo que le permitió a Aria calmarse un poco. Podía tratar con lo que había dicho Vesper más adelante, una vez no hubiera un cliente molestando en la cafetería. Al fin y al cabo, seguía trabajando.
La situación escaló incluso más rápido cuando Vesper se levantó y se transformó en su forma híbrida de coyote y llevó la mano a su cintura. Era la primera vez que lo veía en su faceta más de “pirata”, ya que hasta ahora había visto más su lado artístico. La confianza que parecía exudar le recordaba a la forma de Luna de combatir: rápida, impetuosa y atrevida. — Las personas fuertes son, indudablemente, geniales. — Pensó con admiración y una sonrisa. — No, no se puede pelear en una cafetería, no mientras estoy trabajando. — Se regañó mentalmente y se vio obligada a intervenir. Muchas veces, la diplomacia podía evitar derramamientos de sangre innecesarios.
— Les ruego que se detengan, por favor. — Pidió en un tono de voz calmado. — Una cafetería no es lugar para peleas, hay otros clientes que les gustaría disfrutar de una mañana tranquila. — Se volteó al cliente revoltoso y continuó hablando. — Discúlpeme si pareció que estaba siendo ignorado. Estaba tomando mi descanso, pero puedo atenderle de inmediato. Acompáñeme por favor. — Comenzó a caminar en dirección a una mesa libre. Le dio una corta mirada a Vesper tratando de disculparse por la situación. No quería meterlo en problemas, esa era su responsabilidad.
El cliente refunfuñó, con el ceño fruncido, pero un poco más tranquilo al recibir la “victoria”. — Que no vuelva a pasar. — Advirtió con una pequeña sonrisa triunfante.
— Le traeré la carta en un momento. — Dijo Aria una vez el cliente se sentó en su mesa. El cliente hizo un gesto con la mano, como despachándola, y ella volvió a la cocina. Revisó los pastelillos y se alegró de que no se hubieran quemado. Los emplató y salió de la cocina. Pasó por el mostrador y tomó una carta para el cliente agresivo.
Llegó primero con el pirata. — Disculpa las molestias, Vesper. — Pidió en un murmullo, un poco culpable por haber arruinado el ambiente. — De vez en cuando pasan este tipo de cosas. — Dejó el plato con los nuevos pastelillos, los de crema. — Espero que también te gusten, estoy contigo en un momento.
Volvió a la mesa del otro cliente y le entregó la carta.
— Tardas mucho. — Acusó el hombre, dándole una fiera mirada a Vesper.
— Estoy sola esta mañana, así que es posible, agradezco su paciencia. — Respondió con diplomacia prácticamente de inmediato.
El hombre bufó y tiró el menú sobre la mesa sin siquiera darle una ojeada. — Quiero lo mismo que tu novio.
Aria se contuvo de suspirar y ni siquiera se molestó en corregir al hombre, solo empeoraría la situación. — Puedo ofrecerle el mismo té negro, pero los pastelillos no están en el menú, y no tengo ingredientes suficientes.
El cliente volvió a fruncir el ceño. — ¡Él está comiendo!, ¿por qué yo no podría?
— Disculpe, al no estar en el menú, he preparado una cantidad limitada solo para probar. — Respondió lo que su jefe le había sugerido decir si alguien preguntaba cuando ella le pidió permiso para hacer los pastelillos. — No puedo hacer más, y como comprenderá no puedo arrebatarle la comida a otro cliente.
El otro hombre no le permitió continuar. — ¡¿Estás tratando de burlarte de mí, chiquilla?! — Exclamó furioso mientras se levantaba de la silla, de algún modo tratando de utilizar su altura como amenaza.
Aria entró en pánico por un segundo, pero logró mantener la fachada de tranquilidad. — Por favor, cálmese, una cafetería no es lugar para esto. — Trató de mantener la situación controlada. — Puedo ofrecerle otra cosa de la carta…
El hombre no la dejó terminar y la agarró por el cuello del vestido con furia. — ¡Si no hay, entonces hazlos!
— ¿Qué esperaba que dijera ese idiota? ¿O es que esperaba que los creara así de la nada? — Aria trató de liberarse del agarre, pero nada, no tenía fuerza suficiente. — Como he dicho, nos hemos quedado sin existencias. Pero si quiere puedo reservarle para mañana.
— ¡Los quiero ahora!
— ¡Qué frustrante! — Pensó Aria cada vez más molesta. Tenía las manos libres, por lo que tenía acceso fácil a la pistola que escondía bajo su vestido. Sin embargo, tampoco quería utilizarla, era una medida demasiado desproporcionada. ¿Quedaría alguna posibilidad mediante la diplomacia? Lo único que le quedaba era llamar a su jefe por algo de ayuda, pero estaba en una posición difícil.
Pensamiento || Diálogo || Narración
Apariencia Alter-Ego

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